De lo más divertido que he escuchado últimamente ha sido eso de que no tinc por. No tengo miedo, claro está, siempre y cuando esté en medio del rebaño. Siempre el rebaño. Lo que pasa es que donde hay rebaño es de todo punto inevitable que aparezca el lobo. Esto es algo que discutí mucho con los proscritos de Alar y ellos lo tenían absolutamente claro: hay que dejar a la gente de los pueblos defenderse a su manera de los lobos. Porque resulta ridículo pensar que vayan a saber solucionar el problema los señoritos de la ciudad que todo lo que saben del campo y sus alimañas lo aprendieron viendo películas de Walt Disney.
Recuerdo una anécdota del magnífico libro que escribió Juan Torrente sobre los lobos y otras fieras del campo. No sé si fue por el XVIII o XIX que, por lo que fuera, se habían multiplicado de tal modo el número de fieras predadoras que se hacía difícil tanto el pastoreo como la agricultura. Así fue que se dictó una orden por la que se gratificaba con una cierta cantidad de dinero a quien entregase a las autoridades el cadáver de una de esas fieras. Al final, la gente del campo se dio cuenta de que le resultaba mucho más rentable dedicarse a cazar fieras que no pastorear y sembrar campos. Y la gente acabó teniendo dinero en los bolsillos pero no pudiendo comprar alimentos con él.
Bueno, parece ser que en la actualidad, por lo que sea, que no voy a entrar, hay demasiados lobos por ahí sueltos y ya no se pueden controlar con los mastines habituales. Así, empieza a ser problemático pastorear a las masas. Cada sí y cada no uno de esos lobos perpetra una carnicería. Y más mastines no parece ser la solución. Aparte de lo caros que nos salen nunca conseguirán estar tan alerta como los lobos porque entre otras cosas están bien comidos. ¿Y qué hacer entonces con las masas si no las puedes pastorear? ¿Qué va a pasar entonces con toda la economía que depende de ese pastoreo?
No sé, quizá como en la anécdota del libro de Juan sería conveniente pagar a la gente del común para que los cace. Me traes a un yihadista y te doy X euros. No sé, parece descabellado, pero no se me ocurre que otra cosa se podría hacer.
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