viernes, 4 de agosto de 2017

Puertas

Según Séneca de lo mejor que tiene esta vida a la que entraste por decisión ajena es que puedes salir de ella por decisión propia. Es, desde luego, una perogrullada, pero de las de no echar en saco roto porque, sobre estas cosas, la actitud general es la de meter la cabeza debajo del ala y esperar a que los acontecimientos previsibles te pillen por sorpresa, eso sí, con gran conmoción del espíritu. 

Cuando Séneca escribió la Cartas a Lucilio, posiblemente el mejor libro de autoayuda que ha producido la humanidad, ya estaba como quien dice poniendo sus barbas a remojar. Había caído en desgracia con un Emperador, del que, por cierto, había sido preceptor, lo cual no deja de suscitar ciertos interrogantes de difícil contestación. ¿Cómo de un maestro campeón de la ética y moderación pudo salir un discípulo tan arbitrario y caprichoso? Y sanguinario por demás. Sea como fuere, Nerón no tardó en ir a por él y él tuvo la oportunidad de ser consecuente con los pensamientos sobre el particular que había expuesto en las famosas Cartas: cuando la vida se pone chunga sin remisión nada nos obliga a prolongarla. Hay millones de puertas de salida. 

El caso es que Palencia está  agostada y vacía. La gente se ha ido a la casa del pueblo o al apartamento de la playa. Y los pocos que encuentras es porque han venido a Cereaduey a cargar chuletillas para asarlas después a la orilla de la piscina. Y a mí, que ando todo el día con las Cartas entre las manos, todas estas cosas me dan en qué pensar. Y no por nada sino porque ando preguntándome si no será que deambulo por aquí como un alma en pena o si será que por fin encontré la horma de mi zapato de fóbico social. No lo sé, pero de momento cuando reflexiono sobre puertas de salida me gusta hacerlo sentado en la terraza de un bar de pueblo mientras me calzo un pincho de tortilla o un bocata de chorizo. O sea, como quien dice, a my way. Porque:

I've lived a life that's full
I've traveled each and every highway
But more, much more than this
I did it my way

Y no es cosa de cambiar sólo para terminar a gusto de los demás. Hay que ser chulo hasta el final.

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