Todos los periódicos destacan estos días el emotivo abrazo que en la inevitable e inútil e incluso contraproductiva manifestación postatentado en Barcelona dio el padre de uno de los asesinados de tres años al imán de Rubí, ya saben, uno de los pueblos de la periferia sociata, o buenista, de Barcelona. También son ganas me digo yo, aunque también comprendo que las causas últimas por las que hacemos las cosas es uno de los más intrincados misterios de la naturaleza. ¿A saber los réditos que andaría buscando el desgraciado padre? Quizá sólo méritos de creyente, que entre creyentes anda el juego... o entre bobos como decía Rojas Zorrilla, que el caso es hacer comedia de la tragedia y a vivir que son dos días.
El mundo ya sabemos que está lleno de imperfecciones que nos desazonan y por lo menos yo también sé que la mejor manera de ir corrigiendo esas imperfecciones es aplicar la fórmula de Pessoa consistente en cambiarse a uno mismo. Y a ello me dedico con pasión desde que amanezco hasta que me voy a la cama. Y noto que avanzo poco, la verdad, y no me preocupo por ello porque también sé que la aplicación de esa fórmula es tarea de toda la vida. Así que poco a poco y tratando siempre de discernir lo que es progreso de lo que es imbecilidad porque la linea que separa ambas posibilidades es muchas veces tan fina que es difícil saber de que lado de la jugada estás.
Así, yo, por definición, desde que me hice mayor y sin saber si me equivoco o no a ciencia cierta, nunca abrazaría a un imán y por extensión a cualquiera que yo sepa que vive sujeto al imperio de cualquier catecismo del tipo que sea, incluso al escueto que Moisés bajó del monte. Porque pienso que hay padres que no se merecen ser honrados y mujeres del prójimo a las que uno no se puede sustraer, así como, también, prójimos que si no del todo por lo menos un poquito conviene matarlos para bien del mundo y de ellos mismos. En fin, muy complicado todo, pero como decía Onetti, a los hombres con fe con la ayuda de dios no me los encuentro y, si dios me falla, pongo todo de mi parte para tomar la mayor distancia posible.
En fin, ya digo, ¡y qué le vamos a hacer si entre fieles anda el juego! Aunque bueno, tampoco estaría de más matarlos un poquito a ver si espabilan y dejan de abrazarse tanto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario