miércoles, 16 de agosto de 2017

Los amigos muertos

De los amigos vivos nunca he parado de aprender. Bien es verdad que no cualquiera me sirve y por las cunetas del camino he dejado a unos cuantos que llegué a creer que lo podrían ser. Así, los que han perdurado a lo largo de los años, digamos que no son cualquier cosa y por el simple hecho de dar un paseo con ellos o compartir una mesa me deja con la sensación de que entiendo un poco mejor el mundo que me rodea lo que al fin y al cabo es la mejor forma de serenidad. Así es que uno suele preguntarse, por qué estos y no otros. Creo que tengo la respuesta, porque todos tenemos la misma afición por los amigos muertos. Nos hemos pasado la vida hurgando por las tumbas de aquí y allá tratando de extraer lo mejor que en ellas había. Y de esa forma hemos ido acumulando la sabiduría que nos permite pasar el rato juntos sin que ni por asomo aparezca el aburrimiento porque siempre hay algo nuevo de calidad de lo que te enteras. 

 Yo, de esos amigos muertos los he tenido a montones. Y todavía conservo unos cuantos bastantes por los que me dejaría matar. Pero siempre hay algunos pocos que están a la derecha del Padre. O pegados al corazón si mejor quieren. Quienes me conocen ya saben de mis preferencias por Pessoa y Diego del Gastor. Nunca dejo de leer al uno y escuchar al otro. Tan pronto como me siento alterado vuelvo a ellos y recupero la calma. No sólo son mi principal inspiración para escribir y tocar la guitarra, lo son sobre todo para organizar mi cotidianidad. Nada como mirarse en ellos para saber que para vivir con intensidad sobra sobre todo la fatuidad. Con estar a lo que estás, basta. Luego, ya, si hay genio dejas la estela que ellos dejaron. 

Me he marcado todos estos farragosos preámbulos, por los que les pido disculpas, porque quería llegar a lo del genio. Genio y figura hasta la sepultura, decía mi padre. Y nada mejor para saber lo que es eso, se lo puedo asegurar, que ir a youtube y poner "La sombra de las cuerdas". Es un documental sobre la vida de "El Niño Miguel". Es otra dimensión del existir. Como un Glenn Gould del flamenco. Por fuerza te tiene que destrozar porque es prometeico, haber robado algo a los dioses de lo que los dioses querían para sí la exclusiva. En fin, si lo miran seguro que les alivia un poco los sopores de la canícula. 

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