A principios del actual milenio las acciones del Banco de Santander oscilaban entre los once y doce euros. Y un poco más atrás, las recuerdo por encima de catorce. Pues bien, en la actualidad su valor no llega a los dos euros. Y lo más maravilloso de todo esto, ¿saben lo que es?, pues que la familia Botín sigue dirigiendo el invento. Y todavía más maravilloso aún, ¿saben?, que por ningún lado se oyen voces pidiendo que les sustituyan. Es el silencio de los corderos perfecto.
Lo único que servidor llegó a conocer con una cierta profundidad fue lo que concierne al funcionamiento de los pulmones. Llegué a tener una idea bastante aproximada de lo que pasa en ese órgano cuando se insiste en fumar. Y al que quería se lo explicaba en los términos que me parecían más apropiados para el profano. Y pienso que se me debía entender porque fueron bastantes a los que saqué de ese hábito que nunca me atrevería a calificar de estúpido, pero sí de pernicioso para la salud del cuerpo. Bueno, esos conocimientos que les digo no me cayeron del cielo. Tuve que estudiar lo mío y tener la suerte de acceder a buenos maestros. Nada del otro mundo, en definitiva. La misma historia de millones y millones de personas que se dedicaron a parcelas muy definidas del saber.
Pero, el caso es que siempre me pareció que la superespecialización era mala cosa. No sé si fue Marañón el que dijo que el que sólo médico era ni médico era. Y a mí me educaron en casa con la figura de Marañón siempre como ejemplo. Por eso desde muy niño estuve enganchado a la lectura. Y nunca a lo largo de mi ya muy larga vida pude descolgarme de esa afición. Y así ha sido que me haya convertido en el clásico aprendiz de todo y maestro de nada... si no tuviese un miedo escénico cerval podría ser un magnífico tertuliano. De hecho, la osadía con la que suelo opinar en este blog es muestra incontestable de ese saber de los petits que decía La Bruyere, es decir, de saberes que no sirven para ganarse la vida honradamente.
Y entre esos saberes, de los que presuntuosamente blasono, está la economía. Durante años tuve como libro de cabecera, como se suele decir, Una Investigación Sobre la Riqueza de las Naciones de Adam Smith. Me parecía y me sigue pareciendo un libro clave del conocimiento universal. Es un libro en el que ni por asomo encontrarán pretensiones mesiánicas. El cómo deberían ser las cosas, Adam lo deja para otros. Él se limita a explicar lo mejor que puede el cómo son y el porqué de que así sean. ¡Y vive dios que lo consigue! O eso es al menos lo que a mí me parece. Y bueno, después de Adam Smith también les hinqué el diente a otros cuantos, no siempre los mejores, todo hay que decirlo, pero, ahora, gracias al Youtube y tal, he tenido la oportunidad de acceder a multitud de conferencias de las que he extraído no poco placer y no sé si también conocimiento.
Y a lo que íbamos, al Banco de Santander. Ya me llamó mucho la atención que esta chica Botín se posicionara de una forma tan rotunda del lado de la ideología oficial, o socialdemócrata, en el asunto ese del feminismo. Inmediatamente pensé que tenía que haber gato encerrado. Y claro, indagando por aquí y por allí voy y me entero de lo que pasa. Los Botín de propietarios del banco han pasado a ser fieles servidores del propietario actual, el poder político en su máxima representación, el Banco Central Europeo. El recorrido es muy sencillo: los políticos socialdemócratas, o sea, todos, se dieron cuenta de que para nacionalizar la banca no había que ir de frente como hizo Mitterand cuando llegó al poder allá por los años ochenta del siglo pasado. El pobre hombre se tuvo que retractar sobre la marcha y los economistas liberales creyeron haber ganado para siempre. Craso error. Los socialdemócratas, haciéndose los buenos, como siempre, se sacaron de la manga el Banco Central Europeo. A partir de ahí, pan comido. Como cada sí y cada no la economía tiene sus sobresaltos, pues ahí tenemos al que da a la manivela de hacer billetes diciendo, no problem, yo os presto todo lo que queráis para salir del paso. Ya, dicen los apurados, pero luego tendremos que pagar los intereses. Más no problem: el Banco Central presta a intereses simbólicos, o sea, próximos al cero patatero. Ya, pero el caso es que así, como los bancos privados tienen que adaptarse a los intereses del Banco Central, no hay forma de tener beneficios y, para más inri, hay que seguir pagando dividendos a los accionistas. Más no problem, vuelve a decir el Banco central: yo te presto para que pagues a los accionistas. Así, por arte de birlibirloque, es como las acciones del Santander han pasado desde cuando existe el Banco Central de catorce o diecisiete euros a menos de dos. El banco ya no es de los accionistas es del Banco Central, o sea, de los políticos. Esto es lo que se llama nacionalizar por la puerta de atrás. Y como los bancos, las empresas de todo tipo. Y por eso es que los consejos de administración de tantas empresas se apunten a la moda del feminismo, del animalismo, del calentamiento global... no son más que los sicarios del poder socialdemócrata que señorea el mundo sin contrapesos de ningún tipo. Ya digo, no problem... hasta que llega un coronavirus, ¡quién lo iba a decir!, a ponerlo todo patas arriba.
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