jueves, 30 de abril de 2020

Mis queridos niños

Uno, como es lógico y natural -¡qué expresión!- no sabe nada de nada. Pero eso no quita para que no tenga la facultad de preguntarme por las causas de la parte de lo que pasa que me sorprende. Por ejemplo, un suponer, ¿por qué coño carajo la bolsa no hace más que subir desde hace ya unas semanas para acá? Pegó una bajada de entre un treinta y cuarenta por ciento y, después, sin que aparentemente se hayan disipado los negros nubarrones que se oteaban en el horizonte, no ha cesado de subir. Bueno, busco respuestas por aquí y por allá y, como no podría ser menos, encuentro respuestas para todos los gustos... así que me voy a fabricar yo una en la que, por supuesto, tampoco voy a creer, pero, al menos, me va a servir para entretenerme un rato y de paso, si ello fuese posible, entretenerles a ustedes. 

Dicen las crónicas que la Reserva Federal, el Banco Central de los EEUU de América para que nos entendamos, ha realizado el mayor bail out de la historia. Un bail out, para el que no lo sepa, es un rescate. Y un rescate, mucho me temo, no es más que una nacionalización por la puerta de atrás. En fin, sea lo que sea, el caso es que los de la Reserva se han puesto a dar a la manivela de hacer dinero como si estuviesen locos y han puesto en circulación un trillón de dólares que, en principio, no están respaldados más que en la confianza que tienen los gobernantes en que Dios aprieta, pero no ahoga. En resumen, que esto se va pareciendo cada vez más a aquel juego del Palé al que mi padre siempre nos ganaba. Y a uno, que estaba muy ufano porque había conseguido una casa en la calle Leganitos, le duraba la alegría lo que tardaba la banca -papá- en venir con la rebaja. Al final se quedaba con todo. Claro, ya me dirán ustedes que sistema político hay que sea más autocrático que la familia. Aunque mejor será decir, que había. 

Así las cosas, lo que servidor se está temiendo es que lo que está pasando no es más que la realización por vías más o menos tortuosas del sueño comunista, es decir, la propiedad estatal del dinero y los medios de producción. Empezaron con la sanidad, la educación y los sistemas de pensiones. Ahora es la banca y grandes empresas. Lo de nuestros hijos ya lo han dicho que son suyos. Ya solo les queda por hacerse con nuestras mujeres... bueno, ahí a lo mejor les damos facilidades. ¡Ji, ji, ji!  

No es para tomárselo a broma, desde luego. Los estados que se dicen democráticos se quedan con todo por el simple procedimiento de hacer dinero sin valor. Lo compra todo, para que nos entendamos, con papel de limpiarse el culo. Es la esencia del socialismo: la imposibilidad de asignar un precio, o valor, que no sé, real a las cosas. Sean mierda o no lo sean, yo las mantengo en activo porque así no hay que tomar decisiones dolorosas. Y por tal camino, poco a poco, se va llegando a la autarquía, que es el sueño de todos los petits del mundo. Ya lo dijo Jorge Poyuelo en un discurso memorable: "tenin de tot, y a més a més tenim, y per l´oltra banda tenim...". Y a la postre lo único que tienen es un vivir sin vivir en mí en la pura ficción. O sea, el nacionalismo. La supremacía de la raza. La oligofrenia rampante. 

Y saben, mis queridos niños, cuál es el método maquiavélico por el que se llega a ésta absoluta perdida de libertad -digo absoluta porque ni siquiera se es consciente de que se ha perdido- pues muy sencillo y siéntense no se vayan a caer de culo al constatarlo: la desincentivación del ahorro. No hay más misterio en esta historia de horror. Los Estados ponen todo de su parte para que no ahorres. Te dicen: te curo si te pones enfermo, educo a tus hijos si los tienes, te doy una pensión cuando te jubiles o pierdas el empleo, pero a cambio tu te tienes que gastar todo lo que ganes en ir a Bora-Bora, a la calle Peña Herbosa, o como más te guste, pero como se te ocurra ahorrar, simplemente, te lo quitamos. Es muy sencillo de entender: los Estados saben que el ahorro es prácticamente lo único que hace a los hombres libres. Si consigues ahorrar tus posibilidades de mandar a la mierda el trabajo, de cambiar de ciudad, de dedicarte a lo que te mola, en fin, de ser dueño de tu vida, se multiplican exponencialmente. Aunque luego no hagas nada, pero saber que si quisieras podrías...  

Bueno, por hoy ya hubo bastante catequesis, mis queridos niños.     

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