jueves, 16 de abril de 2020

Razones de enojo

Están de celebración en casa de Celestina. Celestina, Parmeno, Areusa, Elicia y Sempronio sentados a la mesa provista con las viandas que Parmeno ha sustraído de la despensa de Calixto. Están a rebosar. Celestina acaba de soltar su celebre elegía al vino. Los ánimos están caldeados. A Sempronio se le ocurre alabar la gentileza de Melibea. Elicia, su chica, se rebota y Areusa echa leña al fuego. Melibea, dice, tiene las tetas caídas como si hubiese parido tres veces, y el vientre porque no se lo he visto, pero me lo puede suponer. No entiende que Calixto haya perdido la cabeza por ella habiendo en su misma calle cuatro mozas mucho más lozanas a las que podría obtener sin tanto esfuerzo. Ya, contesta Sempronio,  pero la ciudad opina lo contrario. Y Areusa: "ninguna cosa es más lejos de la verdad que la vulgar opinión. Nunca alegre vivirás si por voluntad de muchos te riges. Porque estas son conclusiones verdaderas, que cualquier cosa que el vulgo piensa es vanidad; lo que habla, falsedad; lo que reprueba es bondad, lo que aprueba, maldad. Y, Sempronio, a lo suyo: "los nacidos por linaje escogidos búscanse unos a otros". Areusa, no se arredra: "Ruin sea quien por ruin se tiene". "Las obras hacen linaje, que al fin todos somos hijos de Adan y Eva". "Procure cada uno ser bueno por sí, y no vaya a buscar en la nobleza de sus antepasados la virtud". "Hijos, por mi vida, que cesen esas razones de enojo", corta, entonces, Celestina. 

Celestina es quizá la mayor filósofa que haya parido la ficción. Incluso, me atrevería a decir, por delante de Sócrates. Pero, bueno, no es cosa ahora de ponerse a evaluar. Lo que cuenta es que da en el clavo cuando dice que las razones de criados y putas son de enojo. O sea, de envidia y resentimiento. Y por eso tan mudables en función de como soplen los vientos. Los criados se pondrán de la parte de su amo siempre y cuando le puedan robar sin poner en peligro su pellejo. Esta es una constante universal sin enmienda. En el mismo momento que el amo pida cuentas, se jodió el invento y salta el resorte del rencor. Claro, las putas, si en vez de con criados, estuviesen con señores otro humor les cantaría. 

La imperiosa necesidad de volver a La Celestina en estos tiempos que corren viene dada por su profundo enraizamiento en la realidad. Porque, que nadie se haga ilusiones: la única realidad desde la noche de los tiempos viene marcada por la dialéctica amo/esclavo. Y sobre ello es, precisamente, sobre lo que tenemos que aplicar nuestros mayores esfuerzos de reflexión. ¿Hasta que punto dejamos al amo que se haga cargo de nuestra seguridad y, en última instancia, de nuestro destino? ¿En qué medida puedo decidir yo mis prioridades? ¿O es que simplemente me conformo con que el amo se deje robar las migajas? No sé, pero siento como que ya no puedo más de este confinamiento actual que, juraría, no es más que otra vuelta de tuerca al que me han venido obligando desde que tengo uso de razón. En fin, confío que los acontecimientos en curso tengan la suficiente entidad como para ponerlo todo patas arriba. Y no por nada sino porque del caos, si no se afinan las conciencias, no se sale. Es decir, si no se instaura una ética de la realidad. O sea, si no se sustituye la dialéctica amo/esclavo por otra de individuo/individuo. He dicho. 

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