viernes, 17 de abril de 2020
Stultorum infinitus est numerus
Esto que está pasando solo puede ser una de dos cosas: una, una conspiración orquestada por los Moriarti, Mabuse, Fumanchú, de turno, que no creo; dos, un nuevo triunfo de la estulticia que, por necesidades del guion de la Historia, se tienen que producir con precisa perioricidad. Así ha sido que, los dirigentes del mundo, como el Comandante, mandaron a parar. Bueno, solo hay que mirar como está Cuba hoy para evaluar lo acertada que fue la orden del Comandante. Estos idiotas se han creído que con sus medidas van a parar las muertes. Muertes de los viejos muy reviejos, para hablar con fundamento. O sea, una aubaine que dicen los franceses cuando cae un regalo del cielo.
No digo yo que esta gripe mala no se vaya a cargar a unos cuantos más jóvenes o menos viejos. Pero, ¡por Dios bendito! ¿Qué es la demografía si la distanciamos de la ciencia estadística! Se dice muertos y ¡ale!, a lanzar espumarajos por la boca. No he visto por ningún sitio de que tipo de muertos se trata. Viejos, sí, por supuesto, ¿pero qué tipo de viejos? ¿Qué salud tenían? Lo mismo que los menos viejos o más jóvenes que mueren a causa del virus. En fin, cosas de esas.
Para muchas, por no decir todas, culturas de la antigüedad, el concepto de viejo estaba muy claro: vieja es la persona que no puede atender sus propias necesidades por sí mismo. Eratóstenes, por poner un ejemplo, hacia los ochenta años se quedó ciego y de inmediato dejo de ingerir alimentos. Duró cuatro días. O los massaguetos, o algo así, que cuenta Heródoto, que todos los años hacían una fiesta en la que todos se ponían alrededor de una hoguera a la que se arrojaban los viejos. Cuando estaban bien turruscados, los jóvenes les comían. Era, según ellos, la forma de que el espíritu de los mayores pasase sin mácula a los jóvenes. Así, la mayor desgracia era morir de enfermedad en el lecho porque, entonces, el espíritu se quedaba vagando por el submundo para los restos. Bueno, en el cine japonés también hemos visto historias al respecto. Porque es que la cuestión es esa, la cultura de una sociedad, es decir, los valores que se trasmiten a la descendencia. Se puede trasmitir realidad, o, por contra, ficción. La ficción de que los viejos que no se las apañan por sus propios medios están vivos.
Y ahí está el punto y la madre de infinitos sufrimientos, que presenciar, o más bien soportar, una larga y dolorosa agonía de los padres enturbia el recuerdo que de ellos queda. Y no digo ya nada si, con el sufragio de esa agonía, se llevan por delante su patrimonio. Entonces, se te llevan los demonios. Así que, conviene que se lo hagan mirar: parar la economía por una epidemia de gripe, por muy virulenta que sea la gripe, es la mayor estupidez que se puede cometer. Las consecuencias ya se verán, pero apostaría que van a superar en muertos a los causados por la epidemia. Y, además, mucho más jóvenes. En fin, permanezcan atentos a la desinformación. O a la pared de la caverna, por decirlo al platónico modo.
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ya sabes cómo dicen en Extremadura.Se encuentran dos amigos y uno le pregunta al otro:"Cómo está la familia?-De momento bién -contesta.- "aún no jemos partío.."
ResponderEliminarAsí es, que decía Ángel el proscrito
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