domingo, 12 de abril de 2020

La experiencia.

Hace menos de un mes, el 20 de marzo en concreto, dejé niquelada en este blog la esencia de los acontecimientos en curso. Lo titulé El Sobrante. Lo he vuelto a leer y lo suscribo al cien por cien, porque, además, los hechos me lo confirman: esto va de sacudirse de encima a los viejos y, si se dan ciertas felices circunstancias, heredarlos. Es una ley de vida que parecía haber quedado arrumbada por la cosa de la corrección política que le dicen cuando en realidad debieran llamarla ficción: "Cada rico tiene una docena de hijos y nietos, que no rezan otra oración, no otra petición, sino rogar a Dios que le saque de en medio de ellos; no ve la hora de tener a él so la tierra y lo suyo entre sus manos y darle a poca costa su morada para siempre", argumenta la Celestina. Pero no se crean que es ese un pensar de gente malvada; no, ni mucho menos, que se van a El Criticón y podrán comprobar que el sabio y justo Critilo opina sobre el particular tres cuartos de lo mismo. En fin, que como en los procesos industriales, si el sobrante es de calidad, hace ricos a los que lo reciclan. 

Hoy a duras penas he podido dormir más de tres horas. Supongo que ha sido así porque ayer recibí un par de bienintencionados whatsapps, ya saben, de los que por fin ponen los puntos sobre las íes a los hechos en curso. Cometí la imprudencia de hacer una excepción a mi política de información: los leí. Nada que no fuese un poco más de regodeo  en la natural preocupación que nos va minando el espíritu con constancia de termita. Ya sé de sobra que hasta que los científicos den con la vacuna adecuada nadie me va a sacar de la cola que hago frente a la Barca de Caronte. Así que, buena gana de insistir: me protejo dentro de un orden y hago todo lo que puedo para olvidarme. Al respecto, Academia Internet, Julioprofe y Mind Yours Decisions, son una ayuda inestimable. La geometría, por Dios, cómo he podido sobrevivir tantos años habiéndola dejado de lado. ¡Qué necedad por mi parte! 

Por lo demás, me basta con saber que "a cada cabo hay tres leguas de mal quebranto" y que "tan pronto se va el cordero como el carnero". Y no se engañen porque Celestina no miente. Se limita al noble oficio de desvelar las crudas verdades que se tratan de disfrazar, so capa de moral, con las correcciones políticas. Por eso es tan importante leer ese libro que, reconozco, solo los viejos pueden entender. Bueno, supongo que también los muy dotados por natura, o sea, cuatro gatos. Pero los viejos, sí, tenemos ese privilegio ganado a golpe de tortazos a lo largo de la vida: la experiencia. 

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