Quizá, digo yo, no sé, pienso, esto del coronavirus sea como una especie de fuego purificador. Y es que ha puesto el miedo a la muerte a flor de piel. Yo, claro, estoy convencido de que es una exageración, pero es porque tengo algunos estudios y experiencias sobre el tema que, además, puedo contrastar con personas que están en las mismas que yo. En cualquier caso, lo que cuenta en el cómputo general es que el miedo a flor de piel arrasa al resto de sentimientos, como pueden ser el odio, el rencor, la envidia, ect.. Y es que cuando tienes a la parca enfrente lo que menos se te ocurre es ponerte a echar la culpa de lo que te pasa a los demás. Entonces, nada cuesta humillarse para pedir ayuda porque lo único que cuenta es salir del paso.
Y en esas estamos, en fase de humillación ante el poder omnipotente de los dioses. Ahora, sí, nadie es más que nadie y, sobre todo, nadie es mejor que nadie. Es, en definitiva, la hora de poner las cosas en su sitio. Somos lo que somos, venimos de donde venimos y repetir millones de veces al día que nuestro sistema público de salud está entre los mejores del mundo no impide que venga Blomberg y diga que es una mierda, o sea, lo mismo que yo vengo diciendo por activa y por pasiva desde que tengo uso de razón. Y lo mismo pasa con Franco, que removerle de su tumba no impide que venga un matemático, catalán y excomunista por más señas, y haga un pormenorizado recuento, charts en mano, de lo que supuso para el conjunto de los españoles los cuarenta años de su mandato. Sí, el miedo de ahora hace que se escuchen estas cosas sin las anteojeras de la ideología. Fue lo que fue y, aunque joda, tenemos que reconocerlo y pedir humildemente perdón por las mentiras que el odio nos hacía considerar verdades.
Así que, anímense que de esta vamos a mejorar nuestra proverbial miopía. Es decir, vamos a distinguir mejor los contornos de la realidad, cosa que, no lo duden, es lo primero de lo primero para mejorar en la vida. Distinguir la realidad es, por ejemplo, lo que saca a las personas de los bares y les lleva a la academia... por decirlo sintéticamente.
En fin, no es que crea que va a ser la repanocha, pero ya lo dice el refrán, que no hay mal que por bien no venga, ni crisis de la que no se salga fortalecido. O un poco menos tontos.
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