viernes, 10 de abril de 2020

Cuenta la leyenda

Lo de los judíos saliendo por piernas de Egipto es como lo del pájaro chohuí, o sea, "cuenta la leyenda". Y, luego, que buena gana de ponerse a separar las aguas del Mar Rojo, con ayuda o sin ella de Yahvé, teniendo un poco más arriba, en Suez, un paso natural al Sinaí. Además que, a lo que luego se vio, no tenían la menor prisa porque se quedaron por allí cuarenta años dando vueltas. El caso, claro, es que cuarenta años dan para mucho y, no te digo ya si andas medio confinado en un desierto, eso sí, con comida gratis. Así que se pueden imaginar lo fértil de tal situación para que creciese el vicio.  Que no por otra cosa fue que su jefe, Moisés, desesperado ya, decidiese subir a lo más alto de la montaña a ver si desde allí podía pedir consejo a Yahvé... por aquello de que los dioses siempre andan por las alturas, no sé por qué. 

En resumidas cuentas, que fuese como fuese, Moisés bajó de la montaña con unas Tablas de la Ley con las que intentó poner un poco de orden en medio de aquel cafarnaúm. Dicen las crónicas que le costó lo suyo, pero, como hasta del vicio se cansa la gente, al final consiguió poner en marcha a la tropa camino de la Tierra Prometida. Y allí llegaron y allí continúan venga y dale a las startups que es que no hay en el mundo quién les gane a eso. Es evidente que las Tablas acabaron por dar resultado. Tanto, que hasta en la escuela de mi pueblo nos obligaban a aprenderlas de memoria. 

Bueno, hoy día, como todo se coge con papel de fumar, al llegar al precepto noveno les cuentan a los niños la milonga esa de que "no consentirás pensamientos ni deseos impuros", algo excesivamente genérico, sin duda, pero, a los de mi generación se nos enseñó desde el principio a ir al grano y por tal era que el noveno se resumía, con inmejorable criterio, en un "no desearás a la mujer de tu prójimo". Claro, de niño, esto podía resultar un poco abstracto, pero sólo se necesitaban los primeros pasos por la adolescencia para captar toda la fuerza de la proposición. 

¡Qué perspicacia la de Moisés! O de Yahvé, que no sé. Porque pocas constantes universales se podrán encontrar con la fuerza, no se sí destructiva o generadora, de ese desear a la mujer del prójimo. Bueno, supongo que ateniéndose a los hechos habría que añadir "al hombre de la prójima". Pero, pelillos a la mar.  Porque, el caso es que por el querer de los dioses no podemos dejar de desear lo que no tenemos aunque sea más o menos igual que lo que tenemos en casa. Y hay que ver la cantidad de quebraderos de cabeza que ello nos proporciona, pero, no se engañen, porque, también, el esfuerzo por conseguirlo exige ejercitar con tesón las más conspicuas potencias del alma: sin los ejercicios de seducción, ¿qué grado de desarrollo hubiese alcanzado el intelecto humano? Posiblemente seguiríamos subidos a las ramas de los árboles. 

Les cuento todas estas obviedades porque la lectura del Decamerón me hace reflexionar sobre ellas. ¿Cómo explicarse los gigantescos logros intelectuales de la Italia del Renacimiento si no hubiese sido porque todos los hombres y mujeres de aquel entonces tenían como núcleo de su pensamiento inventar las tretas necesarias para poder tirarse a la mujer o el hombre del prójimo? Y, además, y en eso consiste su principal genialidad, conseguirlo sin que ello tuviese consecuencias negativas. Más bien, al revés, todas las historias acaban con ganancia por partida doble para las dos partes: ganancia de placer y, sobre todo, ¡ojo al dato!, ganancia de autoestima. 

En fin, cuenta la leyenda... 

2 comentarios:

  1. la has clavao,Pedro.La autoestima.Esto de los calentones,con los anhos,los vicios y las canas,van menguando.Eso lo sabemos todos los que fuímos genios y figuras hasta la....Ya lo decía el bruto de Bunuel en sus memorias,por cierto ,buenísimas,"Mi último Suspiro".Si llegara la ocasión a sus ya muchos anhos,en la que se le presentase algún genio de estos de botella y le pidiera un sólo deseo,este sería dame unos nuevos pulmones para segir fumando y un buén higado para seguir soplando.Del resto de órganos ya estaba cansado o escaldado.

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  2. Geniales esas memorias que citas. Las pegué unos cuantos repasos.

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