A veces estoy tan aburrido que en vez de tirarme por la ventana, que sería lo sensato, me pongo a hacer zapping en la televisión con la estulta esperanza de que pudiera encontrar algo que me interesase, aunque fuera mínimamente. Y sí, mínimamente, pero lo encuentro. Se trata de un canal que hace documentales sobre buscadores de oro, pioneros en Alaska, restauradores de coches y cosas por el estilo que no dejan de tener su gracia. Pero es que a veces te topas con unos tíos que tratan de convencer al respetable de que cantidad de cosas que hay en la tierra han sido construidas por extraterrestres. Tienen superelaboradas sus teorías, en las que, por cierto, nunca falta el soporte torticero de la NASA que, al principio sí, pero, luego, no, por órdenes que vienen de instancias superiores, o sea, la típica conspiración necesaria para cerrar con éxito el círculo argumental. En conjunto, es todo demencial, pero maravilla la cantidad de gente que se dedica a ello y la cantidad de recursos que ponen en juego. Tiene que haber por ahí algún Soros de turno que lo está financiando por sabe dios que oscuros intereses. El mundo, en definitiva, está lleno de locos con su tema y supongo que a ello es debido que no nos estemos matando los unos a los otros, porque es que mira que a veces apetece fusilar a unos cuantos aunque solo sea para poder echar la siesta sin molestias extemporáneas.
En fin, no sé, porque es que los seres humanos, por algún tipo de cuestión biológica, tenemos una necesidad irrefrenable de hacernos notar. Y nadie se libra de ello y, aunque algunos blasonen de discretos, a la hora de la verdad, por aquello del componente paradójico que todo tiene en la vida, suelen ser los que más dan el cante. Y es que el intríngulis de todo esto está en los dones que natura reparte a su antojo entre los seres vivientes. Al que favorece, entre otros le da la discreción para que no sobresalga demasiado y se ponga en peligro por ello. Sin embargo, como, por lo general, suele ser bastante avara cuando da, no es de extrañar que la inmensa mayoría tenga que hacer sobrehumanos esfuerzos para hacerse notar. Y este es el gran drama de la humanidad, que los poco dotados cuando se esfuerzan por sobresalir es inevitable que acaben por cometer atrocidades. Y, de ahí, lo que vemos a todas horas si no somos capaces de vivir de espaldas al mundo.
Bueno, sigo con el Decamerón y acabo de comenzar La Lozana Andaluza. No voy a necesitar asomarme a la ventana, lo cual que como que me tranquiliza, porque es que hay que ver lo apetecible que se pone a veces.
Bendito Decamerón...morboso erotismo de mi adolescencia..recuerdo con carinho el Asno de Oro" de Lucio Apuleyo,esa escena donde el Asno se beneficia a esa rubia de mórbidas carnes.Por cierto ,para gran gozo de la patricia rubia.Imagino que comenzé a leer más que otra cosa por lo que entonces decíamos "escenas verdes".Yo me partía la cabeza eculubrando cómo el Santo Job pudo procearse,con tanmpocas habitantas(género)en el planeta.Con el Antiguo Testamento,tremendo libro erótico.Lo de La Lozana andaluza ,desgraciadamente ,me trae recuerdos de el Destape y poco más .Obra creo que italiana ,habrá que echarle un vistazo.
ResponderEliminarBueno, sí, este tipo de cosas siempre tienen tirón. La Lozana, como El Decamerón, como La Celestina. O la del asno de oro que no conseguía la satisfacción apetecida. En fin, hay que leer estos libros para darse cuenta de que el mundo es cada vez más aburrido.
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