Aitor es un abogado de Bilbao que se hace llamar Un Abogado Contra la Demagogia. Su ilusión es acabar con los partidos políticos y que gobierne una tecnocracia debidamente acreditada. Los políticos para él son la nueva aristocracia debido a la cantidad de privilegios que acaparan. No distingue, por supuesto, entre derechas e izquierdas, un constructo, según él, destinado a dividir a la gente con la finalidad de poderla controlar más fácilmente. Su labor no tiene precio porque nos informa de lo único que nos concierne de verdad, precisamente de lo que todos los medios de comunicación al uso tratan de ocultarnos entre una maraña de nimiedades. Nos tiene al día de todas las leyes que van apareciendo en el BOE, así como de todos los escandalosos contratos que hace el Gobierno con sus amiguetes. En definitiva es una especie de Heliot Ness luchando contra la mafia estatal. Por supuesto que ya han tratado de retirarle la licencia, pero hasta el momento ha sabido defenderse.
El caso es que en los meses pasados hizo una demanda a los servicios de transparencia del Ministerio de Sanidad pidiendo información sobre el famoso covid. Bueno, le han contestado que si tal y que si cual, como suelen hacer los políticos con la pretensión de que nadie les pille en sus marrullerías, pero, así y todo, se filtran algunas perlas. Por ejemplo, que no se necesita prescripción médica para la vacuna. Ya ven qué cosa más curiosa, que algo tan incierto, por no decir sospechoso, sea de libre elección en la teoría y de psicológicamente inducida obligación en la práctica. Vacunados y no vacunados, el nuevo clivaje para tener a la gente entretenida con insultos.
Pero la auténtica perla de la respuesta del ministerio es que, no, no tienen cultivos del virus ni noticia de que alguien lo tenga. ¡Acabáramos! ¿Y entonces de dónde sacan para tanto? Es como lo de aquel cuplé: "de dónde saca pa tanto como destaca". ¡Pa mear y no echar gota! ¿Y entonces las vacunas? ¡Venga aquí el Concilio de Nicea a resolver el misterio de la transustanciación! Porque, vamos, lo de cultivar virus ya lo hacía mi mujer a comienzos de los setenta del siglo pasado, que fue a Londres a aprenderlo. Ni te digo, cincuenta años después. Supongo que ahora lo hará cualquiera y por debajo de la pata. Muy sencillo señores, sin semilla no hay cultivo posible. Y eso es todo. Y mientras tanto la policía de Australia sigue repartiendo leña con generosidad para que nadie se quede frío. ¡Es lo que hay!
No hay comentarios:
Publicar un comentario