lunes, 6 de septiembre de 2021

Paola Hermosín

Cada domingo, a última hora, Paola Hemosín sube un video a la red. Y parece como si cada semana superase al de la precedente. Anoche tocó Gnossienne de Satie. Y, como siempre, antes de empezar la pieza hizo un resumen de su contenido. La verdad es que está mujer le da a uno en qué pensar. 

Acabo de leer una historia de la economía que me ha pasado Pedro M. El autor lo titula La Invención del Bienestar. Y se harta a filosofar sobre qué demonios es eso del bienestar. Cómo definirlo, como cuantificarlo. Es una tarea que se antoja imposible. Porque, por unos procedimientos u otros, digamos que la mayoría de la gente tiene ya sus necesidades primarias cubiertas, pero eso no parece que baste. Hay como una especie de ansiedad o malestar generalizado que solo se alivia en esos ratos en los que uno, previa ingestión de sustancias estimulantes, se dedica a dar la vara con sus logros al que se deja. Todo el mundo quiere que le reconozcan sus méritos, pero es algo complicado porque, por lo general, son méritos de mierda. Así que uno no gana para frustraciones. 

Y es que, como les contaba, existen las Paolas Hermosín y así no hay quien juegue. Porque no se puede considerar sport lo que está marcado por tan gigantescas diferencias. Uno ve a esas personas tocadas por la gracia divina y, pasado el primer momento de admiración, toma conciencia de su irremediable miseria. Es aquello que describe tan bien en su novela El Malogrado Thomas Bernhard. Uno, por lo que sea, por educación, por genética, tiene una tendencia irremediable a compararse y, por tanto, a envidiar como primera reacción. Porque, ¡qué injustos son los dioses repartiendo sus dones! 

Así que bienestar, lo que se dice bienestar, nada que hacer hasta que descubres el vino... Bukowski dixit. A palo seco, como a todo hay quien gane, ni Paola Hermosín. En fin, de todas formas, les recomiendo que no dejen de mirar sus videos. Son una pasada, como se suele decir. 

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