martes, 14 de septiembre de 2021

La cabeza del rey

Escucho la entrevista que una radio francesa le hace a una médico de pueblo que no se ha querido inocular la cosa esa que dicen vacuna. Pues bien, la buena señora, a partir de hoy, ya no puede ejercer su profesión. A Maricron le da igual que en el pueblo de esa señora la gente se quede sin asistencia médica. Las reglas del juego las marca él y, al que las contravenga, seis meses de cárcel. ¡Oye! ¿No queríais democracia? Pues ahí la tenéis.  Así que todas esas evidencias de que las susodichas vacunas no solo son inoperantes sino incluso peligrosas, Maricron se las pasa por el coño de su madre. Es simple y llanamente la lógica del poder, que se fortalece en razón directamente proporcional a la irracionalidad de las leyes que obligas a cumplir. Porque leyes racionales, ¡ya me dirán ustedes que va a tener de particular el que la gente las respete! No, no, aquí lo que cuenta es que hagas por mis santos cojones lo que te ordeno. Lo demás, paparruchas.

A D. G., los franceses saben lo que es cortar la cabeza a un rey. A un rey y a toda su camarilla. Y, bueno, parece que en ello están un buen número de franceses. Y, cosa curiosa, algunos de aquellos que eran furibundos partidarios de mandar a los no vacunados al mismísimo infierno, ahora, como que ellos nunca hubieran dicho tales atrocidades. Las ratas abandonan el barco que presienten agujereado. 

En fin, ¿es que alguien duda todavía de cómo va a terminar todo esto? Los bandos ya están lo suficientemente radicalizados como para que solo haga falta que salte una chispa y empiecen a silbar las balas. Y más, ahora, que la retirada de Afganistán ha dado alas a los que se quieren ir de la Otan y de la Comunidad Europea... ¡Menudo batiburrillo de motivaciones para estar deseando cortar otra vez la cabeza al rey!

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