En China hay una empresa inmobiliaria de nombre Evergrande que tiene una deuda de 3oo.ooo millones de dólares. Claro, tratándose de China no podemos aventurar un juicio sobre la gravedad de semejante magnitud porque allí hay más de cincuenta ciudades que sobrepasan los ocho millones de habitantes, o sea, que un millón y pico de pisos, que supongo que será lo que se puede comprar con esos 300.000 millones, tampoco es que sean muchos en relación a todos los que tiene que haber en esas cincuenta ciudades de más de ocho millones de habitantes. Así y todo, si Evergrande quiebra, lo que parece va a ser el caso, alguien se va a quedar sin el dinero que prestó.
Es difícil saber lo que pasa en China porque precisamente para que así sea es para lo que hay allí un régimen político estrictamente totalitario, es decir, que no se mueve una mosca sin que el correspondiente funcionario público tome nota del evento. Lo cual no quita para que, como dice Walter Lewing, phisic work. Que no por otro motivo es que las burbujas estallen. Porque una burbuja no es más que un continente al que le han ido metiendo contenido sin tener en cuenta el aumento de presión que se iba produciendo dentro del continente. Y aquí es donde entra en juego Boyle Mariotte, es decir, P.V=K (el producto de la presión por el volumen siempre es constante) O sea, que si metes más contenido sin aumentar el continente la cosa tiene que estallar por definición... ¡K no engaña!
Bueno, en realidad, algunas cosas sí que sabemos de China. Sabemos que, hace unos años, los dirigentes políticos alarmados por la explosión demográfica que se estaba dando en el país decidieron, haciendo gala del pensamiento binario, limitar a uno el número de hijos que podía tener cada pareja. Y ya saben lo que pasa con el pensamiento binario, que al no tener en cuenta las múltiples derivaciones que cualquier decisión implica, siempre suele dar como resultado pan para hoy y hambre para mañana. Y resulta que ese mañana de cuando se hizo la famosa ley del hijo único es el que estamos viviendo hoy. En China, hoy, sobran viejos y faltan jóvenes, ergo, escasea la mano de obra con el consiguiente resultado del dispararse los salarios. En los últimos cinco años los salarios, dicen, se han multiplicado allí por tres. Quizá sea una exageración, pero que han aumentado una barbaridad es indiscutible porque los productos chinos ya no salen a cuenta. Las exportaciones, por tanto, han caído en picado. Así que, como unas cosas traen otras, el gobierno chino ha dicho, no problem, fomentamos el consumo interno. Ya me dirán, con 1.400 millones de personas careciendo de casi todo... ¡menudo tajo que les queda!
De todas maneras, me imagino que vender dentro no es lo mismo que vender fuera. Una cuestión de divisas. Porque uno nunca llega a la perfección en la cosa de la autosuficiencia. Siempre hay algo que no puedes fabricar, o lo fabricas mal, y es necesario comprarlo fuera. Porque si no tienes para comprar fuera lo que fabricas defectuosamente no tienes forma de corregirte. Y entonces es cuando empieza la decadencia. Tengan en cuenta que la china moderna no ha inventado prácticamente nada. Todo lo ha copiado de occidente o de Japón.
En fin, ya saben que hay quien piensa que esto de covid es cosa de los chinos. ¡Vete tú a saber! Lo que sí puede ser covid y medio para el mundo es que Evergrande pete. Con el consiguiente efecto dominó. Empiezan a caer empresas y nos cagamos todos por la pata abajo.
Perdonen lo deslabazado de estas reflexiones.
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