sábado, 11 de septiembre de 2021

Con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho

Al final va a resultar, ya verán, que lo que nos va a sacar de este horror totalitario va a ser aquel famoso "con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho", que dijera Don Quijote. Y es que aquí y ahora le acaban de servir en bandeja a la Iglesia la oportunidad de revitalizar su mortecino ir tirando. 

El caso es que algunos con mando en plaza parecen haber olvidado que los púlpitos de las iglesias siguen ahí intactos. Y, sí, en los últimos años han mantenido el volumen bajo por las razones que fueren, pero ya saben que lo de subir el volumen solo es cuestión de girar unos cuantos grados el mando. Que es exactamente lo que están empezando a hacer. 


Dear Prime Minister,


As Christian leaders across a range of denominations, we continue to pray at this time for your government “and all in high positions, so that we may lead a quiet and peaceable life in all godliness and dignity” (1 Timothy 2:2).

However, we write to you concerning an area of the most serious concern, namely the potential introduction into our society of so-called “vaccine passports” which have also been referred to as “COVID-status certificates” and “freedom passes”. We are wholly opposed to this suggestion and wish to make three points about the potential consideration of any scheme of this type.

Firstly, to make vaccination the basis of whether someone is allowed entry to a venue, or participation in an activity, makes no logical sense in terms of protecting others. If the vaccines are highly effective in preventing significant disease, as seems to be the evidence from trial results to date, then those who have been vaccinated have already received protection; there is no benefit to them of other people being vaccinated. Further, since vaccines do not prevent infection per se even a vaccinated person could in theory carry and potentially pass on the virus, so to decide someone’s “safe non-spreader” status on the basis of proof of their immunity to disease is spurious.

Secondly, the introduction of vaccine passports would constitute an unethical form of coercion and violation of the principle of informed consent. People may have various reasons for being unable or unwilling to receive vaccines currently available including, for some Christians, serious issues of conscience related to the ethics of vaccine manufacture or testing. We risk creating a two-tier society, a medical apartheid in which an underclass of people who decline vaccination are excluded from significant areas of public life. There is also a legitimate fear that this scheme would be the thin end of the wedge leading to a permanent state of affairs in which COVID vaccine status could be expanded to encompass other forms of medical treatment and perhaps even other criteria beyond that. This scheme has the potential to bring about the end of liberal democracy as we know it and to create a surveillance state in which the government uses technology to control certain aspects of citizens’ lives. As such, this constitutes one of the most dangerous policy proposals ever to be made in the history of British politics.

Finally, as Christian leaders we wish to state that we envisage no circumstances in which we could close our doors to those who do not have a vaccine passport, negative test certificate, or any other “proof of health”. For the Church of Jesus Christ to shut out those deemed by the state to be social undesirables would be anathema to us and a denial of the truth of the Gospel. The message we preach is given by God for all people and consists in nothing other than the free gift of grace offered in Christ Jesus, with the universal call to repentance and faith in him. To deny people entry to hear this life-giving message and to receive this life-giving ministry would be a fundamental betrayal of Christ and the Gospel. Sincere Christian churches and organisations could not do this, and as Christian leaders we would be compelled to resist any such Act of Parliament vigorously.

We draw your attention to the recent Judicial Review overturning the Scottish Government’s ban on public worship, which demonstrates that such disproportionate prevention of the right to worship is a clear infringement under Article 9 of the European Convention of Human Rights. We cannot see how any attempt to prevent people gathering for worship on the basis of either testing or non-vaccination would not similarly be ruled to be a breach. We agree with those members of Parliament who have already voiced opposition to this proposal: that it would be divisive, discriminatory and destructive to introduce any such mandatory health certification into British society. We call on the government to assert strongly and clearly that it will not contemplate this illiberal and dangerous plan, not now and not ever.

Yours sincerely,


Rev Dr Jamie Franklin, Curate, St George in the Meadows, Nottingham, England
Rev David Johnston, Minister Emeritus, Presbyterian Church in Ireland, Ireland
Rev Dr William JU Philip, Minister, The Tron Church Glasgow, Scotland
Rev A Paul Levy, Minister, Ealing International Presbyterian Church, London, England
Rev Mez McConnell, Senior Minister, Niddrie Community Church, Director of 20schemes, Director of A29 Church in Hard Places, Scotland
Mr Terence McCutcheon, Executive Director, Hope For Glasgow, Addiction Recovery Centre, Scotland


Read the full list of 1,260 signatories  

Traducción automática de la carta:

Estimado Primer Ministro,


Como líderes cristianos en una variedad de denominaciones, continuamos orando en este momento por su gobierno "y todos en altos cargos, para que podamos llevar una vida tranquila y pacífica en toda piedad y dignidad" (1 Timoteo 2: 2).

Sin embargo, le escribimos en relación con un área de la preocupación más seria, a saber, la posible introducción en nuestra sociedad de los llamados "pasaportes de vacunas" que también se han denominado "certificados de estado COVID" y "pases de libertad". Nos oponemos totalmente a esta sugerencia y deseamos hacer tres observaciones sobre la posible consideración de cualquier esquema de este tipo.

En primer lugar, hacer de la vacunación la base de si a alguien se le permite la entrada a un lugar, o la participación en una actividad, no tiene sentido lógico en términos de proteger a los demás. Si las vacunas son altamente efectivas para prevenir enfermedades significativas, como parece ser la evidencia de los resultados de los ensayos hasta la fecha, entonces aquellos que han sido vacunados ya han recibido protección; no hay ningún beneficio para ellos de que otras personas sean vacunadas. Además, dado que las vacunas no previenen la infección per se, incluso una persona vacunada podría, en teoría, portar y potencialmente transmitir el virus, por lo que decidir el estado de "no propagador seguro" de alguien sobre la base de pruebas de su inmunidad a la enfermedad es espurio.

En segundo lugar, la introducción de pasaportes de vacunas constituiría una forma poco ética de coerción y violación del principio del consentimiento informado. Las personas pueden tener varias razones para no poder o no querer recibir las vacunas actualmente disponibles, incluyendo, para algunos cristianos, serios problemas de conciencia relacionados con la ética de la fabricación o prueba de vacunas. Corremos el riesgo de crear una sociedad de dos niveles, un apartheid médico en el que una subclase de personas que rechazan la vacunación están excluidas de áreas significativas de la vida pública. También existe un temor legítimo de que este esquema sea el extremo delgado de la cuña que conduzca a un estado de cosas permanente en el que el estado de la vacuna COVID podría ampliarse para abarcar otras formas de tratamiento médico y tal vez incluso otros criterios más allá de eso. Este esquema tiene el potencial de provocar el fin de la democracia liberal tal como la conocemos y crear un estado de vigilancia en el que el gobierno utiliza la tecnología para controlar ciertos aspectos de la vida de los ciudadanos. Como tal, esto constituye una de las propuestas políticas más peligrosas que se hayan hecho en la historia de la política británica.

Finalmente, como líderes cristianos, queremos declarar que no prevemos ninguna circunstancia en la que podamos cerrar nuestras puertas a aquellos que no tienen un pasaporte de vacuna, un certificado de prueba negativo o cualquier otra "prueba de salud". Que la Iglesia de Jesucristo excluyera a aquellos que el estado consideraba indeseables sociales sería un anatema para nosotros y una negación de la verdad del Evangelio. El mensaje que predicamos es dado por Dios para todas las personas y consiste en nada más que el don gratuito de la gracia ofrecida en Cristo Jesús, con el llamado universal al arrepentimiento y la fe en él. Negar a las personas la entrada para escuchar este mensaje que da vida y recibir este ministerio que da vida sería una traición fundamental a Cristo y al Evangelio. Las iglesias y organizaciones cristianas sinceras no podrían hacer esto, y como líderes cristianos nos veríamos obligados a resistir enérgicamente cualquier ley del Parlamento.

Llamamos su atención sobre la reciente revisión judicial que anula la prohibición del Gobierno escocés del culto público, que demuestra que esa prevención desproporcionada del derecho al culto es una clara violación del artículo 9 del Convenio Europeo de Derechos Humanos. No podemos ver cómo cualquier intento de evitar que las personas se reúnan para adorar sobre la base de pruebas o no vacunación no se consideraría de manera similar como una violación. Estamos de acuerdo con los miembros del Parlamento que ya han expresado su oposición a esta propuesta: que sería divisivo, discriminatorio y destructivo introducir cualquier certificación sanitaria obligatoria en la sociedad británica. Hacemos un llamado al gobierno para que afirme con fuerza y claridad que no contemplará este plan antiliberal y peligroso, ni ahora ni nunca.

Atentamente


Reverendo Dr. Jamie Franklin, Cura, St George in the Meadows, Nottingham, Inglaterra
Reverendo David Johnston, Ministro Emérito, Iglesia Presbiteriana en Irlanda, Irlanda
Reverendo Dr. William JU Philip, Ministro, The Tron Church Glasgow, Escocia
Reverendo A Paul Levy, Ministro, Iglesia Presbiteriana Internacional Ealing, Londres, Inglaterra
Reverendo Mez McConnell, Ministro Principal, Niddrie Community Church, Director de 20schemes, Director de A29 Church in Hard Places, Escocia
Sr. Terence McCutcheon, Director Ejecutivo, Hope For Glasgow, Addiction Recovery Centre, Escocia

Lea la lista completa de 1.260 signatarios aquí

 
O sea que 1260 púlpitos del Reino Unido se oponen radicalmente a a todo tipo de control sanitario por parte de las autoridades. Porque, sencillamente, eso va contra las enseñanzas del evangelio. Y sanseacabó. Y ahora vamos a ver quién tiene más tirón mediático, ¿los púlpitos o los medios vendidos al poder político? ¡Hagan apuestas, señores! Ah, perdón, y señoras. 

5 comentarios:

  1. gracias Pedro.Por lo menos alguien que dice algo con sentido.Aquí en nuestro país,salvo apoyar nacionalismos,poner el cazo y andar corriendo detras de buenas mozas,poco podems esperar de nuesta curia.

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  2. Pienso que ya ni siquiera corren detrás de las mozas.

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  3. Tratándose de catalanes no tengo nada que decir. Pel davant i pel darrera.

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