miércoles, 22 de septiembre de 2021

Las barbas del vecino

 El alcalde socialista de New York quería impedir a Bolsonaro entrar en la ciudad para asistir a la asamblea general de la ONU porque no está vacunado. ¡Intentalo!, ha contestado Bolsonaro. Y claro, el alcalde socialista ha hecho lo que hacen todos los socialistas cuando alguien se les enfrenta, es decir, meter el rabo entre las piernas y largarse para donde nadie les vea a disfrutar de lo robado. Pero, en fin, no voy a hablar ahora de los socialistas de los que sabemos todo lo que hay que saber; voy a hablar de Bolsonaro, del discurso que ha pronunciado en la ONU. 

Yo diría que Bolsonaro es uno de esos líderes que han venido para liberar al mundo de la mugre socialista. Porque parece ser que cada vez más gente está hasta la coronilla de que le robe la mafia del poder político con la escusa de que es en aras del bien común. La gente se está dando cuenta de que lo del bien común es un eufemismo de los privilegios cada vez mayores que acumula la casta política. Ya, es que además ni lo ocultan. Se hacen fotografiar veraneando en palacios reales y en yates a vela. Ni siquiera tienen la delicadeza de disfrutar de los lujos que nos hacen pagarles a escondidas. No, pareciera que quieren humillar un poco más a esos millones de personas a las que acaban de arruinar con sus descerebradas políticas. Pues bien, lo primero que ha dicho Bolsonaro en la ONU es que en los dos años y pico que lleva gobernando no se conoce un solo caso de corrupción que afecte a miembros de su gobierno. Algo excepcional, sin duda, en un país como Brasil en donde hasta su mítico presidente, socialista por cierto, Lula, está en la cárcel por ladrón, o lo ha estado. 

Bolsonaro, como ese que gobierna en Hungría levantando las iras de los socialistas de todos los partidos, o como tantos otros que empiezan a surgir por ahí con fuerza, es un liberal conservador con un cierto ingrediente nacionalista. Liberal en lo económico, es decir, firmemente convencido de que la inmensa mayoría de las cosas las hace mejor la iniciativa privada que el Estado. O sea, más minarquista que estatista. Conservador, diría yo que en el sentido de máximo respeto a las tablas que Moisés bajo del monte. Honrarás a tus padres, no robarás, no desearás a la mujer del prójimo, no dirás mentiras o, si lo quieren resumido: amarás a tu Dios por encima de todas las cosas. Claro, después de tantos años bajo la bota socialista la inmensa mayoría de la gente no tiene ni idea de lo que quiere decir amar a tu Dios por encima de todas las cosas. Quizá, si se pusiese de moda leer la Ética de Espinoza podría mejorar algo esta sangrante carencia. Y, por último, el componente nacionalista, es decir, algo que te identifique con una comunidad de intereses. Se lo resumiré con un ejemplo: Suiza. Suiza viene siendo gobernada de hace cincuenta años o así para acá por un partido liberalconservadornacionalista. A la vista están los resultados. Entre otros muchos que todo el mundo quiere que sean los suizos los encargados de custodiar sus ahorros. ¿Puede haber prueba más fehaciente del éxito de una política? 

Así inició Bolsonaro su discurso: “Llevamos dos años y ocho meses sin ningún caso concreto de corrupción. Brasil tiene un presidente que cree en Dios, respeta la Constitución, valora a la familia y le debe lealtad a su pueblo”


Así lo terminó: “Todos los que eligieron vacunarse en Brasil pudieron hacerlo. Apoyamos la vacunación. Sin embargo, nuestro gobierno se ha opuesto al pasaporte sanitario o cualquier obligación relacionada con la vacunación”,

En resumidas cuentas: que nunca hubo en la Asamblea General de la ONU discurso de presidente de cualquier país que fuese menos aplaudido. Ya me dirán, toda aquella chusma viendo pelar las barbas del vecino. 

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