lunes, 20 de septiembre de 2021

Sincio

Los de Santander de toda vida decimos sincio para expresar que tenemos muchas ganas de algo. Digamos que esa palabra es una de nuestras señas de identidad. ¡Y  qué le vamos a hacer! Porque el caso es que venía desde hace tiempo teniendo sincio de una americana. Una como las que usaba Bukowski en sus últimas apariciones públicas. No sé, pero me parece una prenda que como que añade un plus de respetabilidad al que ya la ha perdido casi toda. En fin, sea como sea, hoy a primera hora me he llegado a lo de Garayo a ver qué encontraba por allí. Ha sido una regresión a los orígenes como quien dice, porque en Garayo fue donde me hicieron el único traje a medida que he tenido en la vida, allá por los finales de los cincuenta del siglo pasado, justo cuando estaba en trance de irme a estudiar a Valladolid. Era un traje, no recuerdo si de pata de gallo u ojo de perdiz, que les puedo asegurar que me caía como un guante y me quitaba todas las inseguridades propias de la edad cuando me lo ponía para pasear los domingos al mediodía por la calle Santiago. 

Había allí, en Garayo digo, dos señoras bastante apañadas que en cuanto a tener oficio poco tendrían que envidiar al chico interesante que le vendía muebles a Teresa, la mujer del chinólogo protagonista de la novela Auto de Fe de Elias Canetti. En resumidas cuentas, que en un visto y no visto me han vendido una chaqueta de lana y lino que me ha importado 210 euros. Queda ahora por saber si no les habré tirado porque, una cosa es tener sincio de tenerla y otra tenerlo de ponérsela. Y, es que, la verdad, no me acabo de ver por mucho que admire a Bukowski. ¡Es tan abismal lo que nos separa!

Por lo demás, ¿qué falta me hacía a mí una americana? Francamente, ninguna. Simplemente un capricho al que sucumbes en las horas bajas, a qué nos vamos a engañar. Porque si los seres humanos viviésemos siempre en horas altas lo primero que se iba al carajo serían los caprichos. Y con ellos la mitad del consumo. Pero ésta es otra historia. 

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