lunes, 13 de septiembre de 2021

Crédito social

No sé si la carta de los clérigos ingleses que les transcribí el otro día habrá tenido o no algo que ver con el anuncio hecho por el ministro de sanidad de que por el momento no hay ninguna intención por parte del gobierno británico de instaurar el pase sanitario. Yo me inclino por pensar que sí ha tenido que ver. Porque ningún gobernante con dos dedos de frente se pasa por el arco de triunfo a los representantes del poder de lo simbólico. Y es que la carta, al respecto de lo simbólico, no dejaba puntada al aire. Imagínense al Boris ese, con su acreditada formación helenística, pitorreándose de la pitia, valga la redundancia, de Delfos. No, ni de coña, Boris tendrá siempre presente la importancia de los oráculos. Y por eso supongo que habrá sido que ha dado carpetazo a los anunciados pases. 

Lo de Rusia es más curioso todavía. La gente se ha negado a acudir a los sitios que exigían el dichoso pase. Y, claro, los empresarios no han tardado en poner el grito en el cielo. No lo sé a ciencia cierta, pero me parece que el alcalde de Moscú ya ha retirado la medida. ¡Lógico! Porque en Moscú, decir empresarios, es decir la Mafia. Así que no sé con qué será peor topar, si con la Iglesia, como los unos, o con la Mafia, como los otros. Es decir, Iglesia y Mafia, los últimos reductos de oposición al poder totalitario que aspira a señorearnos. 

"There is also a legitimate fear that this scheme would be the thin end of the wedge leading to a permanent state of affairs in which COVID vaccine status could be expanded to encompass other forms of medical treatment and perhaps even other criteria beyond that." ¡Fíjense cómo hilan los clérigos! Más fino, imposible. El pase sanitario puede ser la parte estrecha de la cuña, la que es fácil meter y que luego con solo empujar un poco ya está toda la cuña dentro. Ya no hay forma de cerrar la puerta a "other criteria beyond that". O sea, que cualquier aspecto de nuestras vidas puede estar sometido al correspondiente control por parte del poder en curso. 

Hay un payo francés de nombre Éric Verhaeghe que ha escrito un libro muy interesante sobre todo este asunto. Bueno, yo no he leído el libro pero he escuchado la entrevista que le han hecho en Sputnik France. Sostiene Éric que el pase sanitario es la primera experiencia de crédito social en el mundo democrático. Ya saben, el buen o mal ciudadano. Te catalogan con puntos y, a partir de ahí, ya no te queda otra opción que pasarte el día besando el culo al que manda. Porque es que, además, lo primero que va a ir a ese carné de crédito social va a ser tu cuenta bancaria que podrás utilizar  o no en función de que te hayas portado comm' il faut según el criterio del Estado. Todo muy simpático, como ven. 

En fin, paranoia, cospiranoia, o lo que ustedes quieran. Pero que quede constancia de que para mí los que se pliegan a este tipo de exigencias relacionadas con un supuesto virus que nadie ha visto no saben lo que están haciendo. Más o menos como no lo sabían aquellos que hace ochenta años levantaban el brazo con fruición. Claro que ya sé que cuando pasó todo y solo había desolación alrededor nadie reconoció haberle levantado. Por arte de birli-birloque, todos habían estado en la resistencia.  


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