Por lo visto, por la parte de Silicon Valley han aumentado mucho las ventas de las Meditaciones de Marco Aurelio y de las Cartas a Lucilio. Es lo que tiene el no saber ya en qué dar de tanto tenerlo todo. Así es que, al parecer, se han puesto de moda entre aquella gente los baños de hielo a las cinco de la mañana y el dormir de pie. O sea, una versión actualizada del cilicio.
Personalmente siempre desconfié de los que se mortifican y, no digo ya, si encima alardean de ello. Como las madres teresas que, por cierto, el otro día leí en algún sitio que, una vez deconstruida, ha resultado ser una hija de la gran chingada. ¡Pues qué esperaban! ¡Ay, estoicismo, qué bien ocultas lo que no se tiene!, dijo el filósofo.
Lo que pasa es que el personal tiende por naturaleza a confundir el culo con las témporas o, si prefieren, los cojones con el comer trigo. Y por eso es que coloquen etiquetas en función de datos irrelevantes que les parecen vistosos. Así, un periodista que anda tratando de estos temas, dice ser más estoicos los ricos y famosos que la clase media, e incluso la baja, basándose en el hecho constatable de estar las casas de los ricos mucho más vacías de objetos prescindibles. Supongo que el tipo recuerda aquella leyenda urbana en la que Diogenes va corriendo a su tonel a tirar la escudilla porque ha visto a un niño bebiendo el agua en el cuenco de su mano y, de inmediato, saca conclusiones: pocos objetos, luego estoico. Puro pensamiento binario, el auténtico cáncer del mundo.
Un servidor, es hecho conocido, tiene muchos menos objetos en su casa que la inmensa mayoría de la gente con la que me relaciono. ¿Tiene ello algo que ver con estar afectado de pulsiones estoicas? Pienso que no. Si de algo me atreviese a etiquetarme sería en todo caso de epicúreo. Mi vida ha sido un puro darse festines con un pedacito de queso, por decirlo al modo del maestro de la cosa. Un pedacito me basta porque aprendí temprano que un pedazón solo sirve para indigestarte por más que los demás admiren tus capacidades adquisitivas. Los demás, esa es la gran cuestión: que te importe o no te importe un carajo lo que piensen de ti.
En resumidas cuentas, que tengo la casa bastante vacía de objetos por que es una forma más de disfrutar de la vida. El haber andado por ahí y haber podido tratarme con gente ilustrada me ayudó mucho a comprender lo sumamente molesto que es quitar el polvo a las cosas. No las tienes, no se lo tienes que quitar: todo son ventajas. Y lo del apego sentimental que se suele argumentar... ¡por Dios bendito, a estas alturas! Como no sea a un sacacorchos que, como saben, es de suma utilidad...
En fin, que qué quieren que les diga; para mí lo de bañarse en agua helada o el dormir de pie, por muy estoico que sea, nunca dejará de ser una soberana gilipollez con la que se pretende originalidad y, por tanto, reconocimiento. Ya digo, a estas alturas y andar todavía con eso. Y más penoso todavía el que lo haga gente que parece estar bien situada. ¡No hay quien entienda este mundo!
No hay comentarios:
Publicar un comentario