La realidad es caprichosa. Así que esperemos a ver qué sale de todo esto. Porque acuérdense no más de aquello de los GAL, la, según todos los indicadores, más inicua acción de gobierno desde los inicios de la democracia y promovida curiosamente por un gobierno socialista, ¡vaya por Dios, los puros! Pues bien, a decir de afamados comentaristas foráneos, inicua no quiere decir inútil, porque, según les he oído argumentar en repetidas ocasiones, de aquella acción se derivó el inicio del fin de ETA ya que obligó a los servicios de seguridad franceses a implicarse en la lucha. Razón de Estado se suele llamar a esas salidas del tiesto legal para intentar solucionar a la desesperada lo que dentro del tiesto sólo es pudrición.
Pues bien, un exministro socialista, un tal Cesar Antonio Molina, escribe hoy un artículo en El Mundo de los de agarrate y no te menees. Hubiese escrito eso mismo un adscrito al PP y no quiero ni imaginarme a donde hubiesen llegado los gritos de indignación de los idiotas. Pues sí, es probable que vaya a ser otra vez la mano socialista la que perpetre la iniquidad que venga a sacarnos del atolladero.
Un exministro socialista que se explaya a gusto llamando a las cosas por su nombre y alentando al gobierno a tomar medidas drásticas de las que cuestionan la propia legalidad. Porque, en definitiva, viene a decir, al fascismo no se le puede combatir con las ideas. Con tal gente, sólo la razón de la fuerza, esa que según dicen tanto denostaba Unamuno, tiene algún viso de efectividad. Sí, sí, porque el mentado artículo insiste machaconamente, con multitud de ejemplos inapelables, en el carácter netamente fascista del régimen político que impera en estos días que corren en Cataluña.
Ya digo, esperar para ver, pero de entrada la cosa suena bien. Porque no creo equivocarme si digo que las cosas empiezan a arreglarse cuando se da el salto del eufemismo al llamarlas por su nombre. Crudamente.
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