lunes, 4 de junio de 2018

Oigo Patria tu aflición

Cuando por los años setenta estaban tan de moda aquellas películas de Bergman sobre los conflictos de pareja, yo, y algunos amigos, todos por la treintena, solíamos decir que no nos interesaban nada porque nos las sabíamos de memoria. Todos aquellos quebraderos de cabeza tan minuciosamente descritos eran los nuestros de cada día, así que para qué regodearse revisitándolos. Ahora, en estos días que corren, al escritor Aramburu se cansa la mano de firmar su novela "Patria". Pues bien, a mí con "Patria" me pasa como con las películas de Bergman que no se me pasa por la cabeza leerla porque me la sé de memoria. Y es que he vivido demasiados años para mi gusto en Cataluña y alguno en el País Vasco y, también, he visto muchas películas sobre la Alemania nazi y, por tanto, ya no tengo nada que aprender al respecto. Sé a ciencia cierta que lo de esas dos comunidades regidas por personas absolutamente repugnantes sólo se solucionará el día que se decida aplicarles una terapia a la alemana, es decir, dejarles más planchados que una de las camisas que usa Pedro Sánchez, que mira qué es atildado ese chico. Por eso no me extraña nada que haya llegado tan alto. 

Así todo, me encanta que cuanta más gente mejor lea "Patria". Lo mismo que cuando iban en manada a ver aquellas películas de Bermang. Y es que, no se ofendan por mi pedantería, pero quienes no han leído a los clásicos necesitan que les pongan, como a los niños, la realidad masticada delante para poder enterarse de qué va. Es como cuando Perico Delgado retransmite el Tour de la France y va diciendo: si resiste y no le fallan las fuerzas puede llegar el primero, pero si le fallan y le alcanzan, no le habrán servido de nada los esfuerzos. ¡Todo un clásico de la literatura infantilizada! O alzhemica, que no sé. 

Anyway, lo que cuenta es que cada vez más gente vaya sabiendo que cuando a un mal no se le pone remedio en sus comienzos, fuerza del abandono va cobrando que, después, hace que sea imprescindible mandar a los F-18 a tirar unos cuantos pepinos. Siempre ha sido así y es muy importante preparar a la gente para que lo acepte como un mal necesario. ¿A quién -por poner un ejemplo- le iba a parecer mal bombardear Alemania después de haber visto Casablanca? Pues lo mismo pasaría si se decidiese dar un correctivo como es debido a los filonazis vascos, que a toda la gente que ha leído "Patria" le parecería de perlas.  

En resumidas cuentas, que viendo hoy día a Alemania no pueden caber muchas dudas sobre cual es la medicina que se debe aplicar a las chulerías colectivas. Los paños calientes desde luego no. 

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