Supongo que cuando uno se autocalifica de progresista lo que está haciendo en realidad es tildar a sus oponentes de inmovilistas, lo que para el buen entendedor viene a ser retrogrados. Así que con estos socialistas que acaban de alunizar seguimos con las mismas presunciones a destiempo que arguyen incompetencia, sí, pero sobre todo una falta de clase apabullante. Son narcisos condenados de por vida a no entender el valor supremo de la discreción. Adolescentes eternos que no pueden evitar el estar siempre exhibiendo su amor cósmico, su superioridad moral, su, en definitiva, rijosidad de capellán. ¡Que Dios nos coja confesados!
De hecho a mí todo esto me parece de lo más pedagógico. Y pienso que está dentro de los cálculos de la sabia naturaleza procurarnos estas pasadas por el ridículo para que no se nos olvide que conviene leer a Gracián. O al mismo Cervantes sin ir más lejos, que en el Quijote podrán ver que no hay moza a la que quiera realzar en la que la discreción no juegue un papel determinante.
En fin, una vez vino un jefe de gobierno que mando poner un piano en sus habitaciones. Le siguió otro que mandó instalar una "bodeguilla" en los sótanos del palacio. Yo desde luego, aprendí infinitamente más con lo de la bodeguilla. Desde entonces me lo miro mucho más eso de ir a los bares a pasar el rato. Y mucho menos tener uno en casa que ya me parecería el colmo de la imbecilidad. Como todos esos vascos que ponen uno en sus segundas viviendas y lo llaman "txoco" para que nadie se llame a engaño... y del txoco a la mani para pedir el acercamiento de los presos. ¡Ya te digo!
Pues eso, Oráculo manual y arte de prudencia, justo el estanque en el que conviene mirarse para no acabar siendo un sociata de bodeguilla o un vasco pues de txoco.
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