Desde luego que hay cosas que nos debieran hacer pensar. Por ejemplo, que las empresas del conocido como sector del lujo constituyen el 25% del CAC -el IBEX francés para que nos entendamos-. Otro, que hay una empresa del lujo que vale exactamente el doble que AIRBUS. Otra más, que el 40% del monto global del CAC es del gobierno noruego. Y otra, que las empresas francesas son las que más porcentaje de sus beneficios emplean en compensar a sus accionistas -macizar llaman a eso en Santander-. Y sigue, que el único sector industrial francés que no está en declive es el del lujo. Y más, que París se enfrenta a una ola de criminalidad sin precedentes a causa de la moda que se ha establecido entre los ricos de llevar relojes de entre 50000 y 150000 €. Luego, los criminales los venden en Rusia y China a mitad de precio.
Son datos objetivos que cualquiera puede comprobar acudiendo a las páginas web adecuadas. Es decir, no son las típicas impresiones con las que los tertulianos construyen "relatos" al gusto de la turba.
Yo, esto del lujo, como he conocido y tratado a bastante chusma en esta vida, me lo tomo con mucho respeto. Parecería, así, a primera vista, que es una cosa de ricos, pero nada más lejos de la realidad. Y aquí, claro, habría que recurrir a los clásicos para definir la riqueza. Porque está demostrado hasta la saciedad que cuanto más ignorante se es más se tiende a relacionar la riqueza en exclusiva con la posesión de dinero. Por ejemplo, se imaginan el éxito que hubiese tenido una canción popular de tal tenor: salud, ilustración y amor,/el que tenga esas tres cosas/que le de gracias a dios/pues con ellas uno vive/libre de preocupación.
Claro, aquí ya tenemos que pararnos a considerar la relación entre la ilustración y el gusto. El bueno, por supuesto, que es el que tiene línea directa con el lujo. Porque si me calzo un balenciaga o me rocío con chanel 5 se supone que tengo un buen gusto que te cagas. Y si soy un pobre chusma, me voy a un mantero, compro una imitación y también me cago de la satisfacción que me produce el pensar que doy el pego. Porque esa es la madre de todos los corderos, dar el pego, ser alguien, destacar de entre la masa amorfa... como lo quieran llamar.
El lujo, esa atracción fatal de la que prácticamente nadie escapa por las mismas razones que prácticamente nadie se sustrae a los atajos. Que no otra es la esencia de la civilización, la búsqueda desesperada de atajos. Cansarse menos para conseguir lo mismo. Comprar en la tienda mejor que demorarse en el aula. La verdad es que no sé si iremos a mejor como dice Steven Pinker, pero desde luego que tan poco a poco que hace falta mucha lupa para notarlo.
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