sábado, 16 de junio de 2018

Superficial

De tan listo como me las doy y no puedo comprender como levantan tanto entusiasmo en las masas cosas que me parecen absolutamente anodinas. Para concretar más, por qué tanta gente disfruta tanto viendo lo que hacen otros, por muy bien que lo hagan, sin tener la menor intención de ponerse a intentarlo por su cuenta. El ejemplo del furbo  es clamoroso, algo cuya práctica está tan al alcance de las mentes más limitadas y sin embargo la inmensa mayoría en pasando de la infancia se limita a observarlo y dárselas de entendido, como si hubiese algo de lo que entender. 

Y así con todo. Y esa es a mi juicio la gran tragedia de la humanidad, que limitarse a observar no calma en absoluto el espíritu. Al contrario, promueve la frustración ya que condena a la superficialidad. Por cierto que ya casi ha desaparecido del vocabulario el calificativo de superficial, pero recuerdo perfectamente cuando achacárselo a alguien era una de las mejores maneras que había de rebajar las pretensiones de los que se las daban sin motivos para ello.

La gran tragedia en el plano individual y, también, en el colectivo. Porque no de otra causa puede provenir el calentamiento planetario que nos tiene aconhortados que de la de tener constantemente a la humanidad a la búsqueda de sensaciones fuertes por medio del surfeo de la superficie. 

Personalmente, cada vez estoy más convencido de que una de las mejores cosas que le ha podido pasar a cualquiera que no sea muy inteligente es haber tenido algún tipo de coqueteo con las drogas. Y no por nada sino porque son la metáfora perfecta del surfeo y sus consecuencias nefastas. Cada vez necesitas olas más grandes y más lejanas y nunca te sacias. Al final, una de dos, o sucumbes, o aprendes que es mejor bucear. 

En fin, como todo tiene su lado bueno, el de los entusiasmos de las masas es que te permite tener medio mundo para ti si sabes ir a contrapelo. Anoche era una delicia pasear la ciudad.  

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