viernes, 8 de junio de 2018

Jodido cáliz

Con todo esto del nuevo gobierno socialista se podría decir, remedando a Roland Barthes, que hemos llegado al grado cero de la ficción. Se necesitan dosis de infantilismo rayanas en la idiocia para conceder verosimilitud a todos esos gestos de autosatisfacción y demás cánticos laudatorios de la clientela. En lo único que yo apostaría por cierta sinceridad es en la buena disposición que han mostrado los ministros salientes al traspasar sus carteras. Todos, indefectiblemente, han puesto cara de ¡ahí os queda el paquete! 

Porque, como todo lo que sube, baja, y llevamos unos cuantos años subiendo, es de lógica elemental que de aquí a nada la economía empiece a dar sustos. Por no hablar del problema territorial que sólo se va a poder remediar al estilo clásico, es decir, a hostias. Unas perspectivas un tanto tenebrosas para los chicas, perdón, y las chicos, del buen rollete. Unos insensatos, desde luego, que se han lanzado a por los jugosos sueldos encomendándose en exclusiva al diablo. Pero bueno, esperemos para ver porque el futuro, por más previsible que parezca, a veces sorprende con sus volteretas. 

Pero, en fin, todo esto grado cero o espuma de los días. Como ustedes quieran. Porque lo que de verdad importa son esas preguntas que inquietan a los filósofos porque, aún a sabiendas de su vital importancia, reconocen que sólo admiten conjeturas por respuesta. Y ahí es donde reside la gracia, en el arte de conjeturar. Y es que una conjetura bien argumentada parece que como si tranquilizara a los espíritus. Y por eso corremos tras esos sabios brillantes que nos descubren con sus conjeturas las medias verdades sobre las cuales luego nosotros podemos construir toda una teoría que nos sirva para andar por casa a calzón caído cosa que, en definitiva, es lo único que nos sirve en esta vida. 

Y es que ayer estuve escuchando una de esas conferencias que da Escohotado a los estudiantes de cualquier universidad y luego la cuelgan en Youtube. Como todas las de este hombre fue atractiva por más que no parase de rascarse por aquí y por allá. Explicó de la forma más sintética posible lo de los enemigos del comercio para terminar planteando la madre de todos los interrogantes: como es posible que estando archidemostrado y superreconocido que el capitalismo, es decir, el comercio, es el único motor de progreso que ha conocido la humanidad, sin embargo la humanidad en general lo tolera con aprehensión cuando no con franca repugnancia. Un verdadero conundrum como dicen los ingleses. Y por eso, porque los acertijos insolubles sólo los puede resolver el Hijo de Dios de vez en cuando baja del cielo en forma de líder de la que dicen izquierda para seducir a los vagos con el sermón de la montaña y expulsar del templo a palos a los comerciantes. Y ya vamos con el mismo truco no sé cuantas veces y siempre fracasando estrepitosamente y como si nada: la gente cada vez le tiene más simpatía al invento. Escohotado sugería que todo ello debe ser a causa de la incesante innovación que promueve el capitalismo. Y la innovación, ya saben, exige esfuerzo de adaptación. Esfuerzo, esfuerzo, esfuerzo... agonía en definitiva. Y el Hijo de Dios, en las últimas ya, fue y dijo: Padre, aparta de mí este jodido cáliz. Como si eso fuese posible. 

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