lunes, 11 de junio de 2018

Don´t give up democracy

Ayer por la tarde estuve viendo en NHK una larga entrevista a un intelectual tailadés en la que después de tocar todos los palos geoestratégicos y políticos del mundo mundial sólo se podía sacar, a mi juicio, una conclusión: la sombra de China es alargada. La cuestión no es desde luego baladí porque todos sabemos como se extienden las manchas de aceite hasta acabar impregnando el último rincón. Y el buen hombre lo dejaba claro, no nos conviene en absoluto que nos alcance esa mancha. Lo cual, añadía, tampoco es que sea fácil. 

China es un sistema autoritario que comercia y según todos los indicadores que no tengan que ver con derechos humanos le va de cine. Que condenen a muerte a cualquier desgraciado porque sus órganos son compatibles con los del hijo de mandarín que los tiene estropeados, eso, como no se cuenta no existe. Pero por el estilo de esas hay unas cuantas y convendría no pasarlas por alto por más que cuando vemos relucir el oro la mente se nos obnubile. 

Sí, que la influencia de China es alargada se demuestra al comprobar como se van desmoronando uno a uno todos los esbozos de democracia que se iban extendiendo por los países del sudeste asiático y un poquito más allá. Casi hasta nosotros mismos. Porque, aquí en Europa, por el este, se ven signos más que descarados de fatiga democrática y eso que a penas habían empezado a saborearla. Y también, más al oeste, curtidos ya en estas lides, se empiezan a levantar voces que apelan a tirar por el camino de en medio para solucionar ciertos problemillas que nos están tocando los cataplines.

La tentación del autoritarismo es una verdad inapelable de la condición humana y sólo se necesitan modelos exitosos para abandonarse a él a la primera contrariedad sin que por ello la conciencia se retuerza de remordimientos. Estamos viendo ejemplos de tal proceder hasta en la sopa con la regodeada anuencia del populus que como todos ustedes saben es la quinta esencia del no ver más allá de sus narices. Ese afamado populus cuya infalible sabiduría queda de sobra confirmada por la facilidad con la que puede, pongamos, pasar de franquista a antifranquista, a la manera de un rayo de luz que pasa por un cristal sin romperle ni mancharle, Astete dixit. 

Bien es verdad que la democracias más consolidadas, decía el tailandés, están acumulando defectos que para nada ayudan a mantenerlas en pie. En un país como Tailandia, sin ir más lejos, el uno por ciento de la población detenta el ochenta por ciento de la riqueza y de la propiedad del territorio. Así, claro, no se puede. Por no hablar de la obscena diferencia de sueldos entre directivos y empleados del montón. Como sí el prestigio, o el poder, sólo lo pudiese proporcionar el dinero. Una verdadera aberración y, sobre todo, un tiro de gracia a la moral. Hoy mismo leía en no sé donde que Cristiano Ronaldo tenía un conflicto de intereses con el Real Madrid por la insignaficante cantidad de diez millones de euros. Una propina para él. Y el populus, no lo duden, absolutamente comprensivo porque como es analfabeto como ellos...

Bueno, lo que tenga que ser, será, pero eso no quita para que uno piense que donde esté Atenas que se quite Esparta. Así que, a lo mejor voy a hacer como el tailandés al final de la entrevista: agarrar un papel y un rotulador y escribir con grandes letras DON´T  GIVE UP DEMOCRACY. Y lo voy a colgar en el balcón a la vista de todos porque esa es la única bandera por la que me parece que merece la pena luchar. Por más que a veces uno vea socialistas en acción y se descorazone.  

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