sábado, 2 de junio de 2018

La caída

Como dice Esty Quesada, la diferencia entre esos y yo es que yo tengo cultura. Porque esa es la cuestión, que el que yo sea una obesa mórbida poco tiene que ver por comparación con tener o no tener cultura. Y ya va siendo hora de que expliquemos al personal este tipo de cosas. 

Pues sí, señores, la cultura lo es todo y, para que nadie se llame a engaño les diré en qué consiste: en el estudio de los clásicos, empezando por Hesiodo y Homero y terminando por El baile de los vampiros. Es decir, aflorar a la conciencia tanto que todo robo de fuego a los dioses tiene un alto precio a pagar como que llevas un vampiro dentro de ti que a la que te descuidas se te escapa y la arma gorda. 

No, desde luego, las cosas no son lo que parecen a primera vista sino, por lo general, todo lo contrario. Detrás de la chulería sólo suele haber impotencia. Y detrás de la humildad, incompetencia. Pero de todos los equívocos, el más chusco sin duda es ese que identifica la riqueza con el tener dinero: ninguno hizo nunca tanto daño a la humanidad. 

Sí, no se engañen, los españoles fueron por el mundo con Salamanca en el bolsillo y dejaron Plazas Mayores por allí dónde pasaron. Los anglosajones, por contra, llevaban la Biblia y dejaron muros y reservas. Obras son amores.  

Ya digo, las cosas nunca son lo que parecen a primera vista y el gran drama de la vida es que haya que llegar a viejo para caer en la cuenta de semejante obviedad. Aunque, por otra parte, quizá leyendo a los clásicos es posible que podamos adelantar un poco la caída. Lo dijo aquel sabio nacido por casualidad en Belmonte de Calatayud, que lo impotante es saltar por el portillo del caer en la cuenta, aquel que encuentran todos los que le buscan... en Salamanca obviamente.  

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