lunes, 29 de octubre de 2018

A ver si os enteráis

A veces, en mis sueños de héroe, desearía tener una tribuna pública para poder explicar a las masas enchusmatizadas como son, o fueron, las cosas en la realidad. Y es que uno se sabe poco normal para casi todo, para lo bueno y lo malo, que no sé en cuál de los dos sentidos es más pernicioso a efectos de integración social, porque si lo malo te atrae la indiferencia o el desprecio de los demás, lo bueno genera un odio alrededor que obliga al abandono y la huída. Sea como sea, la cuestión es que todo ello me ha proporcionado considerables sufrimientos a lo largo de la vida, aunque es verdad que con la práctica y el entrenamiento se hace músculo para todo siendo después leve la subida de cualquier pendiente. 

Pues sí, ese es el caso, que mi parte buena me proporciona una especial agudeza para relacionar datos y extraer conclusiones sobre los más diversos asuntos. Y claro, cómo no, muchas han sido las veces que he metido la pata hasta el corvejón, pero, debo aceptarlo y no me importa blasonar de ello, muchas más han sido las que he dado en el clavo... y esas son las que nadie te perdona. ¡Dios mío, con lo feliz que vive el populus instalado en la mito, la ficción, el engaño o la mentira, que tanto da! El caso es que la historia les quede bonita y les exculpe de toda responsabilidad, achacando ésta a los famosos poderosos que nadie sabe quiénes son ni dónde están. 

En fin, dejo ya los preámbulos, que ya estuvo bien, y paso a la acción. Y sí, voy a deconstruirles de cuatro patadas todo ese maldito embrollo de la Transición que nos trae a mal traer por aquello de que todo su "relato" se basa en una mentira. Bueno, más que todo, casi todo, ya que la representación escénica que hicieron los políticos también contribuyó a dar cierta carta de naturaleza, o a visualizar si mejor quieren, lo que de hecho ya existía desde hacía unos cuantos años. 

La verdadera transición, señores y señoras, comienza a principios de los años sesenta cuando miles de jóvenes universitarios españoles se fueron al extranjero y con esfuerzos heroicos a veces y otras con la ayuda de sus familias consiguieron entrar en universidades, hospitales, centros tecnológicos y demás y acumular un capital de conocimiento considerable. Les pondré un ejemplo, el jefe que tuve en Oviedo, un chico de un pueblo de Cuenca que hace la carrera de medicina en Madrid, se va luego a Londres a trabajar de camarero para aprender el inglés y de allí a Holanda a trabajar en un hospital. A finales de los sesenta regresa a España con un tesoro inmensamente superior al que traían aquellos famosos indianos de América y lo pone a disposición del país a cambio de un modesto sueldo. Como él a miles. Y por eso aquella España de finales de los sesenta y comienzos de los setenta era como una olla en ebullición. De la noche a la mañana se pasaba del chamán al científico en todos los ámbitos de la vida. El conocimiento había empezado a enseñorearse de las prácticas del poder. 

 Sí, esa fue la transición, la explosión de conocimiento que se dío en el transcurso de la década de los sesenta. Sin duda ello fue posible porque aquella dictadura que, por cierto, Vargas Llosa comparaba  ayer a la de Hitler, también son ganas, no puso palos en las ruedas. La gente entraba y salía de España y el trasvase de sabiduría era ingente. Al final, como decía Borges, la democracia funcionó porque es un régimen político que funciona donde lo hace cualquier otra fórmula. Porque es el conocimiento y sólo el conocimiento el que trae la prosperidad que hace posible que la gente conviva sin matarse. Y el conocimiento tiene sus héroes, como mi jefe de Oviedo. O tantos otros que conocí y que convendría ir colocándolos en el lugar de la historia que les corresponde para que las nuevas generaciones tengan un espejo plausible en el que mirarse y no sentirse avergonzadas. 

Eso, a ver si os enteráis. 

4 comentarios:

  1. para que veas cómo está el Patio,querido Pedro ,te cuento la anécdota que hace unos anhos protagonizó Rene Weller ,un Peso ligero alemán de cierta calidad ,más conocido por sus lios que por sus Victorias.Después de pasarse una pila de anhos en la trena ,el Bild Zeitung le preguntaba,allá por principios de este siglo,qué cqmbios importantes notaba él en la Sociedad ,después de tanto tiempo fuera de Ella...,y contestó:"ahora las tías se afeitan el conho...en mis tiempos no…"te lo dejo para que te rías un poco y veas el percal...un abrazo

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