domingo, 28 de octubre de 2018

Ñoñostiarrería

"Éramos jóvenes y libres en un país que acababa de abrir de par en par las ventanas tras largas décadas de aire cerrado, un país ansioso por modernizarse y superar sus complejos. Zaragoza fue, en tal sentido, un escenario favorable; de ahí mi agradecimiento."

Así termina hoy su artículo de los domingos en El Mundo Fernando Aramburu. Cuenta en él que a finales del año 79 del siglo pasado fue a estudiar a Zaragoza y desde el primer día se sintió allí mejor que en su tierra ñoñostiarra. No me extraña porque las pocas veces que he estado en esa ciudad me ha pasado lo mismo y también le pasó, creo recordar, a Guzmán de Alfarache que la consideraba la ciudad más hermosa y próspera de España, opinión en este caso muy a tener en cuenta por la relevancia del personaje que la emite. 

A mí Fernando Aramburu me parece un tipo entrañable, aunque a raíz de un artículo que escribió sobre su perrito ya me di cuenta de que le faltaba un hervor. Y hoy confirmo esa impresión con la lectura del párrafo de su artículo que he transcrito para ustedes. Es, cual les pasa a tantos españoles de renombre, como si estuviesen a la cola para recibir el  bautismo que limpia el pecado de leso fanquismo. De repente se abrieron las ventanas, dice, y entró aire fresco. ¡Qué deliciosa metáfora de una realidad a la medida unos sueños épicos! Quizá es que en Ñoñostia por aquello de las tradicionales amachus castradoras se respiraba un aire muy viciado. Siempre jugando a ser héroe, aunque fuese a golpe de tiros en la nuca, con tal de llevarse a la amachu al catre. Y ni por esas. Ahí siguen. 

Sí, la inmensa mayoría de los españoles de mi edad tenemos que soportar sobre nuestras ya débiles espaldas el pecado original de haber ejercido una ciudadanía más o menos normal durante los años de nuestra juventud, los, digamos, diez o quince últimos años del periodo que se conoce como franquismo. Fuimos a las universidades y allí hablamos de lo que nos dio la gana, vimos teatro y cine del mejor, viajamos al extranjero, trabajamos en instituciones homologables con las de cualquier lugar del mundo civilizado. Un verdadero oprobio todo ello, porque de haber sido humanos hubiéramos debido dedicarnos en cuerpo y alma a cantar alabanzas a Stalin o en su defecto y por estar más al día a Fidel Castro. En fin, se hizo lo que se pudo y, en mi pobre experiencia, cuando se abrieron las famosas ventanas prácticamente ni se notó porque el aire de fuera y dentro llevaba ya bastantes años intercambiándose sin excesivas trabas. La verdad es que, lo que se dice "complejos", bastante pocos.  

Pero, en fin, ahí están todos esos articulistas de renombre venga a dar a la matraca del pecado original. Ese es el drama de España, no querer reconocer que la ficción del franquismo ya no da más de sí. La historia es un río que antaño tenía las crecidas del deshielo y las sequías del verano, pero que desde que existen los pantanos, bajan ya regulados y casi ni se notan en ellos las alteraciones climáticas extremas. Así, del franquismo a la democracia apenas se notó, sobre todo si se compara con el antes y el después de la invención de la pilule, que aquella si que fue la de la de San Quintín.  Así que ya está bien de ñoñería ñoñostiarra.

Coda.- Por si no lo saben Ñoñostia es San Sebastian, patria chica de Aramburu.

2 comentarios:

  1. pues es verdad,Pedro,yo tampoco lo noté, tenía 14 anhos y la alegría inmensa de tener una semana libre por la muerte del General nunca la olvidaré.Salimos de estampida por la Puerta del colegio,mientras los curas nos reprimían nuestros gritos de alegría.Después todo se fué haciendo más aburrido..hasta hoy.del País vasco lo único que sé es que las vascas ,Vox populi,eran muy estrechas y algo feas.En aquellos tiempos estos comentarios eran muy normales,era lo que se comentaba entre cerveza y cerveza en la barra de los bares,mientras esperabas que el pesado de turno acabara de leer el Marca o la Gaceta.Por cierto,Pedro,el Aramburu vive aquí prácticamente a tiro de piedra,creo que por Hannover.el hombre lleva casi tanto tiempo Como yo en Estas Tierras de herejes.

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    1. sí, ya sé que es vecino tuyo. Un tío majo y meritorio, sin duda, pero como tantos a los que les falta esa garra para ser considerado un intelectual en el sentido literal del término, o sea, que no es previsible. O se acoge a la moda. O a la corrección política. Y tampoco es que haga falta escandalizar, que eso está bien para los humoristas como ese que me mandaste el otro día. Me reí un cacho.

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