domingo, 7 de octubre de 2018

Mucha confusión

Si alguien me preguntase por dónde se encuentran los orígenes de los males que en estos momentos aquejan a España -que tampoco son tantos- lo tendría claro: El País y La Vanguardia, los dos órganos de propaganda de la más estúpida, perniciosa y sibilina de todas las patologías del espíritu, el supremacismo. Los de El País llevan cuarenta años dándole al pandero de la superioridad moral de la izquierda. Los de La Vanguardia, desde ni se sabe a la superioridad étnica de los catalanes. 

Supongo que el sentirse superior a los otros es algo consustancial a la naturaleza humana. El que dice que el no ve chusma por ningún lado es porque no para de ver fachas. El pobre no sabe que está en las mismas: sintiéndose superior. Supongo que privarse de tal sentimiento sería para la mayoría mediocre quedarse sin recursos para apuntalar la autoestima. Somos así y lo único que podemos hacer para paliar sus efectos indeseables es reconocerlo y llevarlo con una mezcla de discreción y cinismo, es decir, a solas consigo mismo. 

En realidad no hace falta haber leído a Freud o similares, para caer en la cuenta de que en la base del supremacismo no hay otra cosa que un complejo de inferioridad. Y, claro, el que se siente así tiene dos opciones: una, dura, sentarse en una mesa a estudiar; dos, blandengue, compartir sentimientos en el rebaño. Que no por otra cosa es que siempre ha habido y habrá socialistas y catalanes, o similares, porque no hizo la naturaleza la cabeza de todos para las opciones duras. 

 Bueno, todos tranquilos porque, por muy molestos que sean, sabemos por experiencia que tanto catalanes como socialistas, por más que ganasen alguna batalla, han perdido todas las guerras. Y las seguirán perdiendo por los siglos de los siglos por razones obvias: no son lo que se creen que son. Están confundidos, lo peor que le puede pasar a cualquiera en definitiva. 

Por cierto, les voy a trascribir unos párrafos de un artículo de Juan Abreu a propósito de otro artículo de Arcadi Espada que levantó mucho revuelo porque llamaba maricón a un político catalán charnego y le invitaba a que le comiese la polla:




"ME ENCANTA la palabra maricón, es fantástica. Y me gustan los maricones, suelen ser más sexualmente libres, y para mí la libertad es el bien supremo. No hay que limitarse sexualmente, limitarse sexualmente es atrofiar nuestra humanidad. Menciono esto porque hace poco, algunos empleados de este diario se ofendieron y escandalizaron cuando el periodista Arcadi Espada escribió mariconazo y polla en una columna. Qué atrasados, me dije. Y qué equivocados acerca de lo que es realmente ofensivo.

Maricón, no es una palabra para ofenderse. En la vida hay que tener muy claro qué es ofensivo y que no. Es fundamental. Hay que ofenderse por ejemplo si te dicen fidelista, o rojo (rojo es una palabra muy ofensiva téngase en cuenta la carga de tortura, muerte e iniquidad que acarrea). Yo hasta si me dijeran socialista me ofendería, la verdad. Pero. ¿Maricón? Maricón no me ofendería nada, no es para ofenderse maricón. Si me dijeran que soy parte de una Revolución, o de un Pueblo entonces sí, con mucha razón, me ofendería. Maricón es una gran palabra. Mis amigos maricones siempre están maricón para aquí y maricón para allá. ¿Pero que se ha creído este maricón? Maricona (lenguaje inclusivo), déjame en paz. Y todo es risas y jolgorio. Yo uso mucho la palabra maricón en mis libros y en mi escritura en general porque es una palabra resonante, llena de connotaciones y repercusiones gozosas. Es escandaloso que alguien crea que ofende, a estas alturas, el uso de la palabra maricón, o que se ofenda si alguien le dice maricón.

Ofensivo es que te digan Garzón. O Puigdemont. Que te digan Puigdemont o Torra(Rufián no tanto porque ese pobre muchacho lo que da es lástima) sí que es algo para ofenderse. Mucho. Si alguien me dijera Puigdemont, o Ábalos, o Torra, o Colau o Urkullu u Otegui (dos caras de la misma moneda, por cierto), me ofendería tanto que, he de ser honesto, tendría que aguantarme para no darle una bofetada. Hay mucha confusión en España a propósito de lo que es escandaloso y ofensivo y lo que no lo es."

2 comentarios:

  1. cuánta rezón tienes ,querido Pedro.el artículo de Juán Abreu..no lo conocía,pero la clava

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  2. Te recomiendo el blog de Juan Abreu. No hay quién le pueda superar escribiendo de erotismo.

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