lunes, 1 de octubre de 2018

Chusma a gogó

 Hoy, de puro aburrido que estaba, me he dedicado a escudriñar La Vanguardia. En su totalidad está dedicada a ensalzar la insurrección de tal día como hoy el año pasado en Cataluña o lo que es lo mismo a echar leña al fuego de un enfrentamiento que tiene todos los ingredientes necesarios para irse de las manos y acabar como advirtió el otro día la exsecretaria de estado estadounidense Madeleine Albright: esto que está pasando en Cataluña ya lo vimos hace poco en Yugoslavia, dijo. 

Luego, ya, metido en harina, me he ido a El País y más de lo mismo so capa de cal y arena, su verdadera especialidad. Nada de lo que sorprenderse porque como todo el mundo sabe El País está lleno desde sus inicios de catalanes de guardia. Es el mal absoluto ya que, al ir revirado, sus lectores necesitan de una cierta altura de comprensión lectora para no ser víctimas de tan curil persuasión. Pueden estar ustedes seguros que dado el nivel medio de discernimiento  de los lectores de ese diario hoy habrá unos cuantos miles más convencidos de que lo de Cataluña sólo tiene soluciones políticas, es decir, darle más mano larga a la oligarquía de aquella región de España para que mangoneen y expriman a la gente a su antojo. Otra vuelta tuerca hacia el feudalismo medieval en definitiva.

A mí, la verdad, todas estas cosas ya me van importando un carajo y no sólo porque ya me quede poco de aguantarlas. Es que además cada vez estoy más convencido de que a la larga no muy larga se irá imponiendo a las claras el modelo chino de tiranía tecnocrática. Y digo a las claras porque a las oscuras es muy probable que ya estemos en ello. Ahí está esa Comisión Europea que nadie sabe cómo se elige y que a la hora de la verdad es la que nos saca de todos los apuros. Bueno, sin ir más lejos, de tiranía tecnocrática saben un montón los españoles de mi edad libres ya de prejuicios antifranquistas... nos fue de cine salvo en lo del fornicio que creíamos que era por Franco pero en realidad era porque no se había inventado todavía la pilula... y, encima, los jóvenes de entonces pudimos ser rebeldes porque el mundo nos hizo así sin que por ello tuviésemos que renunciar a hacer de todo en un seiscientos.

En definitiva, que lo que aquí cuenta es que los del Instituto de Física Teórica de Madrid necesitan ir al Centro Nacional de Supercomputación de Barcelona para resolver los cálculos más enrevesados. Por cierto que en este caso lo de Nacional es por España y no por Cataluña como algún ingenuo podría creer. Así que, cuando las cosas están atadas por lo más alto, a los de abajo no les queda más recurso que ese pataleo que  hoy vienen ensalzando con manifiesta desvergüenza La Vanguardia y El País. ¡Qué chusma, por dios! 

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