miércoles, 3 de octubre de 2018

Casus belli

Una de las frases más brillantes en lo que a ciencia política hace es aquella que pronunció Borges en la magnífica entrevista que le hizo, creo recordar, un tal Soler y que está colgada en Youtoube: "la democracia, dijo, es un régimen político que funciona allí donde funcionaría cualquier otra cosa". Lo cual no quiere decir, por supuesto, que donde funcionan otras cosas, la tiranía, por ejemplo, que, conviene recordar, en el mundo clásico no tenía ni mucho menos las connotaciones actuales, vaya a funcionar la democracia. 

No tengo ni idea de cual es la situación real en estos momentos en Cataluña, pero me la puedo imaginar a juzgar por lo que vi cuando viví allí: una parte de la sociedad tenía completamente arrinconada a la otra a efectos de chupar del bote institucional. La cosa había comenzado justo el año en el que llegó al poder el "hombre de estado" Jordi Puyol. Aquel año se produjo lo que a mi entender fue la gran catástrofe que está en el origen de estos lodos que ahora nos ahogan: 14000 maestros se fueron de Cataluña. Ni que decir tiene que de inmediato fueron sustituidos por otros que en su inmensa mayoría no tenían otros méritos que los de pertenecer a la cofradía Pata Negra. El "hombre de estado", desde luego, sabía lo que se hacía. Como pude comprobar desde mi situación privilegiada, el mismo día que le alababan su seny, esa cursilada, en Madrid, por cualquier cosa que había dicho, luego se explayaba en la televisión catalana diciendo lo contrario, o sea, que Madrid les robaba. 

Así, en cuatro días lo que se montó en Cataluña fue un régimen fascista que lo hubiese sido en toda regla de haber dispuesto de la capacidad de montar una fuerza de choque al estilo de la guardia republicana iraní. Sí, no podían ir por la calle con una vara en la mano atizando a los que no hablaban catalán. Pero se les notaba demasiado las ganas que tenían de ello. Por lo demás, el aparato del estado lo tenían controlado hasta el último detalle con la propaganda como punta de lanza. No cesaban de aguijonear. Aquello era absolutamente nauseabundo. 

Mientras tanto en el resto de España los grandes sueldos del poder institucional se repartían, más o menos civilizadamente, entre los dos grandes partidos. Los dos sabían que tarde o temprano les llegaría el turno para forrarse y con eso "santas pascuas". La democracia, no se cansaban de repetir, funcionaba a las mil maravillas. Y en ello están aunque ya va siendo difícil engañar al respetable sobre el verdadero intríngulis de la farsa. Y es que se han multiplicado tanto los que quieren vivir del invento que la teta se ha quedado flácida. Pero, en fin, todavía hay inercia para que la cosa vaya sola por una temporada.  

Volviendo a Cataluña, hace unos quince años o así, hubo un día aciago en el oasis fascista imperante: Arcadi Espada, Albert Boadella, Félix de Azúa, y así hasta una docena de personas preclaras, se reunieron en un restaurante de la Plaza Real para contarse sus penas. Y decidieron organizarse y actuar y en menos de dos años ya estaba constituido el partido político Ciudadanos. Media docena de años más y ese partido se había constituido en una amenaza real para el poder hegemónico. Había que actuar porque con las cosas de comer no se juega. Miles y miles de sueldos institucionales que parecían asegurados de por vida de pronto se iban a poner en juego. Por no hablar de los contratos a empresarios de la cuerda que iban a quedar en el aire. La sola idea era insoportable. "Esto siempre ha sido nuestro y siempre lo continuará siendo", dijo entonces en sede parlamentaria el cretino Maragall. Lo dejó más claro que el agua: en Cataluña sólo funciona la mafia. Y si nos disputan el territorio, pues la noche de San Valentín, como en Chicago años treinta. Y eso es todo lo que a mi juicio está pasando, que ha llegado esa noche. 

Por todo lo expuesto creo que el estado de la cuestión es sumamente peliagudo. Tener que repartir lo que me han dicho que me pertenece por derecho divino es inaceptable. Deshacer una mentira que viene siendo verdad desde tan atrás es como querer que la tierra gire del revés. Casus belli en cualquier caso. Y en ello estamos y pongan una vela a San Valentín para que la noche sea leve.  

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