martes, 2 de octubre de 2018

Jerarquías

Me pregunto que cómo sería el mundo con todos sus rollos sociales y demás si en vez de utilizar todos los esfuerzos mediáticos a ensalzar ad nausean a futbolistas, actores, toreros y profesionales del entertainment en general, dedicasen parejos esfuerzos a la difusión de lo sublime, es decir, la epopeya permanente de la inteligencia humana en su búsqueda de la verdad absoluta acerca de lo que nos constituye. No sé, pero puedo imaginarme el súbito ataque de discrección de ese macarra tan aficionado a invadir el espacio público con sus horteradas al ser consciente de su insignificancia frente a esos señores callados que saben manejar aceleradores de partículas. Porque eso sospecho, que esa chulería con la que el populus exhibe sus cachivaches es producto de su absoluto desconocimiento de hasta que punto es ruin frente el poderío de los que aunan inteligencia y esfuerzo. 

 Porque hay una cosa que me parece evidente: la inmensa mayoría, por mucho que nos esforzásemos, no estaríamos capacitados, por el mero querer de los dioses, para comprender las ecuaciones elementales de la mecánica cuántica. Pero sí, hasta los más cortos de entendederas, podrían tener conciencia de que pueden usar el móvil no gracias a su abuelita que se lo regaló por el cumpleaños sino porque hay unos señores que no sólo comprenden sino que también saben operar con esas ecuaciones hasta sacarlas utilidad práctica. 

En resumidas cuentas, la conciencia de las jerarquías, con el conocimiento erigido en rey y señor de todo lo demás. Entonces, ¿qué pasaría? No sé, quizá viviésemos más callados. O más civilizados, si mejor quieren. 

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