Pienso que si en algo me voy repitiendo en las entradas de este blog es en el intento de explicar lo que para mí es la raíz de todos los males que aquejan a la actual política española. Y sé de sobra que mi problema para hacerme entender en tan espinoso asunto estriba en las limitaciones de mi prosa de aficionado. Se necesita mucho oficio para tan altas pretensiones. Por ejemplo, sin ir más lejos, el que tiene Arcadi Espada que hoy en su artículo del mundo "Estancias privadas de Franco" describe con la sencillez y economía que caracterizan a las tesis de los genios lo que la tosquedad de mis argumentos hacía ininteligible. "Franco fue una letal exigencia pragmática", ya sólo con esta frase deja todo el el asunto visto para sentencia. Como, por poner un ejemplo parejo, pudo serlo Pisistrato en la descerebrada Atenas de Solón. Pero, a lo que íbamos, a la estulticia de la susodicha derecha que se avergüenza de lo que sin duda ha sido su mayor logro: haber comprendido la ineludible necesidad de esa exigencia y haberle prestado su apoyo. Y, ahora, no saber pasar los resultados del experimento por delante de las narices de sus oponentes. ¿Porque quién podría negar que fueron espectaculares? Ahí están los números para corroborarlo, que diría Feyman para dejar la discusión cerrada. Porque para nada hace falta sacar a colación que los socialistas mataron a mi abuelo por ser empresario cuando por haber perdido las elecciones se levantaron en armas contra la legalidad vigente en el 34. Eso ya, pelillos a la mar. Lo que cuenta es la cantidad de españoles que cuando murió el dictador ya tenían coche, segunda vivienda, título universitario, y cosas por el estilo.
Escribe Arcadi:
"Franco no prescribe. Hay quien deduce de ello la necesidad de que los españoles se sometan a un tratamiento psicoanalítico. No me lo parece. No creo que Franco fuera padre hasta el extremo que necesita esa pseudociencia para explayarse. Franco fue una letal exigencia pragmática. No sólo en su alzamiento. No sólo hasta su muerte. Lo más extraordinario es que hoy sigue siéndolo por obra y gracia de sus enemigos, que lo utilizan para sus fines de una manera igualmente pragmática. Entre el viejo reformismo adscrito a lo que fue la Unión de Centro Democrático circula una tesis sofisticada e interesante. Si Franco sigue siendo un recurso eficaz de la izquierda es porque la derecha cometió el error de no asumir que, en efecto, ellos eran los herederos del franquismo. Buena parte de la falta de caducidad proviene de que nunca en democracia se levantó de su escaño un portavoz de la derecha y dijo: "Sí, nosotros somos los herederos de Franco". Al tiempo que señalando a las bancadas de la izquierda proseguiría: "Como ustedes lo son de Largo Caballero". Con su falta de reconocimiento de la obviedad, con sus balbuceos ante cada mención de Franco, la derecha convirtió la exigencia pragmática del franquismo en una suerte de pecado original. Es decir, selló su carácter imprescriptible. Y algo peor: permitió una continuidad. Porque lo que la izquierda le dice hoy a la derecha, constatado su vergonzante complejo, no es ya que sea una pura herencia del franquismo sino que es el franquismo."
En fin, para mí que algo se está moviendo en la buena dirección. Y como siempre pasa con estas cosas gracias a que hay gente encerrada en su habitación pensando.
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