sábado, 29 de septiembre de 2018

Expectativas

Si hay algo que haya aumentado exponencialmente en esta ciudad en la que vivo, y supongo que en todas, es el número de ancianos, y ancianas sobre todo, por lo general amomados, que van en sillas de ruedas empujados ya sea por un familiar o, mucho más frecuente, una doméstica andina. Es una consecuencia directa, y sarcástica, del aumento de las expectativas de vida. ¡Y qué le vamos a hacer! Y más que van aumentar en el futuro si tenemos en cuenta que se ha puesto de moda el colocar en el regazo de esos viejos, y viejas, amomados un perrito con lacito de esos que llaman yorkshire. Una verdadera monada que a buen seguro se convertirá en el desenmomizador que desenmomizará lo que a todas luces parecía endesenmomizable. Y las domésticas, claro, tan acostumbradas como están a limpiar cacotas no se van a inmutar por tener que recoger unas caquitas de más, que para eso están. 

En realidad, si bien se mira, esto de las expectativas es como el trocito de queso que se pone en las ratoneras para atraer al ratón hacia su perdición. Y si mejor se mira todavía, toda la producción literaria desde la noche de los tiempos no ha sido otra cosa que una continua advertencia para que no nos fiemos del trocito de queso que está ahí a disposición del primero que llegue. Bien es verdad que a la vista está que no ha servido para casi nada. Porque la esencia de la humanidad es no hacer caso de las advertencias de los sabios porque lo que en realidad le gusta es vivir atrapada en la ratonera. A la que sales de tu habitación, ¡ala!, ya estás dentro de ella. Y no porque lo dijese Pascal, que era listo donde los haya habido, no, se lo digo yo por propia experiencia: en la calle solo hay embuste so capa de expectativa. O vampiros y zombis, aunque no entiendo muy bien la diferencia. 

En fin, antes iba al parque porque lo consideraba una extensión de mi habitación, pero resulta que ahora está lleno de perrazos sueltos. ¡Otra expectativa que se me fue al carajo! ¡Albricias! Ya no hay casi nada que me incite a abandonar mi reducto sin trampas. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario