jueves, 27 de septiembre de 2018

Décontracté

Uno ve el vestido que se ha puesto la mujer del Dr. Sánchez I Suppose, para ir a ver al siempre denostado por odiado matrimonio Trump y siente pena por ella. Primero un padre dedicado a negocios de prostitución, luego un marido más corto que las mangas de un chaleco y, para terminar, ya digo, ese vestido. Y digo yo, ¿pero es que no hay nadie en esas alturas que habita que la quiera un poco? Pues parece ser que no porque, de lo contrario, alguien le hubiera dicho, tía, que ya dais bastante el cante, no quieras subir un tono más que seguro que te sale un gallo. Pero nada, ni se enteran, que para eso está El País, para tergiversar los ridículos de los nuestros en gracias. ¡Flaco favor!

En realidad todo esto del Dr Sánchez I Suppose está resultando una sitcom de lo más divertida. Cada día tiene su "pillados con las manos en la masa" rematado por el inevitable "esto no es lo que parece". A eso se reduce todo y mientras tanto la nave va merced a una inercia que viene de muy atrás más las fuerzas añadidas de los que compramos en Zara y Mercadona... los del Instituto de Física Teórica, que les decía ayer, y su estela de seguidores, por señalar a alguien. 

Así son las cosas, el Dr. Sánchez I Suppose está ahí porque, por decirlo con pedantería, ha cambiado el paradigma. Antaño, la figura del torero se bastaba para que los desheredados de la autoestima vislumbrasen la esperanza. Hoy día se necesita que un Don Nadie, tramposo por demás, llegue a jefe del ejecutivo, porque esa es la prueba del nueve de que cualquiera puede ser alguien con un poco de gimnasio y unas gafas de puto amo. 

Es muy difícil, sí, tener la fiesta en paz. Y los que mandan lo saben y hacen sus malabares para lograrlo. Porque al fin y al cabo, qué es un jefe del ejecutivo. Se lo diré: más o menos como un jefe de departamento en Zara o Mercadona, sólo que con más presencia en los medios. Pero igual que ellos, una decisión fuera de programa y sería fulminado. Así son las reglas del juego y no conviene confundir las florituras de lucimiento con la vulneración de las reglas. Por eso, a mi juicio, los gritos de las histéricas están de más, porque de momento no hay más que un seguimiento de guión con estilo de comedia. O sea, el ideal para que se luzcan comentándolo las grandes plumas del país. ¿O es que recuerdan momento alguno con semejante explosión de talento en los medios? Ríanse ustedes de cuando aquella famosa generación del 98. Lo de ahora comparado con aquello es encarnizamiento hermenéutico adobado de sarcasmo décontracté. O sea, una invitación al optimismo porque no hay moros en la costa. Y los pocos que hay solo quieren venir para abrir las zanjas. 

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