Que conste que lo único que me interesa de verdad de Sky News y la BBC es escuchar inglés en un inútil intento de conservar el poco que me va quedando ya. Es otro más de los muchos mantenimientos que hago para sacar adelante la ilusión de que, aunque sea en precario, mantengo el tipo. Pero, en fin, ésta es una historia jeremíaca en la que no quiero abundar. El caso es que escucho y veo esas emisoras y, con lo poco que entiendo, me doy cuenta de que lo del Brexit en Gran Bretaña es exactamente lo mismo que lo de Cataluña en España: dos escusas que se han buscado ambas sociedades para poder meter en sus aburridas y letales opulencias el salvífico ingrediente de la agonía.
La cosa no es difícil de entender. Uno mira la historia de los dos países del Renacimiento para acá y ve que han abusado como ningún otro de semejante droga. Y, a la vista de los resultados, con notable éxito. Ningún país que yo sepa tiene personajes como Blas de Lezo o Nelson que parece que se crecían cuanto más mutilados estaban. Sacando energía de las desgracias unos y otros han impregnado el mundo con sus costumbres. O culturas que le dicen. Y ahora, claro, vete tú y diles que a palo seco. No saben lo que es el mono los que tal sugieren.
Por eso, por más que tanto el Brexit como el Catalindondón parezca jugar con fuego, no se preocupen porque no es más que seguir con la adicción a la agonía. O al borde del precipicio. Pero siempre con cuerdas a mano para hacer rápel caso de que falle el equilibrio y haya que descender un poco. Nada grave salvo unos coscorrones para que la letra entre.
En cualquier caso, sendos bodrios de agonía. A la medida de la chusma que es en definitiva el dragón con el que ningún San Jorge puede.
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