Recuerdo una película de los años sesenta o así, en la que un grupo de militares encabezados por un general que encarna Burt Lancaster intenta dar un golpe de estado en Wasington. Al final, como no podía ser menos, la intentona falla, pero el mensaje que deja la película es claro: nadie está a salvo. El poder está en donde está y a los niños se les deja jugar a las casitas mientras no destrocen el jardín.
Hoy leo un curioso artículo en el que se viene a afirmar que en EEUU lo que está pasando en realidad es que están llevando las riendas del Estado dos viejos generales. Y por eso no pasa nada que no sea un poco de ópera bufa para tener al personal distraído y que pueda seguir jugando a las casitas y creyéndose mayores. Pero el jardín que no me lo toquen.
Y es que me parece a mí que todo esto de la democracia está entrando en barrena. Le han salido tantos curas a esa religión que el personal ya no puede ni dormir tranquilo no vaya a venir uno de ellos y le birle la mujer. Es el eterno retorno al feudalismo medieval que acaba por provocar que la gente pida a gritos que venga un Rey unificador. Con un rey, o un tirano, el poder siempre está más lejos y la visión de sus privilegios se diluye en la distancia. Es más soportable en definitiva.
Ahora va uno y recuerda aquellos años en los que España era Una, Grande y Libre y añora el montón de ventajas prácticas que tenía. Una sola administración, una sola lengua, una sola sanidad, una sola educación, una sola calidad de ciudadanía. Luego vino aquella heroica Transición que al decir de los cuentistas fue la envidia del mundo mundial y todo se fue al carajo. De golpe y porrazo de ser una sociedad moderna y cosmopolita pasamos al provincianismo más cutre. Un regreso en toda regla al feudalismo, con los curas que sirven al señor de turno siempre encima de la chepa. Y no hay forma de sacudírselos porque lo saben todo de ti. Y menos mal que el pertenecer a Europa y la OTAN pone límites a sus ansias de control, que no por otra causa es que ya hayan empezado a dirigir todos sus esfuerzos a desprestigiar esas dos instituciones.
En fin, ya digo, a la postre el poder está donde está y si los niños empiezan a destrozar el jardín se les quita el juguete y se les castiga a permanecer en el rincón. No creo que vaya a tardar mucho en suceder porque esto ya se parece a la canción aquella que tocaba un marinero con su guitarra a la orilla del mar. ¡Vaya un tostón!
No hay comentarios:
Publicar un comentario