La prensa está que lo tira: reserva una habitación de hotel para encontrarse con su amante y a quien se encuentra es a su suegra. Gritos e insultos. Como los hechos sucedieron en Argentina, supongo que boludo y cosas así. Lo verdaderamente sorprendente de semejante nimiedad es que haya saltado el charco para aparecer de forma más o menos ostentórea en prácticamente todos los medios de comunicación de la Madre Patria. Porque así están las cosas: el mundo convertido en gigantesca cancha en la que sólo se juega a expiar los pecados. La hicistes, pues a la picota digital. Sin perdón, al estilo Clint Estwood.
Ayer, por ejemplo, estuvieron durante horas todas las televisiones del mundo mundial retransmitiendo la sesión de control, o interrogatorio si evitamos los eufemismos, al que el Senado de EEUU estaba sometiendo a una paya que por lo visto acusa a otro payo que va para muy importante de haberla tratado de violar en un guateque allá por los años 80, cuando los dos eran adolescentes. Bueno, seguro que estuvo feo, pero...
Por dios bendito, pero qué locura es ésta. Como si uno no tuviese ya bastante con lo que la propia conciencia te tortura en los días depresivos, cuando la memoria se recrea en revivirte los momentos más abyectos de tu existencia. Porque, ¿quién no los tuvo? Ni los socialistas se libran, ¡y mira que lo parecía!, como bien se está comprobando en estos días aciagos para ellos.
Es muy difícil prever a dónde nos va a llevar esta dinámica imperante de la pureza como sinónimo de la excelencia. Yo, siempre hubiese apostado porque pureza y excelencia es un oximorón, pero parece que no, que es justamente un pleonasmo. Los excelentes son los puros y viceversa. Como en las historias de mamá cuando comentaba de su familia directa. Quizá todas las mamás del mundo hagan lo mismo y de esos polvos... el chasco que te llevas cuando empiezas a hurgar. Y más todavía cuando son otros los hurgan buscando cortarte el paso.
Y pensar que hace cuatro días todo era al revés. A Gide le dieron el Premio Nobel entre otras cosas porque contó con maestría en sus memorias su aficción desatada por los niños. A Mao le tenían que servir en bandeja todos los días una adolescente virgen so pena de que se le apagase el genio demiurgo. En realidad, qué otra ventaja tuvo hasta ayer el ser famoso o poderoso que no fuese el tener bula para dar rienda suelta a las bajas pasiones sin por ello suscitar la reprobación del respetable. Si uno era el mejor en lo suyo, pues a engrasarle la autoestima como fuera menester con tal de que siguiese dando frutos. Esa ha sido siempre la tónica del mundo y cambiarla se me antoja letal. Porque es que además, me parece imposible más allá de bajar las persianas de la galería para que no se vea lo que pasa detrás.
Sí, señoras y señores, a tal abuso de inquisición sólo le veo una salida digna: la entronización como dueña y señora del mundo a la hipocresía que, como supongo sabrán ya, no es otra cosa que el homenaje que el vicio hace a la virtud. Eso, persianas abajo.
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