Sabido es que Atenea al final se compadeció de Prometeo y decidió convertir la roca a la que llevaba ya mucho tiempo encadenado en un diamante. Y le ordenó que engastase el diamante en una sortija que debería llevar en sus dedos para tener siempre presente el precio que hay que pagar cuando se juega a engañar a los dioses. Desde entonces hay gente que se esfuerza en imitar a Prometeo en lo de llevar un diamante en sus dedos sin ser conscientes de haber estado previamente jugando con la confianza de los dioses. Una vez más ¡sancta simplicitas!
Los diamantes son carbono puro que hasta hace poco sólo se podía formar a las altas presiones que hay a grandes profundidades de la corteza terrestre o, también, pueden haber sido traídos a la tierra por meteoritos producto del estallido de otras estrellas. Así es que se encontraban, una de dos, o cerca de donde habían caído meteoritos o donde hubo en tiempos erupciones volcánicas. Difícil encontrarlos en cualquier caso. Y de ahí su extraordinario valor y su convertirse en símbolo por antonomasia del poder . La gente poderosa, y sus señoras sobre todo, los lleva en los dedos sin tener en cuenta para nada los sufrimientos humanos que, por lo general, van ligados a su hallazgo: han sido necesarios muchos prometeos encadenados durante años en el fondo de las minas antes de dar con uno.
Pero como cantaba un folklórica hace años: "el no follar se va a acabar". Porque esa es la condición de todo, el acabarse algún día. Y lo de los diamantes como símbolo de poder no va a ser una excepción. Porque ahora los hacen sintéticos. Y para distinguirlos de los auténticos se necesita un aparataje tan costoso que no hay joyero que se lo pueda costear. Así, hoy día te puedes comprar un pedrusco por, pongamos uno, igual que otro que hasta ayer te costaba diez y no hay en muchos kilómetros en la redonda quién que pueda venir a descubrir el pastel. Una vez más Atenea se ha apiadado de los pobres desgraciados encadenados, en este caso en el fondo de una mina, y los ha liberado por el sencillo procedimiento de restar valor simbólico a lo que de allí extraían.
Y así es como poco a poco el mundo se va haciendo plano. El otro día les contaba lo de la carne sintética: todo el mundo la podrá comer dentro de cuatro días sin distinción de credo ni raza... y sobre todo de poder adquisitivo. Y digo yo que a este paso ¿con qué nos vamos a diferenciar los unos de los otros?
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