lunes, 24 de septiembre de 2018

Curiosos impertinentes

El doodle de Google de hoy está dedicado a las cuevas de Altamira. Se trata del famoso bisonte. Pongamos que fue pintado hace entre quince y doce mil años, lo cual, entre otras cosas, nos viene a demostrar que el ser humano viene siendo complejo desde la noche de los tiempos. Con su sentido de lo simbólico y todo eso. 

En los últimos tiempos, quizá influido por esa serie cómica que se llama The Big Bang Theory, me dedico a ver vídeos de física teórica. Cosas que son, pero no son y se pueden calcular por medio de las probabilidades. Y lo bueno del caso es que con esos cálculos de chamán se pueden fabricar después todas estas cosas de las que no podemos prescindir. Un mundo que pareciera de magia potagia, pero que, después, bien pensado resulta que no, que los que le habitan conocen  sus límites y posibilidades. Queda, indiscutiblemente, mucho por explicar, pero con lo que ya sabemos tenemos más que suficiente para que se nos vaya la olla por el lado de la soberbia y dejemos el planeta al modo que describe Ovidio cuando a Faetón se le desbocaron los caballos. 

Cuando a un primate cualquiera, por la acción de un rayo gama o la que fuese, le mutó un gen lo que en realidad paso es que se convirtió en un curioso impenitente. A partir de ese momento ya no pudo parar de querer saber lo que hay detrás de todos los muros. Así es, que, bien pensado, lo único que acaba por dar sentido a la vida es derribar muros. Y en la capacidad que tiene cada cual para llevar a cabo con éxito esa tarea estriba la gran diferencia entre unos y otros. Sin duda los elegidos son pocos, aunque después, una vez derribado el muro, los que miran y ven, que siguen siendo pocos, consideren como hazaña personal lo que fue mérito de otros. La inmensa mayoría por más que mire no ve nada ni falta que le hace para sentirse como un dios omnipotente con tal de tener la barriga llena y poder ir a votar cada cuatro años... a los socialistas por lo general.  

Pero, en fin, a lo que iba, que hoy día tendemos a pensar que hemos evolucionado mucho como especie. Como si nuestras neuronas tuviesen ahora muchas más conexiones entre ellas que cuando lo de Altamira. No lo sé, la verdad. Pero puestos a apostar lo haría porque la proporción de personas capacitadas para pintar un bisonte como el que hay en aquel techo es exactamente el mismo que en aquel entonces. Una exigua minoría. La misma que unos años después extrajo los metales de las rocas y después les mezcló buscando la dureza capaz de matar mejor. Y así siempre. Hasta hoy con los quarks y los gluones que sólo unos pocos entienden para que sirven. 

Así que, curiosos todos desde la noche de los tiempos. Lo malo, claro, es que esa curiosidad puede ser también impertinente. Y entonces te pasa como al memo de Candaules que no sólo le costó la vida sino, lo peor, que lo hizo de forma ridícula. Sospecho que es lo que nos acaba pasando a la inmensa mayoría. Desde siempre. 


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