Este año en Castilla ha sido la repanocha. Hemos tenido toda el agua que nos ha dado la gana para regar y tirar. Y las cosechas en consonancia. Al final el PIB ha subido tres puntos y pico. Ni les digo lo ufano que está el gobierno local por lo que el parecer considera mérito suyo. Ya saben que, como dijo Noséquién, está esto de idiotas que no cabe uno más. En fin, ya se olvidó la catástrofe del año pasado que es que parecía esto la guerra del fin del mundo. Eso, se da por descontado, nunca volverá a suceder. ¡Faltaría mas!
Pero el caso es que mirando las televisiones de allende los Pirineos va uno y se entera de que lo del año pasado aquí ha sido la tónica general de este año en todo el norte de Europa. En la Ingalaterra que decían en mi pueblo, las vacas ya se han comido el forraje que se había almacenado para el próximo invierno y la cosecha de frutas y hortalizas ha sido un verdadero desastre porque, claro, acostumbrados como están a las lluvias continuas les ha pillado la sequía desprevenidos y sin recursos para paliarla. Y eso por no hablar de Suecia donde se han quemado extensiones ingentes de sus famosos bosques a causa no solo de la falta de lluvia sino también a las persistentes temperaturas rondando los cuarenta grados. Alemania, más de lo mismo. Y así todos. ¡Ay, lo que hubiesen dado todos ellos este verano por haber disfrutado en el pasado de un Paco el Rana! Lo que son las cosas.
Bromas aparte, esto del calentamiento global cada vez se está pareciendo más a lo de la existencia de dios. Defensores y detractores a falta de argumentos fehacientes para su causa, al final, sólo podrán echar mano de la violencia para defender su punto de vista. Sólo nos queda esperar, entonces, que lo del calentamiento no cause tantos muertos como lo de la existencia de dios que todavía se cobra hoy día buenos réditos en muchas partes del mundo.
Digamos que la inteligencia del ser humano alcanza hasta donde alcanza y a partir de ahí los honestos se limitan a especular y los sinvergüenzas a creer -la famosa fe-. Ya lo decía un tal Onetti, a las personas con fe, con la ayuda de dios no me las encuentro y, si dios me falla, pongo de mi parte todo lo que puedo para salir pitando. Porque la fe, que nadie se llame a engaño, sólo es un eufemismo de la burricie.
En definitiva, el planeta se calienta y el nivel de los océanos sube. Son hechos constatables. Sus causas también lo parecería que lo fuesen y por eso tienen tantos defensores, muchos incluso rayando el fanatismo. Pero a la postre sólo es un asunto de fe porque a los detractores no les cuesta encontrar soporte para sus tesis en la casuística. Hay en la memoria -si fuese socialista diría histórica- episodios de calentamiento y enfriamiento para los que no se tiene más justificación que los caprichos del azar. Ni siquiera con los famosos big data se pueden abarcar esos caprichos, así que, como decía, si somos honestos limitémonos a especular.
Ahora que lo que sí es verdad es que la mayoría de todas esas causas que según los fanáticos están en el origen del calentamiento son en general un verdadero incordio para la buena vida. Estas ciudades llenas de coches, estos cielos llenos de aviones, estas masas turísticas, éste despilfarro de decibelios, éste comer como chones, ésta inagotable ansia de celebrar lo irrelevante... podría seguir ad infinitum con la lista de estupideces que hacemos con la inútil pretensión de huir de nosotros mismos. Y no te digo ya, si coges, agarras y te pones a leer Las Cartas Morales a Lucilio, entonces, ya, apaga y vámonos, porque caes en la cuenta de que no has dado ni una en el clavo en tu puta vida. Y esa, y sólo esa, es nuestra condición.
No hay comentarios:
Publicar un comentario