jueves, 31 de enero de 2019

Hechos

Mi particular impresión es que las cosas que importan siguen su camino de forma discreta y persistente hacia mejor. A fines del año pasado decidí que ya era mi hora de ir soltando lastre y empecé a borrarme de algunas cosas. Por ejemplo, me di de baja de la mutua sanitaria a la que venía perteneciendo desde hace más de veinte años. No necesité ni diez días para cuestionarme la decisión y ni veinte para revertirla. Afortunadamente, a pesar de mi avanzada edad, me volvieron a admitir sin problemas. En realidad lo que pasó es que sin saber cómo ni por qué empecé a fijarme en noticias referentes a la sanidad pública y me di cuenta de que  con muy poco esfuerzo podía evitarme todas esas molestias que padecen los que dependen de ella para sus problemillas de salud. Conozco el percal de sobra y sé que por la propia naturaleza de las cosas los sistemas públicos de servicios privados tienen una tendencia irrefrenable a la perversión. 

El caso es que, en este caso, mi impresión no es porque sí sino fundada en los hechos. Hay en España alrededor de trece millones de pólizas en la mutuas sanitarias. Teniendo en cuenta que muchas son familiares quiere decir que más o menos la mitad de la población de este país ha llegado a las mismas conclusiones que yo respecto a que ha llegado la hora de responsabilizarse de los propios asuntos y dejar que los ingenieros sociales se ocupen de los que no pueden ocuparse de sí mismos. 

Estoy convencido de que es una tendencia imparable. A medida que las sociedades elevan su nivel cultural, es decir, maduran, tienen una propensión irreprimible a deshacerse de la tutela de los Estados para todas las cuestiones que van más allá de la seguridad jurídica. Ustedes señores políticos, limítense a meter a los hampones en la cárcel y déjeme a mí que me ocupe de mis asuntos. Qué tienen ustedes que meterse en cómo educo a mi hijo si tengo un curriculum académico tan bueno como los suyos o mejor. O es que acaso no tengo derecho a gastarme en colegios lo que usted dilapida en garitos de comida fusión. ¡Déjeme en paz, hombre, y métase en sus asquerosos asuntos! 

Así son las cosas aunque no lo parezca: la acción del Estado sobre la personas es y será cada vez menor. A pesar de los impuestos y todo eso. Hay muchos jóvenes ahora que viven en un mundo sin fronteras y que no saben que coño es eso de VOX. Hábleles del block chain y las fuerzas elementales, que de eso sí que están puestos. Y también saben sin que aparenten saberlo que  ellos son los verdaderos ingenieros sociales del mañana. 

Por lo demás, los indios seguirán pretendiendo parar al tren con sus caballos y flechas. Eso hasta el fin de los tiempos. Es la rabia de los dejados de lado por la madrastra naturaleza. 

martes, 29 de enero de 2019

Completely expected tale



Éste era un libro que circulaba entre los estudiantes de Salamanca con profusión, dado lo cual, nada tiene de extraño que acabase cayendo en mis manos dado que andaba por allí en plan paseante en corte. El título lo dice todo, esperas cualquier cosa menos lo que acaba pasando. O no tanto, porque dado el desvarío que se ha ido creando a lo largo del relato cualquier cosa es posible. Sea como sea, como orientación, les diré que Hitchcock llevó a la pequeña pantalla estos relatos. 

El caso es que estos días me acuerdo mucho de todo ese unexpected mundo creado por Roald Dahl con motivo de que  paso largos ratos viendo Sky News en donde, se diría, están dedicados en cuerpo y alma a mantenernos en vilo con motivo de acercarse el desenlace final del brexit sin que ello suponga que haya posibilidades que han quedado ya descartadas. Es un final abierto desde la nada al infinito. Así que, señoras y señores, permanezcan atentos a la pantalla. 

Bueno, en realidad, si bien lo pensamos, todo lo que tiene que ver con la política es a completely unexpected tale del que la única conclusión que al final siempre se saca es que hay demasiada gente viviendo como dios del invento de la tensión permanente. Y si baja la tensión, y perdonen la crudeza, se tira a un niño Julen al pozo para subirla de nuevo y mantenerla hasta que aparezca en el horizonte otro alarde de la nada con aires de maldito embrollo.    

Al final, convénzanse, todo se reduce a lo de siempre, a ir al teatro para distraer el tedio. Hasta que, claro, tan distraídos como estábamos, se suben al escenario unos verdaderos asesinos como los hermanos Castro, o los Chávez, o los Iglesias, y cuando despertamos no es el dinosaurio el que estaba allí sino miles de muertos de hambre llamando a tu puerta. Y entonces resulta que de unexpected nada de nada; lo que ha pasado entonces es que has andado haciendo el melón y te la han colado por la escuadra. ¡Pues claro, hijo, no hay que dormirse en los laureles!                

lunes, 28 de enero de 2019

Los ochomiles


Como les iba diciendo, solía decir mi padre, el que inventó la guitarra debía de ser tremendo. Desde luego que me hubiese sido de gran provecho comprender toda la sabiduría que se encierra en semejante chascarrillo. Porque la guitarra puede ser la metáfora de casi todo lo inteligente que hay en el mundo. Evidentemente, no fue cosa de un día para otro. Supongo que se empezaría utilizando cualquier objeto cóncavo para amplificar el sonido que hace una cuerda cuando vibra. Con eso sólo ya se puede hacer un montón de música. Pero a alguien, no sé cuanto tiempo después, se le debió ocurrir añadir otra cuerda y tensarla a la distancia de una cuarta de la otra para que fuese fácil formar acordes presionando las dos a la vez. Fue un salto gigantesco que alguien tuvo que dar. Y así, salto a salto hasta la guitarra de hoy, de seis cuerdas con distancias de cuartas entre ellas menos entre la tercera y segunda cuerda que es de tercera mayor. Y ahí la cosa no se ha parado porque continuamente surgen variaciones del modelo original que mejoran aspectos funcionales y facilitan la ejecución de determinadas piezas. El mundo, en definitiva, nunca se para. 

Es indagar en la historia de cualquier cosa la mejor manera de comprenderla y de paso comprender la historia de la humanidad en su conjunto. Porque cualquier cosa es todo si sabemos desmenuzarla hasta sus partículas más elementales. Como dicen los físicos teóricos, todo es polvo de estrellas. En fin, palabrería para llegar a donde quería que no es otra cosa que el empeño en el que ando estos días que viene a ser, dicho en términos alpinistas, como la conquista de un ocho mil. La cosa consiste en que pretendo quitarme de una vez por todas la sensación de inconsistencia que me produce el utilizar el número e para mil operaciones sin tener una idea clara de qué es exactamente ese número, de dónde ha salido y porqué tiene esas propiedades digamos que tan taumatúrgicas. 

El caso es que vengo intentando escalar ese ocho mil por mil vías diferentes y por todas he tenido que dar marcha atrás para volver al campamento base. Pero hace unos día inicie otra en la que tengo puestas unas creo que bien fundadas esperanzas. Se trata de una tesis doctoral que aborda el problema en términos históricos. O sea, desde el nacimiento del bebé. Ya Arquímedes había sabido relacionar las progresiones aritméticas y geométricas, es decir, sumas y potencias. Y Nieper muchos siglos después echo mano de esa relación para descubrir los logaritmos... en fin, no les voy a contar una historia que tengo prendida con alfileres, sólo decirles que el avanzar por esa vía me está suponiendo unos quebraderos de cabeza que ni les cuento, pero, por contra, tengo la sensación de que voy por el buen camino. Las lucubraciones que hicieron los padres de la criatura para dar con ella son las que mejor nos pueden ayudar a comprenderla. Y mira que parecen abstrusas a primera vista y no digo ya la voluntad que hay que echarle para no emprender la retirada. Pero así es todo en la vida, a veces sólo hay que dejarse llevar y otras a duras penas se avanza por mucho que eches el bofe. Luego ya, otra cuestión es la satisfacción que en cada caso recibes como recompensa.  

En resumidas cuentas, cualquier cosa tiene una historia e investigarla es el mejor camino para comprenderla. Y cuando más difícil es esa investigación más interés cobra la pieza y, por tal, más poder tiene de sacarte del tedio devastador. 

domingo, 27 de enero de 2019

El dios tedio

Como en el vistazo de cada día a los digitales he comprobado que no hay pluma de opinión que no haya dicho estos días la suya sobre lo del niño Julen, no quiero ser yo menos y voy a echar mi cuarto a espadas. Para empezar quisiera que alguien me respondiese a unas cuantas preguntas:

Primera: ¿quién ha tomado la decisión de poner en marcha el operativo de rescate?

Segunda: ¿en base a qué datos se ha tomado esa decisión?

Tercera: ¿cuál era el coste estimado cuando se empezó a operar y en cuanto ha quedado la cosa una vez finalizada?

No sigo, porque con esas tres ya prácticamente se abarca todo el espectro de perplejidades ante semejante carnaval, por calificarlo recurriendo a la historia del cine. 

Veamos: hace cuarenta y tantos años yo manejaba un aparatito con el que me introducía hasta los lugares más recónditos del árbol bronquial, veía el aspecto que tenía y tomaba muestras para su análisis de lo que me parecía poco católico.  Así es que no me cabe en la cabeza que a estas alturas de la historia no se haya podido introducir una cámara fotográfica hasta el fondo del pozo para inspeccionarle. Incluso con un pequeño robot por si hubiese sido necesario despejar el terreno para una mejor visibilidad. Elemental.

Sigamos viendo: existen las estadísticas, vamos, digo yo. ¿Cuantas personas han sobrevivido a una caída libre de setenta y tantos metros? Cero patatero. Ni siquiera con la intercesión del Sagrado Corazón de Jesús en Vos Confío se han conseguido supervivencias a semejante castañazo. 

Rematemos la jugada: "están haciendo una puta mierda", dijo el padre a los dos días de la caída. No lo puedo asegurar, pero me han llegado rumores de que ese padre pertenece a la etnia gitana, ya saben, tienen su propia cultura. Que son muy suyos, vamos, y por eso se hacen acreedores a la discriminación positiva. Así que, motivo de más para echar el resto y que se vea hasta donde llega nuestra grandeza de espíritu al respecto de los derechos humanos. 

Y como coda, informo al que no lo esté de que nuestro Presidente, el Dr. Sánchez, ha escrito en su cuenta twiter que toda España está siendo presa de una "tristeza infinita", así, sin paliativos, por lo del niño Julen. 

En fin, viene de lejos lo de aplacar al dios tedio por medio de los sacrificios humanos. Pensamos que ya no estamos en esas, pero a la que aparece la que pintan calva la cogemos al vuelo y la hacemos durar unos cuantos días hasta que de las sentimentalidades exprimidas no se pueda sacar una sóla gota más de morbo. ¡Y qué le vamos a hacer si somos así!

jueves, 24 de enero de 2019

Plus haut que mon cul


Llegado a este punto de la vida en el que esperanza no tiene la menor posibilidad de vencer a la razón me doy cuenta de que todos mis intentos de entender los intríngulis del número e serán por siempre jamás inútiles. Ya ven, algo tan elemental y no tengo forma de aprehenderlo. Y el caso es que me paso las horas muertas leyendo artículos sobre el tema y viendo vídeos y, sí, hay cosas que voy sabiendo, pero siempre a unos cuantos pasos por encima de la verdadera sustancia. Es por así decirlo, como la metáfora perfecta de lo que me ha pasado toda la vida con respecto a todo lo que he aspirado a saber. Nunca he llegado a los fundamentos de nada y de ahí, supongo, esta torturante inseguridad que ha sido mi compañera más fiel. 

Quizá sea a causa de esta desgracia que siempre me ha estado corroyendo el espíritu por lo que ahora me recreo viendo en la tele Fast, Furious and Loud. Son unos tipos con barbas largas y tatuajes que restauran coches antiguos en una nave desde la que se ve el skyline de Huston. No tiene más argumento que comprar coches antiguos destartalados y ponerlos luego como nuevos para venderlos. Por así decirlo es el negocio de la nostalgia. Siempre aparece por allí gente que busca significarse por su apego a lo antiguo. Por lo que sea, es algo que da prestigio y nunca va a faltar quien escoja ese camino para significarse. Y, luego, como dice el jefe de todo el invento, sirve para ganar dinero que es con lo que se consiguen cervezas. La cosa, desde luego, tiene su enjundia, y, sobre todo, buen rollo. En definitiva, una elección de vida que envidio sinceramente. 

Y es que el coche, pienso, es la última gran revolución de la humanidad cuya comprensión está al alcance de los limitados. No sé las piezas que tiene un coche, tres, cinco mil, quizá más. El caso es que es fácil saber de qué van todas. No hay que saber lenguajes encriptados para montar ese puzzle. Así, restaurar un coche antiguo es mero trabajo artesanal. Paciencia y habilidades manuales. Una forma de pasar la vida de lo más agradecida porque los resultados son palpables. 

Sí, creo que he equivocado totalmente mi vida. Tenía que haberme dedicado a la restauración de cacharros. Todavía recuerdo los maravillosos días que pasé sacando de la ruina a aquella casa de Bellmunt en la Serralada Central. Un cansancio físico que me alejaba de toda preocupación mundana. Las comidas en la Panadella con José María, el albañil borracho y ludópata que ha sido uno de mis maestros inolvidables. Y, sobre todo, la satisfacción indescriptible de ver las cosas avanzar hacia la meta propuesta. Bueno, acabé aquello y para mi desgracia volví a las andadas, o sea, al eterno camino de frustración que es el querer tirar el pedo más alto que mi culo.     

miércoles, 23 de enero de 2019

Intrascendencias

Me parto. Ha llegado una consejera al gobierno de Andalucía que lo primero que ha hecho es decir que las procesiones de Semana Santa son rancias. O sea, como el niño del cuento que dijo que el rey iba desnudo. Solo que esta vez, en vez de reconocerlo, el establishment ha corrido a sostenella y no enmendalla. De entrada un reconocido locutor radiofónico la ha llamado gilipollas. A buen seguro que ahora, el locutor, será todavía más reconocido. Es lo que tiene fundamentar el prestigio sobre la sentimentalidad de la chusma. La sentimentalidad y el bolsillo, claro está, porque anda que no hay estructuras mafiosas amparadas tras las liturgias de las cofradías. Pero bueno, diga lo que diga ese famoso locutor el niño ya ha gritado la verdad y cada vez más gente irá viéndole las vergüenzas al rey. Las procesiones no sólo son rancias, también son una mamarrachada... salvo en Sevilla que sirven para poner el rabo. 

Me sigo partiendo. Resulta que hace unos días se anunciaba a bombo y platillo que una sobresaliente atleta sería candidata a la presidencia de una comunidad autónoma. Ya saben, mucha cancha y poca aula es imposible que no acabe por notarse. A los cuatro días de ser proclamada la candidata se puso a largar sobre la condición humana de los animales. Consecuencias de lo cual es que la atleta se haya apresurado a retirar su candidatura por razones personales y familiares... sus padres no están muy bien al parecer. Ya ven, para todo hay unos límites, incluso para la política. ¿Quién lo hubiese dicho hace cuatro días?

Esto ya, para tirarse por el suelo. En Australia hay una cosa que se llama Homeward Bound y que auspicia la compañía española ACCIONA que tiene por finalidad crear una red de mil científicas contra el cambio climático. Imaginense, ¡científicas!, ¡cambio climático!, miel sobre hojuelas en definitiva. No puede fallar. Anda que no son listos los de ACCIONA. De entrada se han ido todas, las mil, a la base Carlini donde hay una colonia de cría de pingüinos a seguir con sus investigaciones. ¡Podemos respirar tranquilos!

Por su parte Lars von Trier ha dicho que es mentira que el violase a Björk, pero que, en cualquier caso, es una buena historia. 

Y así ad infinitum. Pero la nave va que es lo que importa.

martes, 22 de enero de 2019

Historias

Supongo que fue mucho antes de que Gilgamés bajase a los infiernos en busca de Enkidú. El ser humano desde sus más remotos orígenes tuvo necesidad relatar historias de una forma secuencial para poder reconocer a través de ellas su verdadero ser. Y es que a las personas no les puedes decir directamente lo que te parece que son porque se lo podrían tomar a mal, pero, sin embargo, si les cuentas una historia que venga a decir lo mismo con circunloquios, a lo mejor, al cabo de un rato, cuando tú ya no estás, caen en la cuenta y se lo tienen que tragar sin aspavientos que valgan. 

Sí, ha habido a lo largo de los milenios formas que parecen muy diferentes de contar historias, pero no se engañen, siempre es la misma. Se empieza relatando una situación que parece normal, después esa situación se complica y, para terminar, se le da una solución. Si es una comedia, todo termina en risas y, si es una tragedia, en llantos. El caso es que por el camino algo de lo que ves, lees o escuchas, te toque por debajo de la superficie y más a la larga que a la corta acabe por aflorar en forma de respingo, ¡coño, eso era! 

Claro, aquí entra en juego la competencia lectora, que le dicen. Cuanto más la desarrollas antes te apeas del burro. Porque llega el momento en que todo es repetición. Lo decía Pla, que el que sigue leyendo novelas a los cuarenta es porque no las entiende. Porque a los cuarenta lo normal es haber desarrollado una competencia que al decir de Alonso Quijano se debe componer del aprendizaje de dos en la vida y uno en los libros. La propia experiencia, ay, pura literatura que otros escriben por ti y para ti.

En cualquier caso, por harto que estés ya, siempre acabas dando con la nueva historia que te conmueve. Y entonces te pasa como a esos fanáticos de la Biblia que no necesitan otro libro porque todo lo que necesitan lo encuentran en él. El Pueblo del Libro, llaman a los judíos. A cada vuelta que le dan encuentran nuevos significados. Y así enriquecen su conocimiento de sí mismos, del mundo y, de rebote, sus bolsillos. Si, esa es la enseñanza que me da la vida, que no se adelanta nada picoteando en mil corrales. Más vale hacerlo en uno y explorar a conciencia su subsuelo. 

En fin, teorías aparte, el caso es que ya va para treinta años o así que me quedé enganchado en "Doctor en Alaska". Se trataba del paraíso de la libertad individual. Las condiciones extremas convertían a cada personaje en un titán. Era tan amplio el dominio de lucha que nada obligaba a nadie a vivir bajo el yugo de los convencionalismos.  Ahora, curado ya de todos los espantos, me regodeo con The Big Bang Theory, una serie que chifla a la juventud. Pues bien, so capa de frikismo, no creo que pueda haber un canto más elevado a los convencionalismos. Sus protagonistas no quieren parecerse a sus padres sino a sus abuelos. No hay tradición que no exalten ni valor que no respeten. Ni de izquierdas ni de derechas, simplemente de la Liga de la Justicia. O sea, religiosos. Por así decirlo, es la puntilla al sesentaiochismo. A mi querido mundo sin alambradas. A mis restos de ingenuidad. 

No sé como voy a salir de esta.  

lunes, 21 de enero de 2019

Contratos

 Siendo muy joven me divorcié. Y como no podría ser de otra manera, luego, a lo largo de la vida, he pensado bastante en aquel trance devastador. Sí, porque no fue fácil ni mucho menos incruento. Y el caso es que yo admiraba bastante a mi mujer y tenía una confianza absoluta en ella, pero había algo que me hacía profundamente infeliz y no era otra cosa que la cantidad de compromisos a los que el matrimonio me obligaba. Bueno, agua pasada no mueve molino, pero es inevitable que todo esto del Brexit, con sus interminables quebraderos de cabeza, me traiga recuerdos de todas aquellas amargas lecciones que necesité recibir para saber un poco de la vida. 

Porque esto del Brexit no va ni de lejos de que las partes en discordia se odien, no, es simplemente una cuestión de diferentes concepciones sobre lo que debe ser el compromiso. Por qué, se preguntan los británicos, hay que tener firmados papeles hasta para estipular a que hora tiene que ir al baño cada uno, como en los contratos que Sheldon le hace firmar a Leonard para asegurar la convivencia. ¡The Big Bang Theory,  qué gran Biblia!

Esa es la cuestión, que sobran papeles firmados. No entiendo que las personas tengan que someterse a los rituales del matrimonio para vivir juntos y procrear. Porque, además, es que la realidad demuestra hasta la saciedad que esas ataduras simbólicas, llegado el momento del hastío, no sirven para nada. Es solo el convencimiento de que se está saliendo ganando el que perpetua la validez de los contratos. Sean éstos tácitos o ante notario.   

En fin, qué gran lección colectiva es todo esto del Brexit. Y todo por no saber hasta qué punto hay que comprometerse. Porque nos tiramos de cabeza al compromiso con demasiada frecuencia pensando que nos va a favorecer de por vida. ¡Sancta simplicitas! Lo suyo es conformarse con meter el pie entre la puerta y el quicio, como hacen los vendedores de enciclopedias a domicilio, para evitar que la otra parte te descarte. Y luego ir viendo. Y tener siempre trazado el plano de la retirada la víspera de cualquier batalla. Como recomendara el estratega sombrío. Que ese sí que sabía. 

Resumiendo, que hay que leer los contratos y tomarse un tiempo antes de firmarlos. Así, estoy seguro, no se firmarían ni la mitad. Y viviríamos mejor. 

domingo, 20 de enero de 2019

Galgos en Campo




Ayer por la tarde andaba matando el aburrimiento a golpe de zapping y de pronto me quedé colgado de un espectáculo fascinante. Se trataba del campeonato de España de Galgos en Campo. Bueno, yo sabía de este tipo de actividades porque en La Tata de Cuenca me lo habían explicado a propósito de un galgo negro, Faruk de la Tata, que tienen disecado en una esquina de uno de sus comedores. Según nos contaron había sido campeón de España y se había roto la nuca saltando una zanja. Por otro lado me había llamado mucho la atención un mural que hay en Baquerín de Campos en el que se ve a una pareja de galgos persiguiendo a la liebre sobre un fondo netamente castellano con iglesia incluida. Pues bien, ayer me metí en todo este ajo y mientras lo saboreaba pensaba que difícilmente podría haber un espectáculo que lo superase en valores estéticos. Claro que ya saben que para mí los paisajes castellanos representan el sumun de los trabajos de Dios sobre la Tierra. 

En un campo cabe  Nava del Rey con la torre del homenaje del castillo de La Mota en lontananza soltaban una liebre y unos segundos después salía disparada una pareja de galgos en competición por la presa. La cosa parece sencilla, pero no vean todo el ritual que rodea al proceso. Los jueces a caballo impecablemente uniformados. Los lanzadores de los galgos que ríanse de los cien metros lisos de las olimpiadas, los atavíos del público, parte de él, a caballo, los tocados de las señoras... bueno, como si fuese Ascot, pero sin horterismo britis. Y luego, los regates de la liebre, una de las manifestaciones más sorprendentes de la naturaleza de entre las encaminadas a perpetuar las especies. 

Bueno, lo tienen mal los animalistas, como lo tienen las feministas, como lo tendrán por siempre jamás todos los que quieran doblar el brazo a la biología. Adiestrar a los galgos para que cacen liebres supuso un paso de gigante en la evolución. Los padres, así, tuvieron mucho más fácil el suministro de las vitales proteínas animales a su prole. Como cazar con halcones o pescar con cormoranes, técnicas que la humanidad se empeña en conservar no vaya a ser que las cosas se tuerzan y las vayamos a volver a necesitar. Como navegar a vela y tantas otras habilidades que algunos consideran cosa de señoritos con un punto de desprecio porque la envidia les impide comprender el papel fundamental que la evolución tiene reservado a los señoritos. ¿Acaso no lo fueron Newton y Cavendish? Pero, bueno, esa es otra historia. 

Resuiendo, me imagino, que entre otros aspectos menos relevantes, entre el público expectante estarían corriendo las apuestas con profusión. ¡Ay, las apuestas! ¿Que hubiese sido el mundo sin ellas? Supongo que están ahí porque ayudan a canalizar de una forma civilizada parte de las pulsiones suicidas inherentes a la condición humana. En cualquier caso, sin ellas, olvídate de Galgos en Campo y yo qué sé cuantas cosas más que ya haría mucho que se habrían ido al garete. ¡Es todo tan enrevesado!

sábado, 19 de enero de 2019

Así para eso

Leo una noticia que no es que me parezca que tiene mucho de particular, pero que, sin embargo, me gustaría comentar por aquello tan humano de arrojar la propia luz sobre los asuntos que no por manidos parecen debidamente enfocados. Se trata de ese tipo que hace años mató a su mujer y ahora se ha cargado a la abogada que con su refinada habilidad profesional consiguió sacarle de la cárcel y con la que, por cierto, mantenía una relación sentimental. Ni que decir tiene que la chusma sociofeminista está exultante por la cantidad de razones que el desgraciado asunto ha aportado a sus tesis sobre la naturaleza violenta de los machos.

Lo de que el tipo es un psicópata sin más solución que el anulamiento social, ya sea por encarcelamiento definitivo, ya sea por castración química de todas sus pulsiones, es algo que no merece un comentario más. ¿Pero que me dicen ustedes, no ya de su mujer sino de la abogada en cuestión? Bueno, la primera, la pobre, una de tantas que nacen poco dotadas y en ambientes que no compensan las carencias naturales. El mundo está lleno de semejantes desafortunadas y por mucho que se haga costará reducir su incidencia. Pero la abogada, ¡madre mía, cuánta tela para cortar! Aunque, a decir verdad, la literatura, el cine, incluso las pretendidas ciencias, ya ha cortado y vuelto a cortar cantidades de esa tela como para parar un tren. La atracción irresistible del mal. En principio pareciera que por la cosa narcisista del yo soy capaz de neutralizarle, pero lo piensas un poco más y comprendes que hay demasiada gente que por lo que sea sólo puede vivir en el borde de los abismos. Y los buscan con desesperación y, cuando encuentran uno, no lo sueltan ni así les maten, nunca mejor dicho en el caso de la abogada. 

En cualquier caso, todo especulación. Ayer les insinuaba que sobre el origen del universo saben exactamente lo mismo los científicos del CERN que sus vecinos los monos del zoo de Ginebra. Pues hoy les digo que sobre los mecanismos íntimos de la psique saben exactamente igual Freud y toda su escuela que los monos del zoo de Viena. Ya el trío sagrado, Esquilo Sófocles y Eurípides, cavó hasta lo más hondo y dejó los túneles abiertos para que la posteridad hurgase todo lo que quisiese a la búsqueda de pepitas y diamantes. Pero me da a mí que sólo se ha encontrado ganga, es decir, palabrería sin sustancia. Religión en definitiva. Porque a eso estamos abocados los humanos, a la religión, cuando no encontramos las reales razones de lo que nos perturba. Así tenemos mil versiones del Génesis a la medida de cada tribu que en el mundo han sido. Y por lo mismo tenemos miles de catecismos, acabados siempre en ismo, como feminismo, socialismo, gandulismo, para echar mano de ellos siempre que no comprendemos algo de lo que pasa. ¡Sancta simplicitas! Porque esa es la cuestión, que aunque seamos capaces de fisionar el núcleo de la materia no tenemos ni idea de dónde procede ésta. Y así con todo. Son nuestros límites y sólo nos queda aceptarlos y sentir compasión por ese trío de desgraciados a los que la madre naturaleza les quiso así para que hiciesen eso. 

viernes, 18 de enero de 2019

Todos a una

Leía ayer que está en marcha un proyecto para hacer un colisionador de partículas cuatro veces mayor que el mayor que hay en la actualidad, el del CERN. El intringulis de la cuestión por lo visto estriba en que es necesario lanzar las partículas a una velocidad mayor de lo que se hace en la actualidad para que cuando choquen se descompongan un poquito más y quizá así pueda aflorar algo que nos estamos perdiendo ahora. Pareciera que es el cuento de nunca acabar, pero es todo lo contrario, o sea, el de estar siempre empezando. 

Las partículas elementales son la punta de lanza del conocimiento. A través de ellas la flor y nata de la inteligencia mundial quiere acercarse al desvelamiento del misterio total, ese que todas las religiones de todos los tiempos solucionaron inventándose una historia fantástica, es decir el origen de todo. O, ya puestos, que es lo que había antes del Big Bang, porque es de cajón que la nada no puede explotar. En fin, asunto éste del que en la actualidad saben exactamente lo mismo los físicos del CERN que los monos del zoo de Ginebra. 

El caso es que el presupuesto para el nuevo colisionador es de 9000 millones de euros. Mucho dinero en definitiva. Sin embargo, curiosamente, el asunto queda prácticamente al margen de todo debate político. Supongo que pasó lo mismo cuando Bounaroti andaba construyendo la cúpula del Vaticano. Y es que sería de pésimo gusto y consecuencias nefastas ponerse a politiquear con las cosas que son a mayor gloria de Dios. Ahí, todos a una. 

Y en esas estamos, en este proceso disruptivo, como dicen ahora, a causa de haber trasladado a Dios de la cúpula del Vaticano a los túneles del CERN. La ciencia ha sido entronizada como principio y fin de todas las cosas y el número de sacerdotes que le cantan alabanzas y promueven su veneración no dejan de aumentar. Millones y millones de ellos se apiñan en los nuevos templos compitiendo entre sí en buscarle los tres pies al gato de Schrodinger. Y no pasa día sin que a alguno no se le ocurra una genialidad de las que producen sensación de estar avanzando hacia ese no se sabe qué. 

Resumiendo, el mundo se ha hecho pequeño y, por fin, ha unificado a sus dioses. Hadrones, leptones y bosones. A eso es a lo que tenemos que construir templos para mejor poderlo adorar.  

jueves, 17 de enero de 2019

Arcadi se equivoca

Como he andado un poco pachucho y no me podía concentrar en cosa de sustancia he dedicado estos días a seguir lo del Brexit por Sky News. Después he leído algunos artículos en los periódicos nacionales sobre el particular y me ha parecido que no atinan. En especial el de mi querido Arcadi Espada. Creo que este hombre está sobrepasado por su condición de meteco catalán y eso le incapacita para darse cuenta de que la gente no siempre se quiere ir de donde está por las mismas causas. Comparar a un inglés con un vasco o catalán es un disparate supino. Yo diría que son la antítesis. Vasco y catalán vienen demostrando a lo largo de la historia que están especialmente dotados para el rebaño e ingleses, por contra, para el Lonely are the Brave, o sea, un sentido de la libertad individual que roza lo patológico. No, yo no creo para nada que los ingleses se quieran ir de Europa por las mismas razones que vascos y catalanes se quieren ir de España. 

Personalmente soy ferviente defensor del proyecto europeo, pero, sin embargo, como diría Gracián, tengo mis perinquinosos peros. Mi impresión predominante de profano en el asunto es que la progresiva extensión de las instituciones europeas no ha sido compensada en absoluto,  por la correspondiente mengua de las instituciones regionales. Más bien ha sido todo lo contrario: a más Bruselas, más Madrid, más Valladolid, más Zamora, más Villalpando... la red clientelar de políticos llega, como apuntara una vez Boadella a propósito del pujolismo, hasta los mismísimos dormitorios de nuestros hogares. Cualquier mentalidad medianamente sana siente cierto grado de asfixia por esa realidad omnipresente. Así es que, a la postre, lo que hay es una especie de sovietización de la vida en el sentido de que esos políticos, dado que los funcionarios se encargan de que todo funcione, no tienen otra misión que la de hacer de comisarios, es decir, controlar nuestros pensamientos. 

No sé, pero para empezar me parece que sería enormemente interesante que los ciudadanos tuviésemos las cifras exactas del número de gente que vive de la política. Y sobre todo del dinero que nos cuesta, porque esa gente se asigna a sí mismo unos sueldos por lo general cojonudos, por decirlo llanamente. Y luego, para redondear la información, tendríamos que saber con cierta aproximación cuál es el nivel de los curriculums académicos de toda esa ingente masa. Porque, ¡madre mía, cómo está el patio!, diez años para una licenciatura de derecho y a presidir una comunidad autónoma. 

No, francamente, no creo que el de los británicos sea un problema de supremacismo a la vasca o catalana. Ni mucho menos. Lo que me parece es que perciben en la Unión Europea un problema de falta de pragmatismo insoportable. Y eso, pienso, es lo que tendríamos que reconsiderar el resto de los europeos, el cómo hacer, no más efectiva, sino menos opresiva la Unión. Eliminar unos cuantos cientos de miles de políticos de entrada y suprimir un porcentaje significativo de regulaciones. Al fin y al cabo, somos ciudadanos maduros y sabemos ser responsables de nuestras decisiones. También cuando nos equivocamos. 

miércoles, 16 de enero de 2019

¡Manque pierda!

Lo de la Cámara de los Comunes del Parlamento Británico tiene perendengues. Si me apuran les diría que en lo único que se diferencia de la Plaza Cañadío o la calle Peña Herbosa en una noche de fin de semana es en que cuando todos se van no queda aquello lleno de mierda. Entran, salen, merodean, hablan, gritan y si no fuese por uno que hay en un extremo elevado y al que llaman speaker cuando en realidad debieran llamar Estentor aquello se les iría de las manos. Sin duda es una liturgia muy particular que les diferencia del resto del mundo. Y es que hay que tener en cuenta que se trata de los Comunes, es decir, el populacho y conviene que se note. Por lo demás, lo de ayer, al estar cantado el resultado careció del glamour habitual. Pero es que, además, se da la circunstancia de que los dos partidos mayoritarios tienen en la actualidad los dos líderes más gloomy desde Cromwell para acá: la hija de un clérigo y un izquierdista resentido -perdón por el pleonasmo-. En resumidas cuentas, que a los dos les falta el fino sentido del humor que es la marca de la casa y el orgullo de la nación y les sobra trascendencia que es el signo por antonomasia de que la excelencia ha sido sustituida por la mediocridad. Y de ahí, supongo, el berenjenal en que andan metidos. 

Y es que las cosas no son tan sencillas como tras un primer calentón sentimental pudiera parecer. Esto lo resuelvo yo por mis cojones. Pues va a ser que no. Resulta que descomponer las cosas sin romperlas lleva por lo menos tanto tiempo como el que llevó el componerlas. Todos esos tratados trabajosamente elaborados que en la actualidad nos unen son como los gluones que mantienen unidos a los kuarks, por decirlo en plan oír campanadas que no se sabe donde suenan. Interacciones fuertes que también le dicen y que, vencerlas, es lo que conocemos como explosión atómica. Muy complicado en definitiva para mentes que, si alguna vez lo tuvieron, en la actualidad demuestran carecer del menor atisbo de sentido del humor. 

Y ahí vamos, tomando conciencia de la verdadera naturaleza de las cosas: políticos y leyes en Bruselas; políticos y leyes en Madrid; políticos y leyes en la Comunidad autónoma; políticos y leyes en el Municipio... y ya, para rematar, en la comunidad de vecinos. Sencillamente insoportable. Y tremendamente difícil meter la marcha atrás. Pero hay que meterla. No queda más remedio. ¡Viva el Brexit, manque pierda!

martes, 15 de enero de 2019

Puro britis

Cuando Enrique VIII sacó a Inglaterra del control del Vaticano se nos dijo que había sido porque se encoño de una muher llamada Ana Bolena. Como el papa no le permitía deshacerse de su legítima de por entonces, Catalina de Aragón, pues nada, a tomar pol saco el papa y a casarse con Ana Bolena a la que por cierto, creo recordar, mató no mucho después de una patada en la barriga cuando, al parecer, estaba embarazada... pero esto no lo aseguro porque mi memoria ya está en la fase de jugar malas pasadas. Fuese como fuese, que una cosa es lo que se cuenta y otra como fue la feria, lo que es indudable es que aquella estampida fue un auténtico y real Brexit. No sé muy bien en qué consistió a efectos litúrgicos aquella separación de Roma, más allá, bien sure, de lo de la legalización del divorcio, pero, aunque no puedo asegurarlo, creo que de aquel movimiento estratégico se derivó el que Inglaterra quedase bastante al margen de aquella maldita Guerra de los 30 Años en la que por si el continente no hubiese tenido bastante con las consiguientes matanzas tuvo que hacer frente a la Pequeña Glaciación, o sea, un frío de todos los demonios. 

En definitiva, que no les pilla de nuevas esto del Brexit a los británicos. Quizá, como en aquel entonces, lo que esté pasando ahora es que se huelen la escabechina que se avecina entre los protestantes del norte y los católicos del sur. Porque la grieta está ahí y no hay forma de que disminuya sino todo lo contrario. Ya, en lontananza, se divisan los caudillos. Por arriba y por abajo: les escucho lo que dicen y se me abren las carnes. 

Nosotros, anglicanos. Ni chicha ni limoná. Pero que nadie de fuera nos diga lo que tenemos que hacer con lo que nos cuelga. Y así estamos donde estamos y seguiremos estando mientras vosotros os matáis a palos. Y porque os dimos un idioma común que, si no, ni existiríais. En fin, no sé, pero después de tanto escuchar soflamas por aquí y por allá, creo que lo prudente, y sabio, sería estar atento a las razones por las que los británicos se quieren ir de la Unión. Quizá, si escuchásemos desde la distancia comprenderíamos que muchas de ellas tienen sobrados fundamentos. O es que ustedes no notan en la nuca el aliento frío del Gran Hermano. ¡Por Dios, un poco de anarquía! O es que ustedes creen que con tanto orden se puede llegar a algo más que a dar con la cabeza en un pesebre. 

Por lo demás, en cualquier caso, no sé si neciamente, estoy encantado de que toda mi descendencia viva en Londres. Yo les veo y me da la impresión de que están a lo que están y, lo demás, pelillos a la mar. Puro britis. 

lunes, 14 de enero de 2019

Perro gorilero

Oí decir a Borges en una entrevista que la democracia funciona en donde funcionaría cualquier otro tipo de régimen político. El corolario a tal aseveración podría ser que da igual so que arre con tal de que el bienestar llegue al mayor número posible de personas, que eso, supongo, es a lo que Borges se refería cuando decía funcionar. Claro que aquel Borges que yo escuché era ya muy viejo, lo cual, unido a su reconocida sabiduría de largo recorrido, por fuerza tendría que dar el convencimiento de que es muy poco lo que puedes esperar de lo que viene de afuera de ti. El bienestar es sobre todo y ante todo una cuestión espiritual de conformidad con uno mismo. Por lo que has hecho y por lo que haces. 

Y ahí reside, pienso, todo el intríngulis de la vida, en el grado de conformidad con uno mismo, algo tremendamente difícil de evaluar porque habría que cavar muy hondo en la conciencia y ser capaz de llegar al subconsciente para extraer alguna pepita orientativa. Así es que un día levantamos la cabeza ufanos y al siguiente la doblegamos humillados. Casi siempre equivocados, en definitiva, por no ser capaces de atenernos a los hechos: lo que hicistes y lo que haces. 

Sí, es muy curiosa esa dificultad que tenemos los humanos para atenernos a los hechos cuando nos desmienten. Entonces preferimos la mentira que, sabido es que, repetida tres veces toma la apariencia de verdad y a vivir que son dos días. Sin embargo, no cabe hacerse ilusiones porque el inconsciente sigue haciendo su trabajo. Y la apariencia de verdad nunca consigue engañarle. Como decía un compañero de colegio es como un perro gorilero que te tiene cogido por los cojones. A nada que te pones  a contemplar la extensión de los mares empiezas a notar como aprieta sus mandíbulas. Algo, entonces, te incita salir pitando a la búsqueda de consuelos... es decir, todos esos crecepelos que venden por doquier los charlatanes. 

En definitiva, allá cada cual con cómo se lo monta para despistar a sus fantasmas, pero a Borges, más por viejo que por sabio supongo, no le engañaban con mandangas: el tipo de régimen político, en funcionando, le daba igual uno que otro. O sea que, por ese lado, no corría a buscar consuelos. Yo, la verdad, de sabio nada, todo por viejo, pienso al respecto exactamente igual: mi bienestar depende al cien por cien de mí; de que sea capaz de redimir con mis hechos del presente las malas vibraciones que todavía me llegan de los atolondramientos del pasado. ¡Ay, fui tan necio!

sábado, 12 de enero de 2019

30 libros

Hay por ahí una japonesa a la que se conoce como "la reina del orden" que dice que con treinta libros en casa vas que chutas y metes gol. Ni que decir tiene que me encanta la propuesta. Siempre se lo digo a quién opina que tengo la casa muy ordenada: es que con lo que tengo está tirado. Si sólo tienes tres o cuatro cosas da igual donde estén porque siempre darán sensación de orden. Es el espacio diáfano el que condiciona esa sensación.  

Pero, bueno, vayamos a lo de los libros. Me costó llegar a los cuarenta años para darme cuenta de la imbecilidad que era acumularlos. Viví hasta entonces seducido por el estúpido engaño de que la exhibición de una amplia biblioteca proporcionaba prestigio. Se debía suponer que con tantos libros, a poco que les hubieses leído, tendrías que ser muy sabio. Era la sancta simplicitas. Porque como un día pillé en Shopenhauer, si lees tanto, ¿de dónde sacas tiempo para pensar? Y luego, el mismísimo Alonso Quijano, que decía que dos en la vida y uno en los libros para ser sabio. O no ser tonto, que viene a ser lo mismo. 

Acumular cosas, en cualquier caso, me parece que representa un problema de tipo evolutivo. Recuerdo que al entrar en casa de mi madre automáticamente me deprimía. No había un centímetro cuadrado de pared que no tuviese una mierda colgada. Por no hablar de los millones de mesas supletorias llenas de cachivaches inútiles. Y luego las fotografías de la familia que te acechaban desde todos los rincones. Para mí era la casa de la bruja. Desde que entraba hasta que salía -siempre con alivio- no dejaba de recibir escobazos en mi autoestima. 

Una de las cosas que antes me rebotaban y ahora me inspiran ternura, como cuando ves al tonto del pueblo, es abrir un periódico o revista y toparte con la foto de un entrevistado en la que se le ve con un fondo abarrotado de libros y junto a una mesa que también lo está. De inmediato me imagino que el individuo en cuestión tiene que tener la cabeza como un bebedero de patos y, si acaso leo la entrevista, es más que nada para ver si se desmiente mi impresión... que casi nunca.

En fin, allá cada cual, pero si son ya mayores no dejen de pensar en el marrón que les dejan a sus hijos si no se apresuran a tirar toda la mierda que tienen en casa antes de que les pille la muerte. Porque lo del famoso valor sentimental no es más que filfa para desgraciados. Los hijos, en cualquier caso, pasan. Y si no lo hacen, es que también están enfermos. 

viernes, 11 de enero de 2019

Momentos íntimos

La madre de Leonard Hofstadler, psiquiatra de profesión, sale de copas con Penny, la chica de Leonard, y como suele pasar en tales ocasiones acaban sincerándose. Conclusión: que las dos hace ya muchos años que gestionan sus propios orgasmos. Bueno, también Amy Farrah Fowler, la novia de Sheldon y neurobióloga de prestigio, gestiona los suyos con ayuda del cepillo de dientes, eléctrico, por supuesto. Bueno, ya hace mucho que yo me había dado cuenta de que el "puntito", como uno mismo, que se quite todo lo demás. Aunque bien es verdad que se precisa de una cierta riqueza fantasmática basada en la propia experiencia para que el invento dé sus mejores frutos. Pero, bueno, hoy día, hacia la madrugada, las webs del porno echan fuego dando soporte a esa necesaria fantasía. El mundo, queridos amigos, por mucho que parezca lo contrario, se va haciendo adulto. Cascartela ya no te reblandece la médula ni te produce granos en la cara, ahora, simplemente, te hace más libre. O un pelín más cínico si lo quieren decir de otra manera. 

Es inevitable que el mundo corra de esta manera. Háganse una idea: un simple vídeo sobre la transformada de Laplace para resolución de integrales tiene más de trescientas mil visualizaciones en un año. No es sólo porno y The Big Bang Theory lo que miran los jóvenes. Hay un porcentaje de ellos, por comparación con tiempos pasados elevadísimo, que se dedica al cultivo de la lógica más pura. Es ese porcentaje que se prepara para diseñar el futuro a su imagen y semejanza. Y ríanse de la gente de Podemos y similares porque, como dice la abuela de Sostres, estar tranquilos, porque ellos son Podemos y nosotros somos Tenemos. Y es que esa es la cuestión que si tienes el entendimiento de las transformadas de Laplace a quoi bon andar por ahí corriendo detrás de estímulos narcisistas de tres al cuarto. Los demás que se las apañen y si se ensancha la grieta social pues más baratos nos saldrán los criados. 

En fin, que una cosa son las informaciones que nos trasmiten los medios y otra muy diferente la realidad del mundo. Realidad que no es otra que el crecimiento exponencial de la importancia de los momentos intímos: tanto cuando te la cascas, con ayuda del cepillo de dientes o no, como cuando ves trasformadas de Laplace. Lo demás, bazofia para futuros criados. 

jueves, 10 de enero de 2019

Cartas marcadas

Cualquiera que haya tenido la oportunidad de tratar con el homus catalanicus comun seguramente habrá tenido la oportunidad de escuchar más de una vez esa máxima filosófica que compendia todo el discernimiento: una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Y no se rían, que el asunto tiene mucha más enjundia de la que a primera vista pudiera parecer. Porque el caso es que se ha puesto el cotarro divertidísimo con motivo de que un juez ha admitido a trámite una querella contra Arcadi Espada por homofobia, que se incluye en el delito de odio. Por lo visto llamó mariconazo a un político que lo es, mariconazo, no político, y todas las asociaciones LGTB, o sea, de mariconas, pusieron el grito en el cielo y las querellas correspondientes. 

Pues bien, al parecer, el juez, que no ha debido tener el privilegio de tratar con catalanicus, no alcanza a comprender que una cosa es la homofobia y otra intentar pararle los pies a una maricona que no para de dar por el saco todo el tiempo. Porque esa es la cuestión, que hay demasiadas mariconas viviendo de eso, de ser mariconas, aliadas al cien por cien, como no podía ser menos, con las feministas que viven de ser feministas. En fin, como les comentaba el otro día, modus vivendi y a mí que me registren. 

Yo, ya lo saben, admiro mucho a Arcadi por las mismas razones que admiro al chico que llega al saloon del pueblo se sienta a la mesa de juego y al poco descubre al que juega con las cartas marcadas. Las cartas marcadas, ¡qué gran metáfora!, porque un profesional del juego puede estar utilizándolas durante años y años sin que le pase nada hasta que un día llega el bueno de la película que pasaba por allí. Arcadi en este caso. Y, ya saben, el bueno siempre dispara más rápido. De lo contrario no tendríamos película. 

Bueno, no hay nada nuevo bajo las estrellas. En el mundo desde que es mundo siempre ha sido igual. El que no está dotado para las matemáticas lo está para marcar las cartas. El instinto de conservación lo exige así. Y díganme, ¿acaso nunca jugaron ustedes con las cartas marcadas?  Y pena  que entonces no pasase por allí el bueno de la película a llamarte maricona. ¡Con lo que eso enseña sobre uno mismo!

miércoles, 9 de enero de 2019

A desfilar.


Del blog de Arcadi Espada. Dice que un lector suyo se lo envió:


Corazón y cerebro

Los tuve pero la vejez me los quitó.

Ahora en vida y política veo malo todo lo correcto.

Y apoyo a impresentables como Trump y Bolsonaro.

A ellos no me une el amor sino el espanto.


Me parece un resumen impecable del estado de las cosas. Trump, Bolsonaro, cirujanos de los de a vida o muerte. Son la última esperanza ante el espanto de lo socialmente correcto. Sí, claro, amamos como nadie a los animales -los de Ciudadanos, esos regeneradores, incluso propusieron en el Parlamento asignar a los perros la condición de personas-;protegemos a nuestros niños de cualquier frustración no vaya a ser que no nos salgan mariquitas; damos a nuestras señoras la condición de víctimas por la gozosa realidad de que tengan entre las piernas una raja que nos vuelve locos a los hombres... bueno, a los que van quedando. Son las consecuencias nefastas de llevar décadas viviendo sometidos a la fantasía socialdemócrata. O sea, fuera de la realidad de un mundo cuya única metáfora válida son los documentales sobre la vida en el Serengueti. Sí, señores y señoras, esto no se va a arreglar hasta que no empecemos de nuevo a comernos a los perros, a los gatos y a todo tipo de mascotas. Y hasta que no pongamos a nuestros niños a desfilar a toque de corneta. Y hasta que las señoras no comprendan que el uso de sus armas también tiene un precio a pagar -porque las armas no son eternas-. Y hasta que los políticos de toda laya y condición no dejen de pasarse el día organizando festejos para que la gente vaya a los bares a emborracharse que es la mejor manera de que deje de pensar.  

Este odio al sacrificio y el mérito que se inculca en las escuelas públicas. Aquí hemos venido a disfrutar, les dicen. Los chinos, los indios y demás de por donde sale el sol, no existen. En definitiva, nada de lo que preocuparse porque somos los preferidos de los dioses. Por el sólo hecho de haber nacido en occidente ya tocamos el cielo con las manos. Y todo nos lo merecemos. Y entre tanto la ciudad, cada vez es más amarilla. 

Sí, ese es el corolario, que de tanto vivir en las nubes -somiar truites, dicen los catalanes- al despertar lo amarillo estaba allí. Ni democracia ni leches, a desfilar todo el mundo. 

martes, 8 de enero de 2019

El que no corre, vuela

Entonces vamos ahora y nos enteremos de que de los cuarenta y dos millones que dedicaba la Junta de Andalucía a lo de la violencia de género sólo uno y un pequeño pico iban a parar a las catalogadas como víctimas de tal violencia. Un 2,2% o así. El resto se iba en sueldos para buenos samaritanos. O más bien, samaritanas en este caso, supongo. Bien es verdad que cuando se sacan las cifras dinerarias a pasear conviene observar un cierto distanciamiento porque se prestan como ninguna otra cosa en este mundo a la manipulación sentimental. Pero, también, reconocerán conmigo que cuando un grupo de gente empieza a vivir de algo, ya, ese algo, sea lo que sea, pasa a segundo, o tercer, plano frente a la importancia vital del modus vivendi. Vivir de algo te convierte de facto en furibundo defensor de la importancia social de ese algo. Es como si el mundo se fuese a hundir si de pronto se empezase a prescindir de esa conquista de la revolución que diría un fidelista. 

El mundo funciona así, condicionado al cien por cien por el modus vivendi. Yo siempre se lo digo a quién me quiera escuchar: el día más feliz de mi vida fue el que cobré la primera nómina. Se me puso la autoestima por las nubes. Porque todo empezó a cobrar sentido y me fui corriendo a comprar un coche. Y no puedo concebir que las buenas samaritanas que la Junta de Andalucía enroló en la cosa de violencia de género hayan sentido algo muy diferente a lo que sentí yo cuando cobraron su primer sueldo. Y más teniendo en cuenta que seguramente ellas no tuvieron que someterse a un largo proceso de preparación antes del enrole. Es lo que tiene la profesión de buen samaritano que con un cursillo de dos semanas te graduas. Eso sí, desiste del empeño si no has nacido con un gran sagrado corazón de jesús en el pecho.

Si bien se mira la cosa carece de toda importancia. Sólo se trata de los acomodos que hace la naturaleza para que todo encaje. Así, donde falta inteligencia, sobra corazón y viceversa. Y nadie es más que nadie que diría el proscrito. Todas las actitudes son necesarias, desde las heroicas a las perversas. Sin unas no habría las otras y esto sería de un aburrido mortal. Lo que cuenta es que se mantenga operativa la acción/reacción entre los opuestos, eso sí, con el mayor ruido posible porque de lo contrario a ver como vamos a justificar la idoneidad de los modus vivendi que nacen a su amparo. Así, si surge una manada, automáticamente habrá que crear el organismo que la neutraliza. Y una vez neutralizada habrá que poner en marcha otras manadas para que el organismo creado y del que ya viven unos cuantos no se vaya al garete. De ahí la importancia de las manadas. Son una poderosa fuente de creación de modus vivendi. Por eso, de no surgir espontáneamente habría que inventarlas. 

En fin, ya digo, mírenlo todo por ese lado del modus vivendi y verán que fácil es desdramatizar el mundo. Eso sí, nunca pierdan de vista que, aquí, a tal respecto, al del modus vivendi quiero decir, el que no corre, vuela. 

lunes, 7 de enero de 2019

Capitanes intrépidos

Ayer me fui a dar una vuelta por el camino de sirga que va de Frómista a Boadilla. Justo por ahí pasa el Camino de Santiago, así que me crucé con dos peregrinas, una coreana que no creo que llegase a los veinte y otra un poco mayor que no sé de dónde vendría porque caminaba ensimismada y ni siquiera me vio. Con la coreana, por contra, eché una distendida cháchara sobre sobre asuntos sin trascendencia. La belleza de los paisajes y cosas así. Se la veía fresca como si no llevase veintitantos kilómetros y un mochilón a las espaldas. Esta es la edad apropiada para estas aventuras, pensé. 

El caso es que me sorprendió ver que junto a las exclusas de Frómista han colocado un muelle flotante y que amarrado en él había un barquito turístico. Vi que en la cabina del conductor había un chico mirando a las musarañas y me acerqué a interesarme por aquella innovación turística de corto recorrido. El tipo saltó de inmediato al muelle, encendió un cigarrillo y se dispuso a rellenar mis lagunas cognitivas al respecto de aquel extravagante invento. Le llaman el barco de los peregrinos por ser el tramo que navega el único del canal que transita junto al Camino. Hasta Boadilla, a unos cuatro kilómetros, donde han colocado otro muelle. Me dijo que estaba esperando a un grupo de turistas para ya mismo y que en Boadilla iba a recoger a una pareja de peregrinos. Bueno, yo anduve por allí un par de horas y siempre esperando ver aparecer el barco por el horizonte, pero nada de nada. Evidentemente las expectativas del piloto, y las mías, quedaron frustradas. 

A lo largo del Canal de Castilla tengo localizados unos cinco o seis tinglados de este tipo. Todos por supuesto de iniciativa pública, con lo cual, lo del móvil económico queda descartado; es todo cuestión de honor que, como bien es sabido, es patrimonio del alma que, por cierto, sólo es de dios. Una vez, tengo que reconocerlo, vi al que hay en Herrera de Pisuerga, El Marqués de la Ensenada,  paseando a un grupo de turistas de la tercera edad. Iba como a cámara lenta porque de lo contrario no les hubiese durado ni cinco minutos el entretenimiento ya que no creo que llegue a los trescientos metros el recorrido que hace. Pero eso sí, siempre que iba a comer a La Piedad, me encontraba allí a su capitán impecablemente uniformado. Aquello daba mucho empaque al establecimiento. 

En fin, sea como sea, de algo tiene que vivir la gente y con algo se tiene que entretener. Luego, ya, la racionalidad de los inventos, pelillos a la mar. Ni te digo lo que sería esto si nos pusiésemos ahora a pasar por el filtro de lo sensato la inmensa mayoría de los usos y costumbres con los que nos constituimos como personas. Mejor olvidarse y que dure lo que dura dura. 

domingo, 6 de enero de 2019

San Juan de Dios

He leído que Houellebecq ha publicado una nueva novela. Y que por lo visto en ella dice cosas tirando a laudatorias de Franco. De cómo desarrolló la industria turística y lo que ello supuso para el bienestar de los españoles. Bueno, tarde o temprano tenían que surgir voces de peso llamando a las cosas por su nombre. De hecho, esta nueva ola de paganismo que se extiende por todo occidente ya se venía anunciando con el poderoso movimiento intelectual de los nouveaux reac. Cada vez más gente se venía dando cuenta del efecto demoledor sobre el intelecto de esa ideología salida de las sacristías cristianas que es el buenismo izquierdista. Un cáncer del espíritu que ya afectaba por igual a todo el espectro político. La corrección impostada cada vez hacía vomitar a más gente. 

Pongamos por caso a Sheldon Cooper. ¿Qué es lo que le ha llevado a ser el protagonista de serie televisiva más famoso del mundo en estos momentos? Su inteligencia prodigiosa unida a su nula habilidad social le lleva a ser la incorrección política en persona. Dice todo tal cual es y eso tiene una gracia descacharrante. Es lo que tiene la verdad en la ficción, que se convierte en chiste cuando la realidad encorsetada por la mentira no deja respirar. Porque esa es la realidad imperante por doquier, llamar a las cosas según conviene a los vampiros que viven de ellas. El famoso clero. Convendría volver a leer a Voltaire para saber lo que es eso. Y también,  volver a desayunar champán y ostras, como hacía él, para que se nos despeje la mente. 

Toda esta chusma socialdemócrata que pretende gobernarnos está carcomida por la ignorancia. No dedica ni un minuto al día a ilustrarse. Leen libros, sí, pero de los que marean la perdiz con los pequeños cambios que hay que hacer para que nada cambie. Y así van haciendo cada vez más profundo el pozo de su ensimismamiento. Claro, a cualquiera con dos dedos de frente se le alcanza que nadie con capacidad para adentrarse en las Feynman Lectures se le pudiese ocurrir dedicarse a la política como profesión. Por eso es que estos mindundis en el poder ignoran las leyes fundamentales de la física, o sea, de la naturaleza de las cosas. De lo contrario sabrían que toda acción es seguida de inmediato por una reacción de igual o superior potencia. Y de ahí, y no de otra causa, surgen por doquier todos estos partidos políticos con la vitola de extremistas. Al parecer, nadie en lo que se conoce como stabliment quiere darse cuenta de que es el propio stabliment el que ha adquirido unas características de estupidez extrema. 

Bueno, a mi modesto entender las cosas se están poniendo de lo más divertidas. Ayer el dueño del Bariloche me estuvo haciendo chistes a propósito de los subnormales de San Juan de Dios. Yo le comprendía porque tenía delante la foto de nuestro Presidente de Gobierno en bañador saltando por entre las rocas de una playa de Lanzarote. ¡Menudo batacazo se va a pegar! Quizá convendría ir reservándole habitación en San Juan de Dios. 

sábado, 5 de enero de 2019

Mirar al cielo

Estamos en el perihelio. O sea, que la tierra tiene que correr más para que el área que barre por unidad de tiempo sea exactamente la misma que cuando está en el afelio Tengan en cuenta que la diferencia de la distancia con respecto al sol es cinco millones de kilómetros a favor del afelio. En verano estamos más lejos del sol. En cualquier caso es la segunda ley de Kepler y no hay más que hablar. Convendría que se supiese.

Cuando estudiaba en Madrid, circulaban por la pensión en la que vivía un par de estudiantes eternos de ingeniería de minas. Uno dedicaba todas sus atenciones a Baroja. Y por cierto que contribuyó no poco a que yo también le cogiese afición. Eran normales nuestras incursiones por la Cuesta Moyano a la búsqueda de pecios barojianos. Al otro le apasionaba la astronomía; de hecho vivía de ella enseñándola en la escuela de naútica. Siempre me decía lo mismo: sabiendo matemáticas está tirado. Y hacía dibujos y fórmulas en un papel para demostrármelo y yo no entendía ni papa. Sin embargo, de todas aquellas explicaciones me quedó para siempre una admiración hacia esa ciencia que sin duda ha contribuido más que ninguna otra al desarrollo del pensamiento abstracto de la humanidad... perdón, acabo de cometer un pleonasmo. Si uno sigue la pista a todo lo que se cabiló a lo largo de los milenios sobre lo que se ve en el cielo para llegar a las conclusiones que hoy imperan y que parecen ya definitivas, queda maravillado. ¿Cómo puede ser que sea la Tierra la que gira alrededor del Sol? Parece algo contra toda evidencia. Vemos a diario cómo es el Sol el que nace y se pone. Y así un millón de cuestiones que han necesitado, primero de mediciones exactas y, después, de mentes brillantes para interpretarlas. 

Anyway, me pregunto por qué será que en las escuelas en general no se hace ningún hincapié especial en la contemplación del cielo y en el desentrañamiento de sus secretos. Me parece una herramienta como no hay otra para el desarrollo del pensamiento abstracto. Pensar con múltiples variables y hacerlas encajar unas en otras de algún modo. La luna con sus fases, por poner un ejemplo de lo más sencillo.¿cuántos escolares sabrían decirte algo a propósito de eso? 

Y luego, pasa lo que pasa, que lees un artículo sobre lo que sea y te das cuenta de que a su autor o, por qué no, autora, nadie le enseñó a pensar. Leo hoy que a algunas mujeres se les desencadenan orgasmos por cualquier cosa: un frenazo súbito del autobús en el que van, un tropezón cuando van andando... vamos, que al cabo del día pueden orgasmar cien veces como el que no quiere la cosa. Y luego va la autora del reportaje y dice: las que sufren de este trastorno... me hago cruces, la verdad, ¿pero cómo se puede llamar a eso sufrimiento y trastorno? Ya digo, problemas de pensamiento abstracto. Por no haber aprendido a mirar al cielo. 

viernes, 4 de enero de 2019

Cartelera renovada

Vuelven las gabardinas y trincheras Abascal. Contra el frío, el viento y temporal. La canción publicitaria sonaba cada dos por tres en la radio y en la ciudad no se hablaba de otra cosa que del reloj que regalaban por la compra de una gabardina. Algo, desde luego, insólito, porque un reloj por aquel entonces era un signo de distinción donde les hubiese. El caso es que a mi hermano le compraron una de aquellas gabardinas y empezó a fardar de reloj. Pero no mucho: a los dos días ya le habíamos desmontado y vuelto a montar, aunque sobraron piezas y la precisión se fue al carajo. Bueno, la realidad es que a mí me pasaron, como era preceptivo, la gabardina vieja de mi hermano que, además de ser una mierda, estaba muy sobada. 

Por lo demás, en una de las cabeceras de mi pueblo, la de Cotornedo concretamente, vivían unos seres extraños a los que se conocía por el sobrenombre de los Rangos. Les aclaro que cabecera es como se llama a las partes altas de las colinas que rodean el valle en el que está el grueso del pueblo. Pues bien, los Rangos, entre los que abundaba la idiocia, se apellidaban Abascal Abascal Abascal... y así hasta el infinito. No se sabía cuantas familias eran ni quienes eran hermanos o primos. De hecho pasaban bastante desapercibidos porque no frecuentaban el pueblo más que lo indispensable. 

Yo diría que Abascal es un apellido de origen pasiego. Es decir del fondo de los valles santanderinos que en su día fueron deforestados para producir carbón vegetal para las siderurgias de Liérganes y La Cavada. Así fue como quedaron convertidos en praderas muy apropiadas para el negocio ganadero. De hecho, la población pasiega fue la primera experta del país en recría vacuna con fines lecheros. Por eso en toda España hay tantos Abascales y Samperios diseminados por doquier, porque dada su pericia con las vacas allí donde emigraban se hacían ricos produciendo y vendiendo leche. Todavía en los años sesenta, cuando era estudiante en Madrid, tenía localizadas unas cuantas vaquerías en pleno barrio de Salamanca. Pasabas por allí y olía igual que en mi pueblo, es decir, a mierda de vaca. 

Y ahora, ya ven, aparece en mitad de la escena política este Abascal que, a juzgar por la demonización a la que viene siendo sometido por los medios tradicionales, se diría que va a arrasar con todo. Yo, desde luego, no he conocido pasiego que no se salga con la suya en aquello que se propone. Son austeros y tenaces como ellos sólos y, desde luego, también ingeniosos. De hecho había alguna teoría por ahí que les achacaba origen judío. Se habrían refugiado en esos valles recónditos cuando lo de la expulsión de 1942. Y cosa curiosa, si se fijan, a este Abascal de marras los viñetistas le suelen representar con los típicos rasgos del judío usurero. El caso es dar leña al mono...

Bueno, ya veremos, pero en esta polémica que ha desatado estos días a propósito de lo que viene llamándose violencia de género tiene todos los visos de llevárselo de calle. Porque es que se lo están poniendo a huevo. Semejante mamarrachada, y no te digo ya cuando la adjetivan de machista, tiene ya hasta la coronilla a toda la inteligencia del país. Recuerda mucho a aquello de democracia orgánica de cuando lo de Franco. O sea, adjetivar sustantivos inadjetivables con el fin de llevar el agua a tu huerto. Una trampa infantil en la que, más a la corta que a la larga, queda atrapado el propio trampero. 

En fin, todo huele a renueve de la cartelera teatral. La verdad es que ya iba siendo hora.  

jueves, 3 de enero de 2019

Negro sobre blanco

De los periódicos:

"Cuando cumpla 40, mi carrera caerá en un agujero negro por ser mujer"

Lo dice una tal Michelle Jenner, para mí muy conocida en su casa a las horas de comer, aunque para el vulgo debe de ser otra cosa porque de lo contrario no protagonizaría semejante titular. ¡Je, je! La picarona muy consciente del valor de sus cositas de hacer cochinadas. Bueno, no tengo ni idea de quién es, pero creo acertar si digo que, desde luego, no debe ser una destacada neurobióloga, o cosa por el estilo, porque entonces, de los cuarenta para alante le llegaría la plenitud. Pero, ¿quién va a reconocer en este mundo socialdemócrata que no es lo mismo el culo que el cerebro?  

Claro, al final, con todas estas patochadas que nos quieren imponer desde las instituciones los que salen ganando son los que saben diferenciar, ya digo, el culo del cerebro. O sea, los de VOX. Los muy ladinos les han dicho a los socialdemócratas camuflados de conservadores y liberales que arrieros somos y en el camino nos encontraremos. Así que para trincar el poder no les va a quedar más remedio a las "derechas de siempre" que reconocer con humildad que el culo es cosa de jóvenes y el cerebro de viejos. Porque mira que hay que ser tonto para tratar de desvirtuar ese pacto que tenemos firmado con la biología desde que el mundo es mundo. 

Y es que hay que ser muy zoquete para querer cambiar el curso del Amazonas. Los que lo pretenden sostienen que así terminarán con las crecidas intempestivas. Como si el problema no estuviese en las lluvias torrenciales que se producen en sus múltiples cabeceras. Por algún lado van a tener que desaguar y lo único razonable es no construir en las zonas anegables. Está en la propia naturaleza de las cosas que tire más pelo de coño que soga de marinero y, sí, a base de civilización podemos camuflar esa evidencia tras un velo de pudor, pero, ¡ojo!, porque los velos se rasgan a nada que arrecie el viento. Y si no eres consciente de ello atente a las consecuencias. Es, en definitiva, el peligroso juego que es el auténtico vivir. ¡Je, je! ¿Qué sabrá la señora Jenner de agujeros negros? Ya le explicaría yo que por contra de lo que piensa lo que le va a pasar a partir de los cuarenta es que se va a ir apagando la poderosa fuerza de atracción del agujero negro que tiene ahora entre las piernas. Porque eso es un agujero negro, fuerza de atracción que no deja escapar ni a la luz. Que por eso se dice negro. Negro sobre blanco.   

miércoles, 2 de enero de 2019

Cowboys

En estas inabarcables jornadas navideñas en las que los vecinos no dejan de dar el tostón hasta bien entrada la madrugada, si se vive sólo, hay que ingeniárselas para no sucumbir al lado oscuro de la soledad... las ganas de asesinar... empezando por uno mismo. Pero, en fin, pelillos a la mar, que dura poco y, además, pasan sin cesar películas del oeste por la tele. De las protagonizadas por John Wayne que son de las más auténticas. Tengo que confesar que me las sé casi todas de memoria, pero da igual, son tan ricas en significados que cuando las vuelves a ver te pasa como a los judíos cuando leen versículos de la biblia que siempre les abren nuevas perspectivas de la vida en consonancia con el estado de ánimo que al presente les señorea. Es la fertilidad de la tierra sagrada, que da tantas cosechas como veces cavas en ella. 

Pues el caso es que la otra tarde vi una en la que John Wayne hace de ganadero en apuros. Tiene que llevar su ganado para venderlo a una ciudad que está a cuatrocientas millas, pero no encuentra cowboys para la tarea porque se han ido todos a unas minas de oro que han aparecido en la región. Así es que, ante la desesperación, echa mano de la única tabla de salvación a la vista por muy dudosa que sea. Contrata a los niños de la escuela, de doce a diez y seis años. Y ahí se inicia un proceso de maduración de la especie que no tiene desperdicio. ¡Dios, ve eso un socialdemócrata y le estalla la cabeza en mil pedazos! 

El duro aprendizaje de la vida que incluye enfrentarse al mal en todo su esplendor. O le matas o te somete. No en vano no hay un sólo perro en toda la película. Porque es un ejemplo pésimo. La sumisión a lo que sea es como morir en vida. Al respecto hay un momento muy significativo en la película en el que Wayne le cura la tartamudez a uno de los niños por el expeditivo método de ridiculizarle por su defecto. Bueno, ni que decir tiene que semejante terapia sería hoy día motivo sin paliativos de destitución de por vida para el terapeuta. Con los preceptivos años de cárcel por supuesto. Pero el caso es que el niño se cura, y eso es lo que cuenta. Lo mismo que cuenta que cuando los niños ven morir al maestro a manos del mal tomen la determinación de vengarle y se pongan a matar sin piedad. La escena final, después de la escabechina, es el homenaje al maestro. Matar, desde luego, no parece que les haya deshumanizado sino todo lo contrario: les ha hecho libres que es el colmo de la humanidad. 

En resumidas cuentas, que muy oportuna la emisión de esa película en estos tiempos en los que como sostiene Houellebecq la medida de la auténtica calidad moral la da el sometimiento disfrazado de fidelidad de los perros.     

martes, 1 de enero de 2019

Tren de laminación

El otro día leí un titular en el que se afirmaba que los fascistas no son los de VOX sino los nacionalistas vascos y catalanes. Por lo visto lo había dicho un tal Ignacio Gómez de Liaño, profesor universitario, reputado ensayista y unas cuantas cosas más. Bueno, menos mal, pensé, no soy el único que ve las cosas de tal manera. Por más evidentes que sean, pero, ya saben, también el rey iba desnudo y nadie quería verlo. Y si lo veían, que es lo más probable, callaban porque pensaban que así les iría mejor. 

Lo del sentimiento supremacista de los vascos es algo que conozco a la perfección desde mis tiempos de estudiante en Valladolid. No paraban de hacer chistes a propósito de lo chaparrudos que eran los castellanos y lo arrugado que tenían el cogote. Los solían llamar suecos para exacerbar el menosprecio. Me solían invitar, por mis apellidos, a salir a cantar por la noche de Santa Águeda, pero yo, ya por entonces, y sin haber leído Hamlet, pasaba de las tradiciones como de la peste. Ya te digo, tradicionalista, ¿qué puede haber más retrógrado? Luego, me fui a continuar mis estudios a Madrid y les perdí de vista. Y sí, también en Madrid conocí a algún vasco, pero de los sin pelo de la dehesa. Habían estudiado en el colegio Estudio y me los encontraba siempre por los conciertos, los teatros y así, en aquel Madrid franquista en el que, desde luego, no nos moríamos de asco ni mucho menos. 

Catalanes, también tuve algún amigo cuando empecé a trabajar por los hospitales. Buena gente y, por demás, moderna. De vez en cuando, como para hacer gracia, soltaban frases en catalán de las que ignorábamos su más profundo sentido. Som i serem, somos y seremos, una patochada a primera vista, que me costó años comprender, ya viviendo en Cataluña, que era una consigna de enganche al estilo del heil hitler de los nazis alemanes. Sin duda, algo infiltrado en las más recónditas fibras del ser por el persistente adoctrinamiento desde la cuna. Som i serem mejores, mucho mejores, que el resto de los españoles y no hay más que hablar. 

Yo lo siento, pero nadie va a conseguir convencerme de que este cáncer vasco-catalán vaya a tener remedio, así, por las buenas, a base de la famosa conllevancia y los paños calientes. Esa enfermedad del supremacisma está archidescrita en los textos, tanto en sus síntomas como en su único tratamiento. El paciente alemán hizo de cobaya al respecto. Sólo cuando se les pasó por el tren de laminación abandonaron sus ridículas veleidades. Después, y sólo después de tener absolutamente garantizado su sometimiento sin reservas se fue generoso con ellos y se les ayudó a sacar lo mejor de sí mismos. Y ahí siguen, haciendo lo que mejor saben hacer y sin dar el coñazo por sus innegables logros. 

Pues sí, eso pienso y, a estas alturas de la fiesta, sera difícil convencerme de otra cosa. El insoportable asunto vasco-catalán no tiene más solución que su pasada por el tren de laminación. Que queden más planchados que la camisa de un señorito cuando sale de conquista. No hay otra para curar la imbecilidad.