lunes, 14 de enero de 2019

Perro gorilero

Oí decir a Borges en una entrevista que la democracia funciona en donde funcionaría cualquier otro tipo de régimen político. El corolario a tal aseveración podría ser que da igual so que arre con tal de que el bienestar llegue al mayor número posible de personas, que eso, supongo, es a lo que Borges se refería cuando decía funcionar. Claro que aquel Borges que yo escuché era ya muy viejo, lo cual, unido a su reconocida sabiduría de largo recorrido, por fuerza tendría que dar el convencimiento de que es muy poco lo que puedes esperar de lo que viene de afuera de ti. El bienestar es sobre todo y ante todo una cuestión espiritual de conformidad con uno mismo. Por lo que has hecho y por lo que haces. 

Y ahí reside, pienso, todo el intríngulis de la vida, en el grado de conformidad con uno mismo, algo tremendamente difícil de evaluar porque habría que cavar muy hondo en la conciencia y ser capaz de llegar al subconsciente para extraer alguna pepita orientativa. Así es que un día levantamos la cabeza ufanos y al siguiente la doblegamos humillados. Casi siempre equivocados, en definitiva, por no ser capaces de atenernos a los hechos: lo que hicistes y lo que haces. 

Sí, es muy curiosa esa dificultad que tenemos los humanos para atenernos a los hechos cuando nos desmienten. Entonces preferimos la mentira que, sabido es que, repetida tres veces toma la apariencia de verdad y a vivir que son dos días. Sin embargo, no cabe hacerse ilusiones porque el inconsciente sigue haciendo su trabajo. Y la apariencia de verdad nunca consigue engañarle. Como decía un compañero de colegio es como un perro gorilero que te tiene cogido por los cojones. A nada que te pones  a contemplar la extensión de los mares empiezas a notar como aprieta sus mandíbulas. Algo, entonces, te incita salir pitando a la búsqueda de consuelos... es decir, todos esos crecepelos que venden por doquier los charlatanes. 

En definitiva, allá cada cual con cómo se lo monta para despistar a sus fantasmas, pero a Borges, más por viejo que por sabio supongo, no le engañaban con mandangas: el tipo de régimen político, en funcionando, le daba igual uno que otro. O sea que, por ese lado, no corría a buscar consuelos. Yo, la verdad, de sabio nada, todo por viejo, pienso al respecto exactamente igual: mi bienestar depende al cien por cien de mí; de que sea capaz de redimir con mis hechos del presente las malas vibraciones que todavía me llegan de los atolondramientos del pasado. ¡Ay, fui tan necio!

2 comentarios:

  1. querido Pedro,el pensar que fuimos necios -y lo fuimos-lustra nuestra experiencia.Aprendemos mucho.Y eso es bueno.El que no piensa que fué necio,muchos hay.sólo afirma la estupidez del ser hunmano

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    1. Sí, desde luego, reconocer lo necio que fuiste y no derrumbarte ya es algo.

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