Lo de la Cámara de los Comunes del Parlamento Británico tiene perendengues. Si me apuran les diría que en lo único que se diferencia de la Plaza Cañadío o la calle Peña Herbosa en una noche de fin de semana es en que cuando todos se van no queda aquello lleno de mierda. Entran, salen, merodean, hablan, gritan y si no fuese por uno que hay en un extremo elevado y al que llaman speaker cuando en realidad debieran llamar Estentor aquello se les iría de las manos. Sin duda es una liturgia muy particular que les diferencia del resto del mundo. Y es que hay que tener en cuenta que se trata de los Comunes, es decir, el populacho y conviene que se note. Por lo demás, lo de ayer, al estar cantado el resultado careció del glamour habitual. Pero es que, además, se da la circunstancia de que los dos partidos mayoritarios tienen en la actualidad los dos líderes más gloomy desde Cromwell para acá: la hija de un clérigo y un izquierdista resentido -perdón por el pleonasmo-. En resumidas cuentas, que a los dos les falta el fino sentido del humor que es la marca de la casa y el orgullo de la nación y les sobra trascendencia que es el signo por antonomasia de que la excelencia ha sido sustituida por la mediocridad. Y de ahí, supongo, el berenjenal en que andan metidos.
Y es que las cosas no son tan sencillas como tras un primer calentón sentimental pudiera parecer. Esto lo resuelvo yo por mis cojones. Pues va a ser que no. Resulta que descomponer las cosas sin romperlas lleva por lo menos tanto tiempo como el que llevó el componerlas. Todos esos tratados trabajosamente elaborados que en la actualidad nos unen son como los gluones que mantienen unidos a los kuarks, por decirlo en plan oír campanadas que no se sabe donde suenan. Interacciones fuertes que también le dicen y que, vencerlas, es lo que conocemos como explosión atómica. Muy complicado en definitiva para mentes que, si alguna vez lo tuvieron, en la actualidad demuestran carecer del menor atisbo de sentido del humor.
Y ahí vamos, tomando conciencia de la verdadera naturaleza de las cosas: políticos y leyes en Bruselas; políticos y leyes en Madrid; políticos y leyes en la Comunidad autónoma; políticos y leyes en el Municipio... y ya, para rematar, en la comunidad de vecinos. Sencillamente insoportable. Y tremendamente difícil meter la marcha atrás. Pero hay que meterla. No queda más remedio. ¡Viva el Brexit, manque pierda!
una hija de clérigo tenemos también en estas tierras de infieles,y aunque tengo a mi mejor amigo aquí(por cierto mi dentista) pegando todas las madrugadas carteles con eso de "Merkel muss raus",es decir ,"vete ya",la verdad es que no me cae tan mal la tetona Hamburguesa.Por cierto ,veo con agrado que te estás convirtiendo en el rey del pleonasmo..
ResponderEliminarPues sí, los hijos de curas a seguir la estela de sus padres intentando salvarnos de asechanzas del malvado. Les va ni que pintado el oficio.
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