Como he andado un poco pachucho y no me podía concentrar en cosa de sustancia he dedicado estos días a seguir lo del Brexit por Sky News. Después he leído algunos artículos en los periódicos nacionales sobre el particular y me ha parecido que no atinan. En especial el de mi querido Arcadi Espada. Creo que este hombre está sobrepasado por su condición de meteco catalán y eso le incapacita para darse cuenta de que la gente no siempre se quiere ir de donde está por las mismas causas. Comparar a un inglés con un vasco o catalán es un disparate supino. Yo diría que son la antítesis. Vasco y catalán vienen demostrando a lo largo de la historia que están especialmente dotados para el rebaño e ingleses, por contra, para el Lonely are the Brave, o sea, un sentido de la libertad individual que roza lo patológico. No, yo no creo para nada que los ingleses se quieran ir de Europa por las mismas razones que vascos y catalanes se quieren ir de España.
Personalmente soy ferviente defensor del proyecto europeo, pero, sin embargo, como diría Gracián, tengo mis perinquinosos peros. Mi impresión predominante de profano en el asunto es que la progresiva extensión de las instituciones europeas no ha sido compensada en absoluto, por la correspondiente mengua de las instituciones regionales. Más bien ha sido todo lo contrario: a más Bruselas, más Madrid, más Valladolid, más Zamora, más Villalpando... la red clientelar de políticos llega, como apuntara una vez Boadella a propósito del pujolismo, hasta los mismísimos dormitorios de nuestros hogares. Cualquier mentalidad medianamente sana siente cierto grado de asfixia por esa realidad omnipresente. Así es que, a la postre, lo que hay es una especie de sovietización de la vida en el sentido de que esos políticos, dado que los funcionarios se encargan de que todo funcione, no tienen otra misión que la de hacer de comisarios, es decir, controlar nuestros pensamientos.
No sé, pero para empezar me parece que sería enormemente interesante que los ciudadanos tuviésemos las cifras exactas del número de gente que vive de la política. Y sobre todo del dinero que nos cuesta, porque esa gente se asigna a sí mismo unos sueldos por lo general cojonudos, por decirlo llanamente. Y luego, para redondear la información, tendríamos que saber con cierta aproximación cuál es el nivel de los curriculums académicos de toda esa ingente masa. Porque, ¡madre mía, cómo está el patio!, diez años para una licenciatura de derecho y a presidir una comunidad autónoma.
No, francamente, no creo que el de los británicos sea un problema de supremacismo a la vasca o catalana. Ni mucho menos. Lo que me parece es que perciben en la Unión Europea un problema de falta de pragmatismo insoportable. Y eso, pienso, es lo que tendríamos que reconsiderar el resto de los europeos, el cómo hacer, no más efectiva, sino menos opresiva la Unión. Eliminar unos cuantos cientos de miles de políticos de entrada y suprimir un porcentaje significativo de regulaciones. Al fin y al cabo, somos ciudadanos maduros y sabemos ser responsables de nuestras decisiones. También cuando nos equivocamos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario