miércoles, 9 de enero de 2019
A desfilar.
Del blog de Arcadi Espada. Dice que un lector suyo se lo envió:
Corazón y cerebro
Los tuve pero la vejez me los quitó.
Ahora en vida y política veo malo todo lo correcto.
Y apoyo a impresentables como Trump y Bolsonaro.
A ellos no me une el amor sino el espanto.
Me parece un resumen impecable del estado de las cosas. Trump, Bolsonaro, cirujanos de los de a vida o muerte. Son la última esperanza ante el espanto de lo socialmente correcto. Sí, claro, amamos como nadie a los animales -los de Ciudadanos, esos regeneradores, incluso propusieron en el Parlamento asignar a los perros la condición de personas-;protegemos a nuestros niños de cualquier frustración no vaya a ser que no nos salgan mariquitas; damos a nuestras señoras la condición de víctimas por la gozosa realidad de que tengan entre las piernas una raja que nos vuelve locos a los hombres... bueno, a los que van quedando. Son las consecuencias nefastas de llevar décadas viviendo sometidos a la fantasía socialdemócrata. O sea, fuera de la realidad de un mundo cuya única metáfora válida son los documentales sobre la vida en el Serengueti. Sí, señores y señoras, esto no se va a arreglar hasta que no empecemos de nuevo a comernos a los perros, a los gatos y a todo tipo de mascotas. Y hasta que no pongamos a nuestros niños a desfilar a toque de corneta. Y hasta que las señoras no comprendan que el uso de sus armas también tiene un precio a pagar -porque las armas no son eternas-. Y hasta que los políticos de toda laya y condición no dejen de pasarse el día organizando festejos para que la gente vaya a los bares a emborracharse que es la mejor manera de que deje de pensar.
Este odio al sacrificio y el mérito que se inculca en las escuelas públicas. Aquí hemos venido a disfrutar, les dicen. Los chinos, los indios y demás de por donde sale el sol, no existen. En definitiva, nada de lo que preocuparse porque somos los preferidos de los dioses. Por el sólo hecho de haber nacido en occidente ya tocamos el cielo con las manos. Y todo nos lo merecemos. Y entre tanto la ciudad, cada vez es más amarilla.
Sí, ese es el corolario, que de tanto vivir en las nubes -somiar truites, dicen los catalanes- al despertar lo amarillo estaba allí. Ni democracia ni leches, a desfilar todo el mundo.
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esto ,querido amigo,ya no tiene remedio.Antes lo arreglaban con un par de hostias,con alguna guerra y tal.Ahora está tn deformada la realidad que va a ser bastante deficil enderezar el entuerto.Mi única esperanza es que lleguen algunos extraterrestres que no vengan en son de paz y la líen gorda,nos dejen atodos en panhales y tengamos que empezar de nuevo,como en una película de esas de Charlon Heston
ResponderEliminarSi, la verdad es que esto cada vez sre paremas a cosa de simios.
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