Éste era un libro que circulaba entre los estudiantes de Salamanca con profusión, dado lo cual, nada tiene de extraño que acabase cayendo en mis manos dado que andaba por allí en plan paseante en corte. El título lo dice todo, esperas cualquier cosa menos lo que acaba pasando. O no tanto, porque dado el desvarío que se ha ido creando a lo largo del relato cualquier cosa es posible. Sea como sea, como orientación, les diré que Hitchcock llevó a la pequeña pantalla estos relatos.
El caso es que estos días me acuerdo mucho de todo ese unexpected mundo creado por Roald Dahl con motivo de que paso largos ratos viendo Sky News en donde, se diría, están dedicados en cuerpo y alma a mantenernos en vilo con motivo de acercarse el desenlace final del brexit sin que ello suponga que haya posibilidades que han quedado ya descartadas. Es un final abierto desde la nada al infinito. Así que, señoras y señores, permanezcan atentos a la pantalla.
Bueno, en realidad, si bien lo pensamos, todo lo que tiene que ver con la política es a completely unexpected tale del que la única conclusión que al final siempre se saca es que hay demasiada gente viviendo como dios del invento de la tensión permanente. Y si baja la tensión, y perdonen la crudeza, se tira a un niño Julen al pozo para subirla de nuevo y mantenerla hasta que aparezca en el horizonte otro alarde de la nada con aires de maldito embrollo.
Al final, convénzanse, todo se reduce a lo de siempre, a ir al teatro para distraer el tedio. Hasta que, claro, tan distraídos como estábamos, se suben al escenario unos verdaderos asesinos como los hermanos Castro, o los Chávez, o los Iglesias, y cuando despertamos no es el dinosaurio el que estaba allí sino miles de muertos de hambre llamando a tu puerta. Y entonces resulta que de unexpected nada de nada; lo que ha pasado entonces es que has andado haciendo el melón y te la han colado por la escuadra. ¡Pues claro, hijo, no hay que dormirse en los laureles!

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